«Los profesores estamos para enseñar, la educación tiene que venir de casa»

Tras 44 años impartiendo clases de Lengua Española se jubila y cambia el aula por el campo y por su pasión por el peritaje caligráfico Francisco Diego Llaca Director del IES Alfonso II

CAROLINA GARCÍAOVIEDO.
Francisco Diego Llaca, en las escaleras del instituto que dejará en septiembre. ::                             MARIO ROJAS/
Francisco Diego Llaca, en las escaleras del instituto que dejará en septiembre. :: MARIO ROJAS

Cuenta Francisco Diego Llaca (Avilés, 1947) que de su madre heredó la alegría de vivir y de su padre ese aspecto de hombre serio que tanto bien le ha hecho en su trabajo. El director del IES Alfonso II, el primer instituto masculino de la ciudad, se jubila en septiembre tras 44 años impartiendo clases de Lengua Española. Tímido, amante del campo y apasionado de la peritación caligráfica, confiesa que detrás de ese aspecto de hombre duro, hay un ser bonachón. Tiene por costumbre dejar la puerta abierta de su despacho y nunca hay un 'no' por respuesta si se trata de escuchar a un padre, a un profesor o a un alumno. Es coqueto y siempre va en traje al trabajo. En sus tiempos mozos vestía capa y pipa, atuendo con el que se ganó el apodo de 'El Pipas'. El tabaco lo dejó hace años. Recién cumplidos los 67 afronta con optimismo los últimos meses al frente del instituto al que le unen muchas vivencias. Alumno, hijo de catedrático de Griego, profesor y director, más de cuatro décadas entre las paredes de la calle Santa Susana. No le asusta la jubilación. Su plan es disfrutar de la finca de 14.000 metros que posee cerca de la ciudad y donde ya ha plantado todo tipo de árboles frutales y continuar su tarea de perito calígrafo.

- ¿Los estudiantes de ahora son muy distintos?

-Comencé mi docencia en Avilés con alumnos de una ciudad provinciana en una época, los 70, en la que no todo el mundo estudiaba y, los que lo hacían, llegaban con muchas inquietudes. Tras siete años en el Carreño Miranda, fui al instituto de Lugones y recuerdo que el alumnado era más noble. Muchos de Oviedo estudiaban allí y se trasladaban desde la capital en autobuses gratuitos. Era mixto, y ese es el motivo por el que yo creo que los chicos se moderaban. En 1979 llegué al Alfonso II como profesor, que solo era masculino. En aquella época, los alumnos eran estudiosos y sabían que cuando terminaban tenían trabajo. Ahora queremos darle todo a los niños. El problema es que les cuesta poco esfuerzo conseguir las cosas pero siguen siendo bastantes disciplinados. Gamberros hubo siempre.

-Si los alumnos no han cambiado, ¿el problema entonces está en el sistema educativo?

- Los jóvenes de hoy en día saben muchas cosas pero no cómo relacionarlas, y eso es lo que les falta. Siempre digo que la Pedagogía está muy bien como ciencia obtusa pero a nosotros nadie nos pregunta cómo funciona la educación y qué podemos hacer. Hay que cambiar los planes.

_¿Y eso se refleja en los resultados del informe PISA?

-PISA es una falacia. Las preguntas que realizan a los alumnos en España no son las mismas que en Finlandi. El problema que tenemos en nuestro país es que no somos constantes, pero no somos peores.

-¿Puede que estén desmotivados por la situación?

-Es cierto que antes los alumnos sabían que estudiaban y tenían un trabajo. Y ahora las cosas han cambiado. En el Alfonso II la enseñanza siempre fue de calidad y ha salido gente muy valiosa: diplomáticos, notarios, médicos.. Y no hablo de los primeros años, cuando al ser el único instituto todo el mundo estudiaba aquí.

-Leopoldo Alas Clarín, Emilio Alarcos Llorach, Francisco Grande Covián y Melquiades Cabal son algunos alumnos que han estudiado en el Alfonso II pero muchos lo recuerdan por la princesa Letizia.

