El doctor Mateo pasa consulta en Lastres

En plena crisis, la serie impulsó la economía de la localidad. Se llenaron hoteles y casas, se contrataron extras, abrieron negocios... Diez años después del inicio del rodaje, todavía es un reclamo turístico

Gonzalo de Castro, durante el rodaje de la serie./E. C.
Gonzalo de Castro, durante el rodaje de la serie. / E. C.
IRMA CUESTA

Nadie en Lastres, el pueblo que mira al mar colgado sobre una colina, olvida el día en el que el alcalde les contó que un ejército de actores y técnicos estaba a punto de desembarcar en el municipio para grabar una serie que, aunque por entonces no podían imaginarlo, resultaría el mayor reclamo turístico de su historia. Tampoco César Rodríguez Blanco, su productor ejecutivo, sospechó que aquellas calles empinadas, y aquellos vecinos amables y generosos, quedarían grabados en su recuerdo para siempre.

Cuando a César Rodríguez le propusieron coger las riendas de 'Doctor Mateo', el objetivo era encontrar un lugar en el norte, en donde Antena 3 quería crecer en audiencia, en el que encajase la historia de Mateo San Cristóbal, el prestigioso y huraño médico al que una repentina fobia a la sangre le obliga a dejar Nueva York para instalarse en el pueblo en el que había pasado los veranos de su infancia. Tras decenas de horas de documentación y kilómetros de viaje, cuando el productor llegó a Lastres supo que la búsqueda había terminado. «Era perfecto. Era el lugar del tamaño y características que necesitábamos, el que encajaba a la perfección con nuestra historia», dice recordando sus conversaciones con el alcalde, la amabilidad de los vecinos, los muchos amigos que aún conserva allí y lo mucho que costó rodar en este pueblo de cuestas empinadas. «Diseñamos un aparataje de transporte para poder mover cámaras y material por aquellas calles tan bonitas como complicadas. Todo resultó perfecto. Creo que el éxito de la serie fue conseguir que, por primera vez, los exteriores fueran un protagonista más; lograr que la gente oliera en sus casas aquellos praos y sintiera el mar, y para conseguirlo tuvimos la grandísima suerte de contar con José Luis Alcaine. Aquella fue su primera serie de televisión y el resultado fue maravilloso», explica el productor mientras la cabeza se le llena de recuerdos y de nombres: Eutimio, el dueño del hotel en el que se hospedaba parte del equipo, y Aída, la mujer que cada mañana les devolvía flamantes las botas que la noche anterior habían dejado en la puerta llenas de barro; Agustín, que hoy regenta la tienda de alimentación 'Hazas' y que por aquel entonces estaba detrás de la barra del 'Rancho Chico', un bar de copas por el que pasaba buena parte de las cerca de noventa personas que componían el equipo al acabar la jornada y, por su puesto, Quinita, la 'extra' infatigable. «A mí siempre me había gustado la interpretación, desde que era una cría, y aquello, además de suponer una revolución para el pueblo en todos los sentidos, porque nos trajo trabajo, prosperidad, animación... a mí me dio la oportuna de disfrutar como nunca», explica esta mujer de 75 años que sonríe cuando recuerda que los directores la reñían por ir demasiado arreglada. «Siempre he sido muy coqueta. Por eso, cuando me decían que no debía pintarme el ojo y colocarme una bata yo les contestaba: ¡pero si nunca me he puesto una cosa como esta!»

Quinita, con la bata puesta, tendía la ropa cuando le decían, formaba corrillo con otras vecinas cuando tocaba o hacía bulto en la cafetería. Así durante todo el tiempo que duró un rodaje que despertó en España unas ganas locas por conocer el pueblo donde transcurría la historia. «Fue impresionante. Dieron vida y trabajo a un lugar en el que hasta hace no tanto éramos casi 4.000 vecinos y en donde ahora en invierno no llegamos a 600. Se mantuvieron los hoteles abiertos todo el año, se abrieron cafeterías, talleres... a la gente le alquilaban la casa, los locales, el barco... ¡incluso las vacas!», dice mostrando orgullosa las fotos que guarda de aquel tiempo en el que todos formaron una familia.

