Wagner desde el poderío orquestal

El público aplaudió 'El ocaso de los dioses', que anoche abrió la 72 temporada de la Ópera de Oviedo | El presidente del Principado y los alcaldes de Oviedo, Gijón y Santander acudieron al estreno en el Campoamor

Wagner desde el poderío orquestal
Stéphanie Müther, como Brunilda, y Mikhail Vekua, como Sigfrido. / fotos: ópera de oviedo
RAMÓN AVELLO

Se estrenó ayer en el Campoamor 'El ocaso de los dioses', el drama musical que cierra el círculo de la tetralogía wagneriana 'El anillo de nibelungo'. La ópera más larga de las cuatro, donde confluyen las tramas anteriores. Como testigos, entre el público, el presidente del Principado, Adrián Barbón; la consejera de Cultura, Berta Piñán, y los alcaldes de Oviedo, Gijón y Santander. Y, como suele ocurrir, en el saludo por megafonía en asturiano, una parte del público pateó, otra parte aplaudió y la mayoría se quedó impasible.

La orquesta densa, potente, versátil, constituye el pilar principal de 'El ocaso de los dioses'. Esta fuerza sinfónica nos la transmitió ayer con vigor, sensibilidad y conocimiento el director alemán Christoph Gedschold, al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) y Oviedo Filarmonía. ¿Dos orquestas diferentes? No. Uno de los méritos de Gedschold es haber conseguido la unidad absoluta y la fusión de estas dos agrupaciones sinfónicas. Cuando se escucha, ya en el prólogo de la ópera, el soberbio amanecer que anuncian las ocho trompas, tras las advertencias inquietantes de la escena de las nornas o parcas, un estremecimiento sinfónico recorre el teatro e indica que el peso de la orquesta va a señalar la perspectiva musical y dramática de la obra. La orquesta no está en el foso, sino en la escena, lo que subraya el carácter de ópera en versión de concierto. Gedschold dirige con tiempos muy comedidos, flexibles, gran control de la dinámica y resaltando siempre la intencionalidad de los motivos. Sin duda, la concepción de este 'Ocaso' parte de una acertada visión orquestal.

Una versión semiescénina como la que ayer se presentó en el Campoamor está, en principio, a caballo entre la ópera en versión de concierto y la ópera representada. Tal vez el hecho de la omnipresencia orquestal en el espacio del escenario ha forzado a este tipo reducido de dramatización, bajo la dirección escénica de Carlos Wagner. Su concepto visual recuerda algo al que utilizó hace dos temporadas en Oviedo con 'Sigfrido'. Por medio de proyecciones de carácter conceptual, el fondo de la escena se cubre de imágenes alegóricas y breves textos alusivos a la obra. El video mapping –proyección tridimensional sobre superficies planas– y los hologramas crean un espacio envolvente, que en ocasiones traspasa la orquesta y los cantantes para llegar al público. Es muy interesante el trabajo del movimiento de los protagonistas, ocupando frecuentemente parte del patio de butacas. Entradas y salidas de personajes por el pasillo, lo que da una sensación de cercanía. Imágenes cinéticas siempre comedidas y fáciles de comprender.

Precisamente en el patio de butacas es donde tiene lugar la actuación del Coro de la Ópera de Oviedo, que consigue en el segundo acto un primer plano sonoro. Excelente la afinación y el empaste del coro dirigido por Elena Mitrevska.

El elenco es, desde un punto de vista dramático y vocal, contundente y acertado. Stéphanie Müther sustituyó a ultima hora a Elisabete Matos como Brunilda. La soprano suiza la encarnó en Oviedo segura, con gran fuerza expresiva y un color vocal más lírico que desgarradoramente dramático. Es una Brunilda muy atractiva.

A Mikhail Vekua le habíamos escuchado en 'Sigfrido'. Y también fuera de la temporada de Ópera, cantó en el Auditorio Príncipe Felipe excelentemente el rol de Sigmundo con el Teatro de la Ópera de Mariinsky. Ayer, el tenor ruso interpretó a un Sigfrido modélico, de gran fuerza vocal, emisión clara en los agudos y una gran vitalidad.

El tercer protagonista con una presencia escénica contundente y una gran fuerza vocal fue el bajo Taras Shtonda, como Hagen, el verdadero factotum de la tragedia.

El resto del elenco también respondió con rigor y contundencia. Sin duda, un Wagner muy musical y aplaudido en la primera función.

Temas

Ospa