La casa donde se para el tiempo

El museo del reloj de Infiesto acumula más de 3.000 visitas desde su apertura

ANDREA INGUANZOINFIESTO.
Pedro Suárez, impulsor de este museo, junto a varias de las piezas de esta espectacular colección que se muestra en Infiesto. ::
                             NEL ACEBAL/
Pedro Suárez, impulsor de este museo, junto a varias de las piezas de esta espectacular colección que se muestra en Infiesto. :: NEL ACEBAL

Se trata de un viaje al pasado de la mano del mismísimo tiempo. En el museo del reloj de la capital piloñesa, también conocido como la Casa del Tiempo, precisamente las horas se detienen. En algo más de 150 metros cuadrados, el visitante no se va a encontrar una simple colección de piezas de coleccionista o un detalle más que exacto sobre el funcionamiento y la composición de los mecanismos que conforman al reloj, sino que va a experimentar un retroceso social y cultural. Porque lo que se muestra en este equipamiento no es más que el reflejo de lo que estos pequeños y grandes artilugios significaron para la historia y las sociedades antiguas. Más de 3.000 personas han disfrutado ya de las maravillas de este espacio museístico desde que consiguiera abrir sus puertas en julio de 2012. atrás quedaban once largos años de trámites administrativos, montaje y disposición. Su impulsor, gestor y guía experimentado es Pedro Suárez, un maestro industrial, relojero y experto en relojes antiguos que, junto a otros socios, preside la agrupación cultural de coleccionistas local 'Avagar'. La Casa del Tiempo sólo recibe visitas los fines de semana y festivos, de 17 a 20 horas, o bajo reserva previa. En estos meses, llama la atención el volumen de visitantes extranjeros que, normalmente, llegan en grupos cerrados.

«Hay mucha gente que me dice que este museo debería estar en un gran capital, en Madrid o en Barcelona, pero yo quiero que esté aquí. El que lo quiera visitar que se acerque a Infiesto», señala Suárez.

Y es que, desde el minuto primero de la visita, se puede comprobar personalmente la principal premisa de este piloñés. «La cultura no es un negocio, y en el momento en que se convierte en ello, se acaba», defiende. Por eso, las visitas que realiza se extienden en el tiempo en función del interés de los visitantes. El museo, que se encuentra ubicado en el edificio de la Obra Pía de Infiesto, consta de tres diferentes salas, donde se alojan hasta seis temáticas diferentes. La colección está formada por unos 130 relojes y unas 600 piezas relacionadas aunque, en realidad, el tesoro que guarda Avagar consta de más de 5.000 relojes y 10.000 piezas de relojería que, en este equipamiento, aún no hay ni espacio ni fondos para ubicar.

Un paseo por la Casa del Tiempo ofrece la posibilidad de estar tu a tu con maquinarias de más de 300 kilos y relojes que datan de los años 1700. Eso sí, todas y cada una de las piezas expuestas «funcionan a la perfección».

«Lo más importante de los relojes es conocer el papel que jugaron dentro de la historia, en siglos en los que el tiempo y la hora era lo que menos importaba de entre las funciones de una de estas piezas», explica Suárez. Y es que llevar un reloj colgado del bolsillo o la solapa de la americana indicaba riqueza y para ello eran adquiridos por sus dueños, siempre por encargo.

Para los relojes se construyó la primera caja de cambios, mucho antes de que se inventaran los coches, y con su construcción se desarrollaron técnicas incluso mortales, como el dorado por mercurio, cuyos ejecutores no pasaban de los treinta y poco.

Secretos, anécdotas, historias y conocimientos que, por sólo tres euros, se pueden disfrutar en este equipamiento piloñés que pronto celebrará su segundo aniversario, con miras hacia el futuro. «Tenemos diseñadas las nuevas fases del museo, pero no faltan los fondos necesarios para ponerlo en funcionamiento». Un espacio con extraordinarios contenidos donde la magia está en lo innecesario que ser convierte mirar nuestro propio reloj.

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