A LA SALUD DE ÁFRICA

EL COMERCIO vive el día a día de la ong Amref Health que este octubre recibirá de manos del Rey el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional

Una niña afarí bebe agua directamente de uno de los suministros instalados por Amref. /M. F. ANTUÑA
Una niña afarí bebe agua directamente de uno de los suministros instalados por Amref. / M. F. ANTUÑA
M. F. ANTUÑA

Una gota de agua es un mundo. Es salud. Es alimento. Es higiene. Es vida. En un slum de Addis Abeba en el que la caca y el pis de cada día se recogen en un cubo y se tiran a la carretera, una letrina, un grifo, un poco de agua limpia marca un antes y un después; en una región seca y paupérrima de esa Etiopía que solo se hace titular cuando las hambrunas acechan es alimento para el ganado, es calidad de vida para las mujeres que han nacido y crecido recorriendo kilómetros portando kilos de líquido siempre a expensas de que las estaciones, las lluvias y el devenir pocas veces halagüeño marquen la agenda vital. En ese contexto, en esos mundos tan lejanos a los nuestros, tan incómodos y hasta molestos a las miradas esterilizadas y acostumbradas a que el maná brote de un mando la mayor parte de las veces plateado en modo frío o calor en azul y rojo trabaja Amref, la ong que este octubre recibirá de manos del Rey el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional, que hace más de sesenta años que puso una pica en África con el optimismo como bandera, aunque, a veces, una mirada somera en derredor no anime ni aliente a enfocar con un filtro de color rosa. Pero conviene mirar adelante y descubrir lo fácil, y al tiempo difícil, que es mejorar las vidas de otros. Ellos, poco, a poco, con paciencia, con fondos privados e institucionales, van haciendo camino. Más allá del conocido trabajo de los 'flying doctors' que sobrevuelan África llevando salud, hay decenas de programas que miran en todas las direcciones, que alumbran una vida un poco mejor.

Arriba, mujeres y niños en un slum (barrio marginal) de Addis Abeba. Abajo a la izquierda, un grupo de niños posa ante una de las casas tradicionales afarís.. A la derecha, una mujer acude con sus hijos a por agua a uno de los puntos de suministro. Son cuatro grifos con agua potable que se emplea para consumo humano y también pàra regadío y alimento del ganado. / M. F. ANTUÑA.

EL COMERCIO ha visitado algunos de sus proyectos financiados y vinculados a España en Etiopía, un país en el que la organización creada en Kenia en 1957 puso en marcha su primera iniciativa en 1991 y que desde 2002 cuenta con oficinas en la capital. Unas doscientas personas, bajo la dirección de Misrak Makonnen, trabajan en el país que vive estos meses tiempos tan convulsos como esperanzados tras la llegada al poder del joven primer ministro Abiy Ahmed Ali (de etnia oromo, hijo de musulmán y cristiana), el regreso de grupos opositores y la firma de la paz con Eritrea. Makonnen sabe bien que la clave del éxito de sus proyectos de cooperación reside precisamente en la cooperación, en implicar a los organismos gubernamentales del país y a las comunidades, en convertir los fondos que llegan de cualquier lugar del mundo en presente y futuro. Todo está vinculado, todo funciona en red con el derecho a la salud como motor y con las mujeres siempre en un primerísimo primer plano. «Nuestros proyectos siempre hacen partícipes a las comunidades, tratan de crear vínculos», anota, y explica después que no es suficiente con poner letrinas, sino que es necesario que sus usuarios las cuiden, las mantengan en perfecto estado, sepan que no basta con usarlas, que es necesario llevar la higiene más allá, que un simple gesto como lavarse las manos salva vidas, es una efectiva vacuna contra las infecciones. Algo que en Europa puede parecer pueril no lo es en un mundo en el que aún hoy los niños y las mujeres se quedan ciegos por el traucoma, una enfermedad ocular que las mamás llevan a los ojos de sus bebés al limpiarles las gotas de sus llantos.

Chicas que se forman como matronas en Semera, en la provincia de Afar, donde se fomenta que las mujeres den a a luz en hospitales.
Chicas que se forman como matronas en Semera, en la provincia de Afar, donde se fomenta que las mujeres den a a luz en hospitales. / M. F. ANTUÑA.

En Etiopía, un país con más de 105 millones de habitantes e 'in crescendo', se estima que a través de sus diferentes programas llegan a 2,4 millones de beneficiarios, el 51% mujeres, en diferentes partes del país, desde la capital a las regiones más periféricas y que cuentan con fronteras con otras naciones como Kenia, Sudán, Sudán del Sur, Somalia, o Eritrea, la excindida nación con la que Etiopía perdió su salida al mar y con la que acaba de poner fin a años de hostilidades. Esa situación fronteriza no ayuda a poner coto a una pobreza con la que es difícil lidiar. La sequía, el calor extremo, los desmanes de la gran ciudad que recibe en inhóspitos poblados creados de la nada a miles de personas. Todos ellos son la razón de ser de Amref.

La organización

Fundada en Kenia en 1957, hoy está implantada en Kenia, Tanzania, Uganda, Etiopía, Sudáfrica, Zambia, Sudán del Sur, Malaui y Senegal y cuenta con oficinas en España, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Austria, países nórdicos y Mónaco, en Europa. En América del Norte está presente en Canadá y Estados Unidos. Su trabajo llega 35 países y el 97% de su personal es africano.

En España

Con sede desde 1997, se trabaja en seis grandes áreas: infancia y mujer, formación personal, servicios de cirugía y diagnósticos, enfermedades olvidadas como VIH, tuberculosis y malaria, erradicación de la mutilación genital femenina y agua y saneamiento.

En Etiopía

Atiende a más de 2 millones de personas. En la actualidad cuenta con oficinas en Addis y 200 personas en plantilla. Trabaja en Afar en Addis Abeba, Gambella, Oromia, Benishangul-Gumuz o Etiopía Somalí.

Cómo colaborar

Para hacerse socio: www.amref.es/colabora