-Letizia estudió aquí solo un año. Fue en 1986 y solo cursó primero de BUP porque luego la familia marchó a Madrid.

-Dice que los alumnos no han cambiado, pero lo cierto es que ese respeto que se tenía a los profesores casi ha desaparecido.

-Yo castigaba a un curso entero con venir a las cinco de la tarde a estudiar conmigo cuando alguno se portaba mal. Siempre había dos o tres que nunca venían y luego llegaba el padre hecho una furia. Decían que su hijo no había hecho nada y que no iba a venir. Yo siempre les decía lo mismo: «Es mi forma de hacer las cosas, de funcionar. Si no le gusta hablo con los Jesuitas y lo enviamos allí». El problema es que estamos equivocados con la función del profesor. No estamos para enseñar, la educación viene de casa. No podemos darles la ciencia y la paciencia.

-En los años 90 la FP no contaba con muchos apoyos y siempre se animaba a estudiar una carrera universitaria. ¿El tiempo ha demostrado que estábamos equivocados?

-La clave es prepararse para lo que uno quiere trabajar. Y está demostrado que la formación profesional funciona bien.

-Recorrer este instituto es casi como volver al pasado.

-Es un edificio de los años 40. Aunque estamos modernizados, los alumnos cuentan con todos los medios y tecnologías, sí es cierto que necesita algunas reformas. Cuando llegué, fui jefe de estudios durante cinco años del instituto nocturno y teníamos ocho grupos de COU con 52 alumnos. Muchos habían abandonado los estudios hacia dos o tres años o eran personas mayores, incluso más que yo. Entonces teníamos 1.800 alumnos matriculados.

-Me imagino que ser el profesor con 23 años le ha dejado muchas anécdotas.

-Pues sí, cuando comencé a dar clase coincidí con profesores que lo habían sido antes míos, y con mi padre, que no se jubiló hasta 1985. Una vez que llegaba tarde y entré corriendo por la zona de profesores y un vedel me agarró y me sacó por la puerta. Me vio tan joven que pensó que era un alumno que se había colado.

-De su padre no solo heredó, como usted dice, su aspecto serio. También su pasión por la enseñanza.

-Mi padre fue catedrático de Griego en el Alfonso II. Somos ocho hermanos y cuatro nos dedicamos a la educación y otros cuatro, a la empresa.

-Ha tenido la oportunidad de conocer muchas formas de enseñanza.

-Así es, tengo que agradecer que pude recorrer distintos países de Europa y conocer su sistema educativo para extraer lo positivo y ponerlo aquí en marcha. He conocido Noruega, Letonia, Lituania, Francia, Grecia, Chipre y Bulgaria. Ahora tenemos un programa con los alumnos que viajan a Chipre y Bulgaria durante cuatro o cinco días para participar en jornadas de trabajo.

-Y con tanta ocupación, ¿de dónde saca el tiempo para dedicarse a perito calígrafo?

-Mi primer contacto fue durante un viaje a Francia donde vi una clase de periciales caligráficas y decidí estudiar la diplomatura en Barcelona. La primera pericial fue en la Escuela de Minas para analizar si se había presentado otra persona a un examen en vez del alumno. Y luego comencé a participar en juicios. El primero que hice fue de la mano del abogado Juan Serra Iborra, compañero del instituto. Me resulta muy interesante y gratificante ya que es una alegría salvar a las personas de una condena o de pagar una multa al demostrar que les han suplantado la identidad en un documento.

-Tras los exámenes de septiembre abandona la enseñanza. ¿Podrá sobrevivir fuera de estas aulas?

-Tengo clarísimo todo lo que voy a hacer. Me dedicaré al campo en una finca que tengo fuera de Oviedo donde he plantado frutales y me encanta ver cómo crece la hierba. Además, continuaré realizando peritaciones caligráficas, de eso no me retiro.