Ochenta años muy dulces en el Naranco

Las monjas de la Orden de las Carmelitas Descalzas suman a sus famosas galletas nuevos productos de repostería. Con la Navidad próxima, la actividad se multiplica

Gracia de la Inmaculada Concepción, María del Carmen del Corazón de Jesús y Serafina del Salvador, en el obrador./ÁLEX PIÑA
Gracia de la Inmaculada Concepción, María del Carmen del Corazón de Jesús y Serafina del Salvador, en el obrador. / ÁLEX PIÑA
ALBERTO ARCE

En el mismo corazón verde de la ciudad de Oviedo, concretamente en Barrio Toleo, 16, en la falda del Monte Naranco, viven una veintena de religiosas de la Orden de los Carmelitas Descalzos. Entre las múltiples tareas que cada una de ellas tiene asignadas, también cuentan con un obrador, al frente del cual se encuentra la madre priora del convento, sor Elsa, su responsable.

Desde mediados de los años setenta las hermanas retomaron esta labor, que ya realizaban antiguamente otras monjas carmelitas. Elsa Campa, que además de priora es la presidenta de la Federación de Monasterios de los Carmelitas Descalzos (una unión de diecisiete conventos de todo el norte de España), abrió las puertas de la casa para EL COMERCIO junto con ocho hermanas más con el fin de dar a conocer de primera mano cómo se trabaja en una de las reposterías más especiales y con más demanda en la ciudad.

«Nosotras tenemos nuestras obligaciones religiosas, eso es lo primordial», explica la priora, «pero, como todo hijo de vecino, también necesitamos un medio de vida; una forma de trabajo que nos permita mantenernos», declara.

Las hermanas reposteras son famosas en toda la capital por sus pastas, unas galletas de harina, huevos, mantequilla y azúcar que hacen las delicias de todos cuantos las prueban. No obstante, desde hace seis años, las monjas han aumentado la producción y la oferta de productos. «Todos nos conocen por las pastas, pero ahora también preparamos carmines, teresinas, casadiellas, bizcochos y tartas de todo tipo», enumera Campa. Además, «también cocinamos salados por encargo», afirma, haciendo referencia a los bollos variados y empanadas que elaboran cada jueves.

Marifé López y Pilar Molina, en el obrador.
Marifé López y Pilar Molina, en el obrador. / ÁLEX PIÑA

Sin embargo, los turnos de trabajo del obrador son reducidos (de dos horas) y están precisamente diseñados para que las carmelitas puedan dedicarse a su verdadera obligación, «la vida fraterna, la oración y la liturgia», expone. Por eso, los hornos solo funcionan entre las 9.30 de la mañana y las 13.30 de la tarde. Allí trabajan ocho hermanas; otras, cuando termina el turno, se encargan del empaquetado de los dulces. «Somos autónomas, esto es una pequeña empresa familiar», admite sor Elsa.

En ese sentido, cada mañana, las monjas producen unos doscientos paquetes de pastas de medio kilo cada uno. El resto de manjares solo se elaboran los jueves.

Dulces de Navidad

«La Navidad es muy importante para nosotras, por eso tenemos un producto especial para estas fechas», señala. Y es que, para endulzar las fiestas de los ovetenses, la madre priora y su equipo de trabajo realizan una receta especial, la de los alfajores. «No son alfajores al uso, la receta es propia (y está guardada a buen recaudo); además, los nuestros son redonditos y tienen un empaquetado especial», confirma. Aun así, las reposteras solo acceden a desvelar uno secreto: la peculiaridad de la cocción de las pastas, que se realiza a una alta temperatura (240 grados centígrados) durante durante un tiempo de 10 o 12 minutos, que varía en función de las condiciones ambientales.

«Precios módicos»

Por otra parte, las hermanas también se deben a la caridad y a la solidaridad cristiana. Por eso, los precios de los productos son «módicos» y «accesibles» a cualquier persona. No en vano, los dulces conventuales de estas hermanas, que se venden en al menos treinta tiendas de la ciudad y mercadillos de distintas provincias españolas, se han convertido en un esencial en muchas mesas cada mañana.

 

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