Un museo nacional para las fábricas de armas

A. P.OVIEDO.

Destacó José Ramón Fernández Molina el hecho de que Asturias disponga de dos fábricas de armas, La Vega -empresarialmente extinguida- y Trubia, en proceso de paulatino abandono, «a sólo quince kilómetros de distancia, lo que resulta excepcional en todo el panorama español, único ejemplo de permanencia de dos fábricas históricas de proyección nacional tan próximas». Hitos históricos que cuentan con doscientos veinticinco años de antigüedad y son punto de partida de la industrialización asturiana.

Uno de los reparos a su actual situación vendría determinado en principio por un déficit en las actividades de custodia de ese corpus patrimonial, el cual, por otro lado, se adscribe a diferentes y para el profano confusos mandatos en cuanto a quienes rigen sus destinos, estando presentes a modo de arrendatarios en Trubia, Santa Bárbara Systems y KMW, ocupando un tercer dominio el espacio patrimonial desafectado.

Según parece, el Ministerio de Defensa dispone de atribuciones que podrían ir más allá -en consideración, por ejemplo, de la fabricación del carro blindado Leopard, que favorece la discreción para evitar el espionaje industrial- de lo que corresponde a dos ámbitos que están regulados por la condición legal de Conjuntos Históricos Industriales. Se albergan dudas respecto a lo que está ocurriendo en esos espacios, si se están desmantelando o trasladando bienes o desapareciendo patrimonio de gran valor.

Siendo 2015 el Año Europeo del Patrimonio Industrial y Tecnológico, se apela con la necesaria prudencia y previo estudio pormenorizado (al que ya han aportado propuestas Carmen Adams, Aladino Fernández y José Ramón Fernández Molina) a la posibilidad de crear un Museo Nacional de las Armas que englobara las dos fábricas y dos sedes respectivas.