El 70% de las personas que inician el tratamiento en Proyecto Hombre finalizan con éxito el programa

Los pacientes son policonsumidores, enganchados a la cocaína, la heroína y el alcohol

CAROLINA GARCÍAOVIEDO.
Luis Manuel Flórez. ::                             AM. ROJAS/
Luis Manuel Flórez. :: AM. ROJAS

La decisión de dejar atrás la droga y comenzar una vida 'limpio' es un proceso largo en el que más de uno se queda en el camino. Por suerte para los profesionales y voluntarios que trabajan en la prevención y tratamiento del consumo de alcohol y estupefacientes el número de los que abandonan está muy por debajo de los que consiguen salir de ese mundo. En torno al 70 % de los que ingresan en Proyecto Hombre para deshabituarse de las drogas finaliza con éxito el programa.

La fundación recibió 209 ingresos, atendió a 261 de personas con problemas de droga y trabajó con 70 familias codo con codo para evitar que menores que empiezan a tontear o padecen otros problemas acaben metidos de lleno en el consumo. Los datos corresponden al último año y pertenecen a los programas que Proyecto Hombre desarrolla desde hace años en sus centros en Oviedo: El Postigo, Campo de los Patos y Priorio.

En el centro del Postigo llevan a cabo tres programas: tratamiento de metadona, acogimiento a los pacientes que carecen de un soporte social o familiar e inserción social con los que finalizan el tratamiento. Y en el local de Campo de los Patos, funciona desde 2005 el programa Reciella para menores, jóvenes y familias. El trabajo de los voluntarios que colaboran con la fundación resulta fundamental en ambos centros.

En el local del Postigo atienden a pacientes que siguen tratamiento con metadona. Trabajan dos planes: el ambulatorio, en el que acuden cada día al centro para participar en las actividades y el residencial, donde pasan las 24 horas en el centro. Salen para buscar trabajo, ir al juzgado o acudir al médico y lo hacen siempre acompañados de un voluntario. La mayoría viven en el local del Postigo. El año pasado atendieron a 24 personas (18 hombres y 6 mujeres). Algunos ya habían ingresado el año anterior. La estancia depende de cada caso, pero habitualmente no supera el año. Los que se quedan lo hacen porque tienen más dificultades de apoyo social o familiar a la hora.

Éxito terapéutico

Ya sea ambulatorio o residencial una decena de pacientes recibieron el alta terapéutica. Y, como ocurre en todos los programas, también hay expulsiones, pero se trata de casos puntuales. Lo explica el presidente de Proyecto Hombre de Asturias, Luis Manuel Flórez, 'Floro', que aclara que un acta de expulsión es puntual tras un episodio de violencia o por introducir droga. «Significa una ruptura en el contrato y no quiere decir que no pueda volver al centro en algún otro momento siempre que se detecte un cambio en lo que motivó su expulsión».

Hay otro perfil que durante un corto espacio de tiempo necesita un lugar donde vivir y quiere desengancharse. El programa de Apoyo y Acogimiento les facilita ese hogar. Se quedan durante un mes o mes y medio mientras evalúan la situación y preparan su derivación a un tratamiento. Solucionada esa carencia regresan a su entorno. La mayoría llega con problemas con cocaína y alcohol. Y, como ocurre en todos los programas, hay más hombres (78) que mujeres (22). En líneas generales el 80% de los pacientes atendidos en Proyecto Hombre son varones.

La situación en la calle ha cambiado y eso repercute en los consumidores. Si en los 80 y 90 la mayoría eran heroinómanos y la cocaína era cosa de fiestas y ambientes de gente con poder adquisitivo, hoy en día apenas quedan consumidores de heroína. «Está muy a la baja por varias razones. Es un colectivo muy machacado, muchos han fallecido o padecen el VIH y se ha visto diezmado». Pero no todo son malas noticias. Los hay que consiguen salir del agujero. «En Asturias ya hemos alcanzado 2.000 altas terapéuticas», apunta Floro. Ahora la mayoría son policonsumidores (enganchados a la cocaína, el alcohol y la heroína) y menos a las pastillas.

Sí que hay un nuevo perfil, que se deja ver en todo el país y aquí también. Son personas que se enganchan a los hipnosedantes, tranquilizantes que se obtienen con receta médica pero que pueden generar adicción y «transforman su uso sanitario en un problema». Según explica el presidente de la fundación se refleja en las encuestas del Plan Nacional de Drogas (se trata de los estudios Edades y Estudes) donde lo han detectado y han visto que afecta principalmente a mujeres.

Y aunque el camino no es fácil, el esfuerzo recibe recompensa y es entonces cuando entra en juego el programa de Inserción Social que da un empujón a los que se han rehabilitado y necesitan una guía para encontrar empleo e integrarse en la sociedad. El año pasado participaron 27 personas (entre ingresos y atenciones). Cinco de ellas acabaron ese mismo año y cuentan con un plan de futuro.

Para llevar a cabo toda esta labor, la fundación (no es un centro lucrativo), «que trata de aunar voluntades para ayudar a las personas con problemas de droga y a sus familias», recibe apoyo de diversas entidades de la región. En el local del Postigo cuentan con aportación económica del Ayuntamiento, la Consejería de Sanidad y Bienestar Social y Vivienda, así como de la Obra Social de Cajastur.

Y el programa Reciella (se centra en menores y jóvenes) nace de la colaboración de Sanidad, Bienestar Social y Vivienda tiene como sede el Campo de los Patos, un edificio cedido por el Consistorio y antiguo laboratorio de la leche de la ciudad, que les permite desarrollar el plan. Antes, explica Floro, contaba con la colaboración económica de la que fue Consejería de Justicia, hoy dirección general.