«Se está poniendo en pie, ¡es enorme!»

El avistamiento de osos en Fuentes del Narcea gana adeptos y el sector reclama regular la actividad para garantizar la conservación del plantígrado

David Peidro y el guía, Víctor García, disfruta del oso que han logrado avistar junto a Lucía Fernández y las pequeñas Julia y María. / DAMIÁN ARIENZA
David Peidro y el guía, Víctor García, disfruta del oso que han logrado avistar junto a Lucía Fernández y las pequeñas Julia y María. / DAMIÁN ARIENZA
BELÉN G. HIDALGO

La mejor época del año para ver los osos en el parque natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias es la primavera. Es la época del celo, el momento en que las osas salen con sus crías. El amanecer y el atardecer en esta comarca occidental levantan el telón de un espectáculo que gana cada vez más adeptos. En los dominios del oso, éste se ha convertido en un reclamo, un sector en auge. Un recurso para gente como Víctor García, guía de experiencias ecoturísticas, que ofrece «meterse en la piel del oso que busca otro oso. Entramos en su territorio y conocemos cómo vive y convive con el hombre... y buscan huellas o indicios para intentar verlo. Avistarlo es la guinda del pastel».

Las probabilidades de éxito en esta época del año son altas. Entre un 70 y un 80% de las veces el tursita llega a ver un oso. «Degaña es un concejo osero por excelencia», apunta García, que celebra que el rey del bosque haya logrado remontar y triplicar la población en las últimas cuatro décadas. Con sus prismáticos al cuello y sin despegarse de los telescopios, este degañés recorre palmo a palmo el monte en busca de las huellas del oso, para ofrecer a los turistas conocer sus dominios.

Uno de los osos, en un avistamiento.
Uno de los osos, en un avistamiento. / V. G

Entre ellos se encontraban David Peidro y Lucía Fernández, que llegaron desde Madrid con las pequeñas María y Julia. «Es la primera vez que vemos osos», confesaba David Peidro, recordando sus visitas a otras zonas de Asturias, siempre buscando experiencias en la naturaleza. «Hay que tener paciencia», recordó la pequeña Julia, sin despegar la vista de la montaña. Era la última hora de la tarde cuando un macho de gran envergadura se asomó desde su cueva. «¡Lo tengo!», anunció Víctor.

«Se está poniendo de pie. ¡Es enorme!», exclamaba María desde el telescopio. «Tiene la cabeza super clarita. Está comiendo mucho», continuaba relatando a su hermana, que esperaba turno para conocer el ejemplar. «Me lo imaginaba más grande», dijo comparando el plantígrado con el oso que habían podido ver un día antes desde el alojamiento rural. «Lo he perdido de vista», lamentó, reorientado el telescopio.

Los plantígrados comienzan a salir de las cuevas.
Los plantígrados comienzan a salir de las cuevas. / V. G

García recuerda cuán afortunados han sido. «La gracia que tiene es que es totalmente salvaje», comentó mientras abandonaban el lugar. El oso hizo lo mismo y se retiró a su cueva. «Ha valido la pena», reconocía David Peidro.

Para continuar disfrutando de este espectáculo, García no titubea a la hora de afirmar que el éxito de la conservación del oso «va a depender de los modelos de gestión. La población osera está creciendo y generará controversia. Hay que convivir con ellos y tener vistas de futuro. O será un desastre». Por ello, el guía defiende que «el oso es un recurso que debe utilizarse por su propio bien. Genera economía y si el recurso es rentable, se va a mantener».

En la época de celo es más fácil ver a los osos .
En la época de celo es más fácil ver a los osos . / V. G

En aras de esa conservación, García aboga por una regulación de la observación y la profesionalización del sector, así como por establecer unas normas para evitar ue una sobrecarga atente contra el oso. «Pueden convivir ambos modelos y deben existir también puntos de observación libre. La Naturaleza es de todos».