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Con un poco de retraso en la hora, como dictan los guiones de las grandes presentaciones, Víctor Campuzano (Barcelona, 1997) se destapó ayer como un futbolista nada protocolario. Ni tibio. Y con una prometedora personalidad, que exhibió en El Molinón. En cada una de sus respuestas de su puesta de largo, el delantero, que seleccionó el '11' para su carrera en el Sporting, armó reacciones que terminaron en un guiño claro a la pelea por el ascenso. Un martillazo orientado, sin traición del subconsciente. Aire fresco en un discurso muy medido hasta las últimas 48 horas. «Vengo convencidísimo. Si quieres ser grande, tienes que pensar en grande, y creo que esa es la mentalidad del Sporting. Hay que ir a por el ascenso», manifestó rotundo en su presentación, generoso en sus impresiones, escoltado en todo momento por Javi Rico.
Concluido su primer entrenamiento, tras el que se reconoció con unas molestias en la rodilla que arrastraba de la semana pasada -«pero espero estar el fin de semana», avisó-, 'Campu' rebobinó hacia la última fase de su fichaje. «Ha sido difícil. Nos ha llevado tiempo, pero era lo que queríamos», zanjó, comprometido hasta 2025, recordando que el Sporting le había transmitido mucha «confianza» y haciendo el primer guiño a la causa: «Se dan las condiciones, el clima y la atmósfera ideal para crecer y que el equipo dé ese pasito en el objetivo de subir». Casi veinte minutos duró su intervención.
En dirección hacia Cornellá, domicilio del Espanyol, dejó alguna mención velada, de pasada, desnudando cierto resquemor por la dureza del proceso. Agua pasada, concluyó pronto, encantado con su nuevo entorno. «No llevo ni veinticuatro horas en Gijón y ya me siento como en casa. Esto me demuestra lo que me quieren y valoran desde el principio. Son las condiciones perfectas para subir para arriba», dijo, riendo ante el «colapso» en sus redes sociales por las muestras de cariño recibidas.
Confesándose como un jugador sin ídolos, más bien un estudioso de los grandes, el delantero mencionó un par de importantes claves sobre su ubicación futura en el campo. Nada reñido con el cometido de 'Djuka', más bien complementario. «Tanto RDT (Raúl de Tomás) como él son dos grandísimos jugadores», recordó sobre su anterior socio.
«Creo que en el Espanyol se me etiquetó de '9', de referencia, y cualquiera que me conozca sabe que puedo jugar en otros sitios, aportando más de segunda punta, cayendo en banda o llegando de segunda línea», observó. «Una de mis virtudes es la polivalencia y la idea de jugar con 'Djuka' arriba puede ser muy bonita», completó. En ese sentido, alguna pregunta después, mostró su preferencia por partir desde el enganche, la posición -reconoció- «más cómoda» para su fútbol.
De la cláusula «del miedo» se enteró durante el acto, descabalgado para cualquier duelo contra el Espanyol de esta temporada. «No podré jugar», lamentó, dejando una reflexión que tuvo eco en Barcelona. «Al final, siempre se le tienen ganas a cualquier equipo y más si es uno al que le tienes tanto cariño». En el césped de El Molinón posaría después como un niño con zapatos nuevos, con su nueva indumentaria, interpretando para la sesión de fotos el característico gesto de sus celebraciones. El puño cerrado, con el índice y el meñique en todo lo alto. Un juego cómplice con su hermano pequeño.
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«Hace dos temporadas se rompió (su hermano) el cruzado en su primer partido de liga. Los dos somos muy aficionados a la NBA y hemos visto a iconos como Lebron James o Kobe Bryant jugar muchas veces con máscaras y hacer partidazos. Es una forma de decir que pase lo que pase hay que ponerse la máscara, pelear y hacerlo lo mejor que se pueda», explicó con detalle. Pronto se sumergió en la temporada, manifestando un grado de implicación muy alto. «He tenido medio entreno con el grupo, pero entiendo la idea de Gallego. He visto muchos partidos del equipo y el buen trato del balón es claro, pero lo que nos va a hacer estar arriba es la solidez en ataque y en área propia». Y sumar, machacó: «Para estar arriba no puedes perdonar, hay que ir sumando siempre». En esa carrera apreció madera en el Sporting de candidato claro. «El equipo tiene potencial para estar arriba y para pelear por los puestos de ascenso directo hasta el final», consideró.
Con respecto a Gallego, aunque no se explayó mucho sobre su relación iniciada en las categorías inferiores del Espanyol, sí que concedió que era un entrenador especial en su carrera. «Conseguimos cosas muy bonitas y es un técnico que confía en mí», declaró. Por todo eso, se mostró especialmente motivado y se alistó, pese a esos problemas de rodilla, para el sábado: «Vengo algo tocado, pero no es nada importante, así que este fin de semana espero poder estar y ayudar a los compañeros».
Sus primeros minutos en el entrenamiento los compartió con futbolistas como Manu García, Pedro o Gragera, con todo el grupo muy pendiente de él. «Me ha sorprendido el buen ambiente grupal y me están poniendo las cosas muy fáciles, y eso que apenas les he visto un día», enfatizó. Y esa unión, aventuró, «nos va a servir para seguir ahí arriba».
Mirando al campo, eso sí, no vio ninguna cara familiar, más allá de las de David Gallego y Toni Clavero, el segundo. Todo es nuevo, sin relaciones pasadas heredadas de otros vestuarios, aunque con Javi Fuego, por ejemplo, tiene amigos en común. «No conocía a nadie en persona, aunque ya he compartido instantes con algunos. Me han transmitido muy buenas 'vibras'», sentenció. Mientras tanto, a su lado, Rico asentía en silencio. El director deportivo cedió todo el protagonismo a su nueva adquisición, trasladando su resumen del mercado a la próxima semana.
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