Un homenaje para sus verdugos

Se han recogido más de 20.000 firmas para que el Ayuntamiento frene la muestra, que repasa las glorias del regimiento América 66 pero obvia este sangriento capítulo

MIGUEL ROJOGIJÓN.
Un homenaje para sus verdugos

Cierto es que los sucesos que tuvieron lugar en Valdediós en octubre de 1937 no tienen que ser lo único por lo que se recuerde en la Historia al Regimiento América 66 -'el benemérito de la Patria'-, por aquel entonces encuadrado en las llamadas Brigadas Navarras que, al servicio del bando nacional, lograron imponerse a los republicanos que defendían Asturias. Acciones aquellas que les valieron dos Cruces Laureadas de San Fernando y ocho Medallas Militares colectivas, pero en las que no faltaron momentos plagados de inquietantes sombras. El Ayuntamiento de Pamplona, donde tienen su acuartelamiento desde 1876, aprobó ceder una sala en la Ciudadela de la capital navarra para celebrar una exposición homenaje con motivo de su 250 cumpleaños. Lleva por título '1764-2014. Historia de 250 años de servicio a España', y repasa los méritos del regimiento desde su formación hasta la actualidad. Desde sus primeras acciones en Veracruz, al otro lado del Atlántico, hasta su trabajo de vigilancia en la frontera francesa en las últimas décadas, dentro de la lucha antiterrorista, pasando por diferentes acciones durante las guerras carlistas, la Segunda República y la guerra civil española.

Nada se cuenta en la exposición, sin embargo, de los que, con el tiempo, se acabaron conociendo como los 'sucesos de Valdediós'. Al monasterio de Villaviciosa -ahora huérfano de monjes- se habían trasladado en octubre de 1936 desde Oviedo tanto el personal como los internos del hospital psiquiátrico de La Cadellada, al haber quedado situado éste en plena línea del frente, en la batalla por la capital asturiana.

Explican los historiadores asturianos Pablo Alonso y Amaya Caunedo que está perfectamente documentado que el IV Batallón de Montaña Arapiles Nº7, en tonces perteneciente a la VI Brigada Navarra y del que el actual América 66 es heredero, llegó al monasterio el 22 de octubre de 1937, justo un día después de que Gijón hubiese caído. El personal sanitario no pensaba que corriese peligro, pero sin embargo, «fueron fusilados, desapareciendo según los testimonios hasta 34 personas», comenta Pablo Alonso. En 2003 se exhumaron en el exterior del monasterio 17 cuerpos -de once mujeres y seis hombres-, aunque según el historiador «al parecer hay otra fosa cercana que aún no ha sido excavada», por lo que los muertos podrían ser muchos más. «Hay testimonios orales -aunque no hubo supervivientes de aquellos sucesos que lo puedan constatar- que aseguran que todo sucedió tras una fiesta en la que se sucedieron los abusos sexuales a las enfermeras», comenta Amaya Caunedo. No existen pruebas documentales al respecto, pero entre los vecinos de la zona la creencia es que las enfermeras fueron violadas y obligadas a cavar la que sería su propia tumba. Además, todo sucedió una vez acabados los combates en Asturias, por lo que no podría considerarse un acto de guerra.

Ante estas circunstancias, en Pamplona se han recogido más de 20.000 firmas para que se anule la actividad. La polémica está servida.

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