El parque de La Llera en Arriondas

Fue La Llera una extensa finca situada entre el río Sella y un camino cerrado por un matorral que llegaba hasta muy cerca del barrio de La Sala. La Llera estaba cruzada por una pequeña riega que recogía las aguas que bajaban de Cañanes y estaba poblada por grandes árboles como castaños, álamos y nogales. Buena parte de esta finca se la fue 'comiendo' el río al no haber muro de contención que evitase las avenidas del mismo. En las inmediaciones de la que llamaban la 'Rieguina' había un enorme castaño que sobresalía por encima de los demás árboles y -a su sombra- se trataban a diario las cuestiones que hoy se despachan con instantáneos 'WhatsApps', y es que el tiempo discurría con calma, sin los agobios que hoy nos hemos creado.

De cuando en vez surgía alguna discusión entre aquellos rapaces un poco asilvestrados -como en todas partes- que dirimían sus asuntos personales a puñetazos, o que pasaban sus horas libres entre bromas y chanzas.

El alcalde -don José Aquilino Pando- compró en 1926 para el ayuntamiento esa finca con la intención de que un día se dedicase a parque público. Tuvieron que pasar 42 años más para que eso ocurriese, ya en 1968.

No fue cosa fácil adquirir esa extensa finca a la Condesa de Revillagigedo, que se resistía a deshacerse de ella, de modo que hubo que negociar con su yerno, don Manuel Argüelles, que había sido ministro de Hacienda y Fomento durante el reinado de Alfonso XIII y -nuevamente ministro de Hacienda- en la dictadura de Primo de Rivera. Argumentando que la finca se dedicaría a parque público y -con los buenos oficios de su yerno- la condesa se avino a la venta y ésta fue concertada en 4.000 pesetas, imponiendo la condición de que se consignase en la escritura que nunca se le podría dar otro destino que el indicado, tal como consta en los libros de actas del Ayuntamiento parragués correspondientes a 1925 y 1926.

Gracias a esta limitación se impidió que en 1955 se construyesen en La Llera las 48 viviendas del barrio que seguimos llamando 'Tocoti', tal como alguien pretendió hacer. Esa ya es otra historia enmarcada en el mandato del alcalde J. M. Ruiz Portilla, el cual -con gran acierto- compró la finca de El Barco a pesar de las duras críticas que soportó en aquel momento, pero el tiempo vino a darle la razón.

Con La Llera y El Barco en propiedad del Consistorio, aquellos vecinos de la villa de Arriondas ya podían moverse a sus anchas sin tener que esquivar continuas alambradas de fincas particulares. Los avatares sufridos por el parque de La Llera desde los años 70 del siglo pasado hasta ahora no han sido precisamente un dechado de aciertos. Entre los proyectos de quienes van por la vida de modernos colocando asfalto donde había césped, cuatro años de indecentes traviesas recicladas de las propias vías del ferrocarril para sustituir parterres florales, o donde la preferencia por los suelos de hormigón y piedra vista hieren hasta la sensibilidad del menos preocupado por estos asuntos, el parque de La Llera no vive sus mejores años a pesar del dinero que se invirtió en él sin orden ni concierto, rematando los errores una siniestra pasarela que le une al parque de La Concordia al que, a su vez, le siguen faltando más árboles de sombra para el deleite y esparcimiento estival de vecinos y visitantes.

Con el alcalde don Venancio Prado -entre 1967 y 1971- el parque de La Llera se hizo realidad y Arriondas experimentó un notable cambio, pues al año siguiente se derribó el antiguo muro de la iglesia para hacer la acera correspondiente; se creó el acceso que conocemos al templo -tanto la rampa como la doble escalinata-; se inauguró el Instituto el 18 de octubre de 1968; se completó la calle desde Ramón del Valle a la que era la Panificadora y hoy zona de discotecas; salió a subasta el servicio de recogida de basuras de la villa y se construyeron multitud de caminos vecinales en el concejo. Asimismo, se dotó a muchos pueblos de abastecimiento de agua y la Central Eléctrica de Coviella -que suministraba energía a 1.030 usuarios- fue muy mejorada con un transformador de gran potencia, para lo que la Diputación Provincial aportó el 55% de su valor y el resto los usuarios de los pueblos que eran atendidos (la mayor de la veces desatendidos) por dicha Central. De eso supieron mucho los abonados de Coviella, Margolles, Arobes, Ozanes, Prunales, Fíos, Huexes, Pendás.etc. Hasta que la red de Coviella no quedó enlazada con la de Ercoa pasaron años y sólo gracias a don Venancio Prado y a sus colaboradores el hecho no se consumó.

Esta Central Eléctrica había nacido en 1900 de la mano de la llamada Sociedad Eléctrica Parraguesa, mediante un capital inicial conformado por 200 acciones de 50 pesetas cada una. La hoy desparecida presa del El Lladuengu se construyó tres años antes -en 1897- para hacer realidad esta Central y el molino que la misma albergaba. Hasta ese momento y en ese lugar una barca trasladaba a los vecinos del Terrón a sus domicilios y fincas, lo mismo que a los que en tiempos pretéritos acudían a la capilla de San Juan que dio el nombre de Santianes (Sanctus Joannes=San Juan) al lugar.