La Luz, un barrio atemorizado

Una oleada de robos y agresiones siembra la alarma en la zona, que reclama más Policía y teme que «cualquier día pase algo grave» La llegada de varias familias conflictivas dificulta la convivencia entre sus 9.000 habitantes

AZAHARA VILLACORTA| LA LUZ (AVILÉS)
Un joven camina por las calles del barrio avilesino de La Luz, donde se ha producido un repunte de la delincuencia. ::                             FOTOS: MARIETA/
Un joven camina por las calles del barrio avilesino de La Luz, donde se ha producido un repunte de la delincuencia. :: FOTOS: MARIETA

'El Koala' tiene 19 años, se dedica a la venta ambulante de mercado en mercado y sueña con salir de una vez para siempre del barrio de La Luz, a las afueras de Avilés, donde se crió y donde vive con sus abuelos y su mujer, que acaba de cumplir los 18. Lo llaman 'El Koala' porque, de niño, siempre se encaramaba a cualquier cosa más alta que él. Antonio Gabarri Jiménez -según figura en su DNI- cuenta también que ya no soporta unas calles en las que lleva «toda la vida» y donde, de un tiempo a esta parte, impera la ley del más fuerte: «Tanto tienes, tanto vales».

Fue hace «alrededor de un año» cuando todo empezó a torcerse en un barrio nacido en los sesenta al calor de Ensidesa y que, desde su creación, acogió a trabajadores llegados a la siderúrgica desde toda España. También a gitanos como Antonio. Hasta que, hace pocos meses, Fernando Asenjo, hostelero, empezó a ver un cambio que no le gustaba nada apostado en la barra del Bar El Rollo, donde lleva «quince años y nunca había visto nada igual».

«Vinieron dos o tres familias gitanas que son muy conflictivas» y la convivencia modélica, «con sus más y sus menos de vez en cuando», que había convertido a los «9.000 y pico habitantes» de La Luz en un ejemplo de integración multicultural saltó por los aires. Adiós al trabajo de asociaciones y Ayuntamiento durante cuatro décadas con las distintas etnias y nacionalidades con presencia en la zona. Boom.

«No los para nadie»

«Son los reyes de los malos modos. Van por la calle pegando patadas. A las papeleras, las farolas, los contenedores y a todo lo que encuentran por delante. Vienen y te insultan o te ponen mala cara. Y tú lo único que puedes hacer es ponerla peor. Te piden dinero, te piden tabaco y, si no se lo das, te meten una hostia. No los para nadie», relata Fernando, que explica que «la gente mayor está asustada» y que «los parques se han quedado vacíos». «Mi hija no se atreve a bajar para ir al instituto si en el portal no está la limpiadora», abunda una de sus clientas mientras apura un cigarro a la puerta del local.

Fue un cigarro el que actuó como detonador, recuerda otro parroquiano, hace pocos días. El que ha llevado a los vecinos a reclamar más presencia policial a un Consistorio que reconoce el problema y que también ve en el incremento de las patrullas que custodian la zona la solución. «Le pidieron un pitu a un chaval y, como no se lo dio, le destrozaron la cara. Lleva tres operaciones».

Fernando Asenjo jura que él sólo tiene miedo «de lo que no se ve», que «con miedo no se puede salir de casa». Y que, a ellos, se les ve venir desde bien lejos. No como le pasó a Emilia Palomino, que «el Día del Trabajo, el 1 de mayo», cuando por la mañana fue a abrir el bar El Recreo, que regenta desde hace 24 años, «demasiados», se encontró con un butrón en la pared practicado desde el establecimiento contiguo y «una máquina tragaperras reventada».

Es muy parecida a la que hicieron trizas la semana pasada en el Mesón Alfil, cuenta su propietaria -paya casada con un gitano muy conocido en el barrio, perteneciente a uno de los clanes integrados y queridos-, matriarca de una de las muchas familias mixtas que hay en La Luz, que se queja de que, «en cuanto pasa algo, la culpa es siempre de los gitanos. Y ya podéis ver que a nosotros también nos roban».

«Nos están metiendo a todos en el mismo saco y todos no somos iguales. Pagamos unos por otros, justos por pecadores», se queja 'El Koala', que nunca ha tenido ninguno de los problemas de los que relata como Fernando Asenjo, que encarna a ese porcentaje de gentes de La Luz que andan con los ánimos caldeados y que incendian las redes sociales con llamadas a la acción directa. Que el día 29 se reunirán para buscar soluciones en una cita con un único punto en el orden del día.

