El icono que la ciudad no pudo tener

Hace un cuarto de siglo se fue al traste un primer intento de dotar de cierta belleza la deteriorada zona portuaria de la ciudad. El concurso de la Arteria del Puerto dejó de lado la idea de instalar una estructura emblemática

JESÚS GONZÁLEZAVILÉS
El icono que la ciudad no pudo tener

Hace 25 años, la ciudad se quedó sin el primer intento de transformar estéticamente el deteriorado entorno de la ría. La idea estaba aparejada a la construcción de la Arteria del Puerto y consistía en la instalación de un puente atirantado de acero y cierta singularidad en su diseño que pudiera «convertirse en uno de los símbolos emblemáticos» de una ciudad que por aquel entonces no andaba sobrada de ellos.

La idea había partido de la siderúrgica Ensidesa, y tenía como finalidad ser una especie de puerta de entrada a una ciudad «tan vinculada a la producción de acero», como recordaba la crónica de la decepción por el rechazo a la idea que firmó la periodista Esther Segovia en LA VOZ DE AVILÉS de hace exactamente mañana un cuarto de siglo.

Pero el entonces conocido como Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU), se desentendió de las ansias embellecedoras de la ciudad, no solo expresadas por Ensidesa y el Gobierno municipal de entonces, sino profusamente defendidas por LA VOZ desde que se lanzó la propuesta.

Las llamadas del entonces alcalde, el socialista Santiago Rodríguez Vega, al ministro Javier Sáenz de Cosculluela no sirvieron para que se rectificara la decisión definitiva: el puente sobre la ría sería finalmente la anodina estructura de hormigón que aún hoy desvía del centro de la ciudad al tráfico pesado que se dirige a la margen izquierda.

La cuestión es que la adjudicataria de la obra, Ferrovial, era una de las cuatro que no habían incluido en su oferta la construcción del puente de acero. Otras seis sí que aceptaban su inclusión en el proyecto de la arteria de la ría, pero el MOPU valoró más otros aspectos de la propuesta de Ferrovial -que tampoco era la más económica-, para adjudicarle finalmente los trabajos por 1.158 millones de pesetas, unos 7 millones de euros.

Esa decisión privó a la ciudad de que, hoy, un puente de acero con cierto interés visual se situara entre el Centro Niemeyer y el puente de San Sebastián, símbolos de dos épocas de la historia de la ciudad que conviven con el 'cinturón' de hormigón en forma de carretera.