Ocho apellidos para volver al cine

La comedia de Emilio Martínez-Lázaro, que enfrenta a Norte y Sur, triunfa en taquilla

Ó. CUERVOGIJÓN.
Ocho apellidos para volver al cine

De la manzanilla al kalimotxo. Del peinado a lo pijín a las greñas abertzales. 'Ocho apellidos vascos', la comedia de Emilio Martínez-Lázaro, demuestra que los polos opuestos (casi) siempre se terminan atrayendo. No hay una razón para explicar por qué la nueva cinta del director madrileño (que ya había triunfado con 'El otro lado de la cama', aunque sin alcanzar unas cifras tan espectaculares como las de este último trabajo) está llenando de público las salas españolas. Más allá de la Fiesta del Cine, que tuvo lugar entre el lunes y miércoles de la semana pasada, parece ser que los espectadores han vuelto a acordarse del séptimo arte español, criticado (muchas veces sin demasiado fundamento, otras quizá no tanto) hasta la saciedad.

'Ocho apellidos vascos' cuenta la historia de un joven andaluz (Dani Rovira), prototipo de señorito que jamás ha salido de su Sevilla natal, que se enamora de una vasca (Clara Lago) que, desde el primer momento, le deja bien claro que nada tiene que hacer con ella. Dolido en su orgullo, decide hacer las maletas y poner rumbo a 'las Vascongadas', donde se hace pasar por vasco para conquistarla.

Desde ese momento, cuentan quienes han visto la que muchos consideran ya «la mejor comedia española en años», comienza un baile de desternillantes tópicos y enfrentamientos que dejan patentes las diferencias existentes entre andaluces y vascos, entre el Norte y el Sur. Diferencias, eso sí, conciliadoras, de las que invitan a reírse de uno mismo sin miramientos.

Cuestionados por la fórmula del éxito utilizada por Martínez-Lázaro, los espectadores que han visto la película en Gijón aseguran que la clave es la gracia con la que se cuenta esta peculiar historia de amor. «Tiene unos diálogos geniales», señaló Mar Fernández, para quien 'Ocho apellidos vascos' es una cinta «muy graciosa y entretenida». También Dani Rovira, quien encarna al sevillano amante del fino, la gomina y el Real Betis que se traslada a País Vasco en busca de su amada, tiene mucho que ver. «Está genial», agregó Merche González.

Pese a los recurrentes tópicos en los que cae la película -basta ver los ocho apellidos vascos a los que alude el director: Arguiñano, Igartiburu, Erentxun, Gabilondo, Urdangarín, Otegi, Zubizarreta y Clemente-, ninguno de ellos resulta al final aburrido. «Se ve el contraste que hay entre Norte y Sur de forma muy graciosa», explicó Laura Navarro. La fórmula del éxito parece, al final, bastante clara. No hay nada mejor que reírse de uno mismo.