«Yo lo tengo claro: hay que hacer una limpia. Empezar en una parte del barrio con una pala y terminar en la otra. Puede parecer muy fuerte lo que estoy diciendo y me pueden llamar racista, pero yo no soy racista. Los que son racistas son ellos. Si tú vienes a un sitio donde yo llevo viviendo cincuenta años, tú eres el que te tienes que adaptar a mis reglas, no yo a las tuyas. Cualquier día pasará algo grave y entonces habrá que tomar una decisión seria. El barrio está muy rebotado».

De alquiler en pisos privados

Asenjo tiene claro que, si nadie actúa, «terminará ocurriendo una desgracia» después de que el otro día, una vecina llegase «pidiendo socorro»: «Estaba desesperada». Y, entre tanto, asegura, «la presencia policial es prácticamente nula».

«Sólo aparecen por aquí para ver si hay algún coche mal aparcado y pueden poner alguna multa. Se dan una vuelta y cubren el expediente. Hacen acto de presencia y tira, que libras. Puedes poner ahí bien claro un mensaje a Pilar Varela: Pilar, que dice Fernando el de El Rollo que en las próximas elecciones te va a votar a ti».

Con la alcaldesa de Avilés -un municipio pionero en la erradicación del chabolismo y en la aplicación de políticas sociales para favorecer la integración de este colectivo- se ha reunido también ya la Asociación de Vecinos de La Luz, presidida por Carmen Gutiérrez, que asegura que trabajan codo con codo «con la Administración para buscar soluciones».

«Hemos hablado con Pilar y con la Policía Municipal, que, de momento, es todo lo que nosotros podemos hacer. Estamos intentando que todo vuelva a su cauce y que se resuelvan estos problemas de convivencia», explica la líder vecinal, que confirma también que fue «desde que le pegaron al chico cuando todo se acentuó».

Carmen Gutiérrez apunta a «una familia problemática que está extendida» por el bario. Según los vecinos, llegada de varios puntos como Luanco o el avilesino barrio de El Reblinco. Y, también según ellos mismos, hay poco margen de maniobra en caso de que las autoridades decidan actuar porque «están de alquiler en pisos de propietarios privados».

«Muy mal te tienes que ver para alquilarle el piso a gente como ésa», apunta uno. «Acuérdate de 'El Fary', que alquiló la casa y se llevaron hasta el bidé. No se llevaron la bañera de milagro, porque estaba sujeta y no pudieron», tercia el de más allá en un corrillo improvisado en plena calle, debajo de la ropa tendida que cuelga de los balcones, a la hora en la que los más pequeños salen del clase y llegan a casa con hambre.

Coches de alta gama

Hay jóvenes al sol, alrededor de un pitbull. «Es un problema de pobreza y exclusión social, no de etnias. La educación es vital», sostiene Víctor García, portavoz de la Fundación Secretariado Gitano, una de las entidades que trabajan sobre el terreno. Y proliferan los carteles de 'Se vende' en las ventanas, «y más que va a haber como la cosa siga así», pero también «han empezado a aparecer coches de alta gama a punta pala». Ya no sorprende ver el Porsche azul que conduce uno de ellos brillando entre las calles de la barriada. Y, cuando cae la noche, «hacen fuego en el parque, a veces beben de más y empiezan a dar las palmas».

La portavoz de la asociación vecinal no oculta que no le gusta «el cariz que están tomando las cosas» ni que su barrio salga en el periódico por estos asuntos, «porque La Luz no es el Bronx ni Harlem» y «tanta publicidad deja en muy mal lugar a toda la zona, incluidos el colegio y el instituto».

Denuncias y detenciones

El olor a guiso casero se cuela por una escalera que, desde que el barrio es barrio, sirve para comunicarse con el vecino a voces. «Los problemas existen aquí igual que existen en otros sitios», defiende la presidenta sobre la operación policial que se inició en La Luz el mes pasado y que se saldó con cinco detenidos por el secuestro de un empresario ovetense que fue torturado con saña en un picadero de Siero.

Un jubilado: «Yo denuncié tres veces y no sirvió de nada». La responsable de una supermercado: «Y, cuando vienen a comprar, todos firmes y rezando para que no saquen la navaja. Tienes que tener un cuidado de tres pares de narices porque se hacen dueños de todo. Es una vergüenza lo que está pasando en La Luz. Llevo aquí 53 años y nunca vi nada parecido». Ninguno quiere fotos para la posteridad.

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