Cristina, la primera 'sidra' de la historia

«Siempre quise hacer de sidru, yo veía a mi padre y pensaba 'y la muyer por qué no'», comenta la joven sierense

Cristina García vestida de sidru en Viana do Bolo. / E. C.
Cristina García vestida de sidru en Viana do Bolo. / E. C.
JOSÉ CEZÓN

La palabra 'sidra' ya puede reclamar una nueva acepción en el Diccionariu de la Llingua asturiana: 'femenino de sidru', el nombre que reciben los guirrios en los concejos de Siero y Bimenes. Y es que, por primera vez en la historia, una mujer se transformó en ese personaje ancestral durante el desfile de máscara ibérica celebrado la semana pasada en el municipio gallego de Viana do Bolo.

La protagonista fue la sierense Cristina García Taboada, quien, a sus veinte años, logró hacer realidad un sueño que perseguía desde niña. Su padre fue sidru; su madre, dama en les comedies, y ella misma lleva cuatro años encarnando el papel de criada y acompañante de la ciega en las representaciones. Pero aquello no colmaba sus expectativas. «Siempre quise hacer de sidru, yo veía a mi padre y pensaba 'y la muyer por qué no'», comenta. Uno de sus argumentos de peso era que, antiguamente, en les comedies solo participaban hombres, que interpretaban también los personajes femeninos, y que eso ya estaba superado.

Cristina, con una botella de sidra en el bar Pumarín
Cristina, con una botella de sidra en el bar Pumarín / PABLO NOSTI

Estuvo «dando la vara durante siete u ocho años», mientras veía cómo algunos chicos de Valdesoto disfrutaban de la experiencia, hasta que se presentó su gran oportunidad. Fue gracias al argumento de la última comedia, escrita por José Ramón Oliva, donde se produce una rebelión de los personajes femeninos reivindicando más protagonismo, a la vez que clamaban un 'non ye non' a las agresiones machistas en la sociedad. La ocasión no podía ser más propicia, así que volvió a insistirles a los sidros más veteranos. «Esti añu no hay excusa», les repetía. Y, por fin, logró su objetivo.

Buscó el traje de sidru más pequeño de los disponibles por la asociación cultural El Cencerru. «No quería un tratu especial, sino apañame con lo que había», explica. Y así se vistió con la indumentaria oficial: pantalón y camisa blanca, faja colorada, cinturón de esquiles, polainas negras, máscara de tela roja y la melena de piel de oveya, rematada con un rabu de raposu. Y el palo de avellano para saltar.

Más información

«¡Buaaa, cómo lo disfruté!»

¿Y cómo fue la experiencia? «¡Buaaa, cómo lo disfruté! Nunca me había puesto la máscara. Al principio, estaba un poco rara, pero me acostumbré enseguida». Y salió airosa de las primeras incomodidades: «Al saltar, se mueve pa los laos y no ves bien, vas a ciegues». O el calor: «Sudé mucho y estaba fresco, no me quiero imaginar en Lisboa a 30 grados». Fue una vivencia muy distinta a representar la comedia. «No ye lo mismo ir de lazarillo que de sidru, cada personaje tien su vidilla particular», dice. Y eso que ella interpreta con suma naturalidad: «En Valdesoto somos muy apañaos, tenemos el teatro en vena».

Agradece al grupo todo el apoyo recibido: «Les muyeres estaben muy orgulloses y los hombres ayudáronme mucho: a elegir la ropa o dándome consejos pa saltar; aprendí allí sobre la marcha, casi me mato un par de veces». Durante el desfile, el público no supo que uno de los cuatro sidros presentes era una mujer: «Al ser piquiñina, la gente pensaba que era un guaje. Y como no pueden hablar, pues nadie se enteró».

Y cuando se despojó de la melena, la mayoría desconocía que era la primera fémina bajo la piel de un sidru. No así los miembros de otras máscaras participantes, que sí mostraron su grata sorpresa por ese momento histórico. «Vinieron a dame la enhorabuena, quedaron todos 'flipaos'», recuerda esta pionera que ya solo piensa en repetir.