Una reina que va a más

Doña Sofía cumple 80 años. Lo hace con una salud envidiable. Los últimos años no han sido fáciles para la reina emérita, aunque tal vez tampoco los peores. Su carácter, forjado en las adversidades, la ha llevado a situar la estabilidad de la Corona por encima de todo

La Reina Sofía, en una edición de los Premios Princesa de Asturias /EC
La Reina Sofía, en una edición de los Premios Princesa de Asturias / EC
ANTONIO PANIAGUA

La preocupación es la debilidad, la serenidad es la fuerza». Este lema lo escuchó mil veces la reina Sofía de boca de su padre, Pablo I de Grecia, cuando era niña, y aún permanece indeleble en su memoria. La que ha sido reina consorte de España durante 39 años es una mujer cuya divisa es la prudencia y que mantiene intacto su sentido de la dignidad.

Doña Sofía cumple hoy 80 años y lo hace con vitalidad, ímpetus renovados y buena salud, como se ha podido apreciar en sus últimas comparecencias públicas y garantiza el equipo médico que la atiende habitualmente. «Está como una rosa», dice la periodista almeriense Carmen Enríquez, corresponsal durante 17 años de TVE en la Casa Real, que acaba de entregar a la imprenta el libro 'Sofía. Nuestra reina' (Aguilar). «No sufre ni siquiera achaques», asegura la autora de la biografía, quien ha podido hablar con los facultativos que velan por el estado de la madre de Felipe VI. Quien fue bautizada como Sofía Margarita Victoria Federica por el patriarca de la Iglesia ortodoxa griega disfruta de una luna de miel con la opinión pública. Su figura ha ganado en renombre y es la persona mejor valorada de la monarquía española, más incluso que Felipe VI y su esposa Letizia.

A doña Sofía nada le quita el sueño. Posee la rara destreza de dejar en la mesita de noche los problemas que a otros les provocan insomnio. Desde la abdicación del rey Juan Carlos, la Reina emérita está volcada en el apoyo a las causas benéficas, científicas y culturales. Dedica buena parte de su tiempo a la fundación que lleva su nombre y apadrina todo tipo de iniciativas en defensa de los animales, la protección del medio ambiente y la investigación de enfermedades como el alzhéimer. Después de sus obligaciones institucionales, su segunda prioridad es la familia.

Pese a que los últimos años han puesto a prueba su proverbial templanza –ha visto cómo ingresaba en la cárcel su yerno Iñaki Urdangarin y se divulgaban detalles escabrosos de las conversaciones entre el excomisario Villarejo y Corinna Larsen–, los reyes Juan Carlos y Sofía han «normalizado» sus relaciones, según ha podido confirmar Carmen Enríquez con cuatro fuentes distintas. «No se ha llegado a una reconciliación sentimental ni matrimonial, pero sí se ha impuesto una cordialidad entre dos personas que están implicadas en la institución de la Corona, la cual vive del prestigio que inspiran sus miembros».

«Ella entra al pequeño despacho que don Juan Carlos tiene en el Palacio de la Zarzuela, le consulta cosas, y él ha dado orden de que se la mantenga plenamente informada de todas las actuaciones y previsiones de la Familia Real», aduce Enríquez. Pero antes hubo momentos de zozobra. Es difícil engañar a las cámaras y la tirantez y los desaires del anterior jefe del Estado a la Reina consorte se conservan en las hemerotecas. Tan insostenible parecía la situación que el rey Juan Carlos quedó atrapado por un dilema. O Corinna o Corona. Como se ha visto, optó por salvaguardar lo segundo, pero incluso meditó la posibilidad del divorcio, asegura Enríquez. «En ese tiempo, que se prolongó durante varios años, estaba tan preocupada que se planteaba detalles tales como cuál sería su estatus legal si se consumaba la separación del Rey», escribe la periodista. Concluyó que, ante un hipotético divorcio, fijaría su residencia en el Palacio de Marivent, «un lugar idílico para ella por su ubicación en pleno Mediterráneo y donde había vivido los momentos más felices de su vida, cuando todos constituían una auténtica familia».

Con ocasión de su 80 aniversario, doña Sofía se reunirá con los suyos. En esta ocasión todo indica que sí asistirá al almuerzo familiar la infanta Cristina, que se encuentra desde hace días en Madrid con sus dos hijos pequeños. «Si ha convidado a mis hijos, supongo que habrá convidado a los suyos, digo yo», manifestó el lunes la infanta Pilar, hermana de don Juan Carlos.

Cuando su padre se hizo octogenario, el 5 de enero, la infanta Cristina se abstuvo de participar en el festejo, a la vista de que su marido era una presencia incómoda en el ámbito familiar. Con Urdangarin en la cárcel de Brieva (Ávila), se allana el camino para que la infanta felicite a su madre en la Zarzuela.

Así como el rey Juan Carlos es muy amigo de sus amigos, doña Sofía es más discreta y reservada, de modo que sus confidentes más cercanos son su hermana Irene, que reside discretamente con ella en palacio, y su prima Tatiana Radziwill. Esos dos temperamentos han llegado a una entente cordial para no airear sus desavenencias. El exjefe del Estado «sugirió hace año y medio a sus amistades que, aparte de contar con él para sus cenas, tuvieran la deferencia de invitar también a su esposa», dice Enríquez.

El de doña Sofía es un carácter cimentado en la resistencia. Ya se ha dicho que recientemente ha tenido que probar la amarga hiel, pero no es del todo cierto que hayan sido los peores años de su vida. La idiosincrasia de Sofía se ha forjado en la adversidad. Siendo niña tuvo en que enfilar el camino del exilio cuando su país de nacimiento fue invadido por los nazis durante la II Guerra Mundial. Los años de destierro en Egipto y Sudáfrica fueron terribles. La madre, hija y esposa de monarcas confió a Pilar Urbano en su libro 'La Reina' (Plaza y Janés) que la travesía en un vapor holandés rumbo a Durban fue tortuosa. «A Tino (en alusión a su hermano Constantino) y a mí nos llevaban atados, con correas, con arneses, como a los perritos, para que no nos perdiéramos por el barco». En esa odisea, los miembros de la dinastía de los Glücksburg, entre ellos la pequeña Sofía, erraron por una veintena de casas, algunas infestadas de ratas.

Cuando llegó a España, era una desconocida que se expresaba en un pobre español. Para colmo, tuvo que aguantar las ambiciones de Carmen Polo, esposa del dictador, convencida de que su nieta Carmen Martínez-Bordiú podía aspirar al trono gracias a su boda con Alfonso de Borbón. En esas difíciles circunstancias, supo ganarse el afecto de los españoles.

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