Arriba, vista de Lastres, donde se rodó la serie. Abajo, la casa donde supuestamente vivía el doctor Mateo y la terraza de un restaurante bautizado con su nombre. / Irma Cuesta

De que 'Doctor Mateo' fue el mejor regalo que el destino podía haber guardado para este pueblo de pescadores protegido por la sierra del Sueve, en el que aún se escuchan historias de balleneros y sus vecinos cuentan orgullosos que con la grasa de esas criaturas inmensas se alumbraba la catedral de Oviedo, da fe Agustín Fernández, un vecino de la localidad. «En este pueblo hubo hasta 400 pescadores y cerca de 300 mujeres trabajando la conserva. Hoy no creo que lleguen a 25 los que salen a la mar. Por eso la serie fue un bombazo. Comenzaron a abrirse negocios y a llegar gente de todas partes. Era increíble», dice comentando que aún baja a Cádiz de vez en cuando, en donde alguno del equipo tiene una casa, para verse y recordar viejos tiempos.

Aunque el desembarco del equipo de 'Doctor Mateo' fue un regalo caído del cielo, lo mejor para Lastres estaba aún por llegar. Desde el 22 de febrero de 2009, fecha en la que se emitió el primer capítulo, los visitantes no han dejado de llegar buscando el lugar en el que aquel médico desagradable y estirado se convirtió en un tipo normal.

En 2008, cuando el famoso doctor interpretado por Gonzalo de Castro aún no había llamado a la puerta de nuestras casas, por la oficina de turismo de Colunga habían pasado poco más de 18.000 personas. Al año siguiente, cuando muchos españoles ya seguían su historia, fueron más de 39.000; en 2011, cuando la serie llegó a su fin, ya eran casi 60.000. Es complicado llevar la cuenta de los muchísimos otros que visitaron sus calles sin pasar antes por la oficina.

'Mateínos'

Puede que hoy no sean tantos los 'mateínos' –el nombre con el que los vecinos de Lastres bautizaron a los fans de la serie que se rodaba en sus calles– que acuden buscando sus huellas, pero siguen siendo muchos. Hoy ha amanecido nublado. Desde el faro de San Martín del Sella, el nombre con el que la serie rebautizó la aldea, se otea un horizonte negro. Aún así, no dejan de llegar visitantes. Los praos de la iglesia de Santa María de Sábada son para muchos la primera parada. La segunda, por supuesto, la casa del médico. Allí es complicado no encontrar a alguien dispuesto a inmortalizar ese edificio que mucho antes que a Mateo San Cristóbal cobijó a un doctor verdadero: Pedro Villarta, amigo de Santiago Ramón y Cajal. Luego el Ayuntamiento, la taberna (en realidad solo un muro tras el cual no hay nada), la casa de la maestra que terminaría enamorando al doctor, la peluquería, la radio local, la comisaría y el colegio.

Un fantástico recorrido que la Mancomunidad Comarca de la Sidra, de la que Colunga es uno de los seis municipios que la integran, ha organizado en un planito que cualquier puede descargarse en su web o solicitar en la oficina de turismo. Detrás de todo eso está Miguel Ángel Naredo, del servicio de promoción turística, que vio en la serie la forma de reconducir flujos turísticos. «Desde el primer capítulo supimos que la serie iba a funcionar. La segunda semana, en plena primavera, el pueblo estaba saturado. No solo se incrementaron las contrataciones. De repente, nadie que pasara por Asturias marchaba sin hacer una visita a Lastres. Imprimimos 100.000 planitos con la ruta del doctor Mateo y nos los quitaron de la manos. Solo hay que pensar que cada uno se utiliza por una media de cuatro personas y echar cuentas. 'Doctor Mateo' fue una suerte de maná en un momento en el que, además, nos metíamos de cabeza en la crisis. Hoy, muchas universidades estudian el fenómeno de desarrollo turístico de la mano de la serie».

Es fácil imaginar hasta qué punto los vecinos de Lastres están agradecidos. Desde el hotel Palacio de los Vallados, el edificio que en la serie era el Ayuntamiento, echaron el resto y abrieron una suerte de museo en el que el visitante se topa con la señal de carretera que indicaba la llegada a San Martín del Sella, un montón de fotografías del rodaje y sus protagonistas y algunos detalles más del atrezo de una serie que marcó una época y, sin duda, revitalizó el pueblo.