Guía para padres (O abuelos) en el parque ¿actuar o dejar hacer?

Los pequeños conflictos que surgen entre menores en las zonas de juego infantiles pueden magnificarse con la intervención de los adultos. La psicóloga clínica y escolar Susana Alba nos ofrece algunas claves

Guía para padres (O abuelos) en el parque ¿actuar o dejar hacer?
Susana Alba Cardeli
SUSANA ALBA CARDELI

Hablar de niños y adolescentes hoy en día es referirnos a ellos como la 'generación digital': menores pegados a las pantallas azules de todo tipo de dispositivos, llámese tabletas, consolas, o, incluso, smartphones. Estos también ejercen una función positiva sobre nuestros hijos, pero, en ningún caso, pueden sustituir las tardes en el parque, donde poder jugar al aire libre, relacionarse de manera más directa con sus iguales, liberar tensiones, aprender a través del juego, expresar emociones, y , en definitiva, divertirse y experimentar.

Los parques son, por tanto, esos lugares de ocio donde se reúnen padres y madres, abuelos, cuidadores, adultos que no siempre disfrutan de igual manera que los pequeños. Lugares en los que pueden surgir ciertos conflictos o roces, instantes de tensión por el que se cuela en el columpio, o el que le suelta una patada a otro sin motivo aparente. Y entonces surgen las dudas: ¿Cómo actuar en esos casos? ¿Es mejor quedarse en un segundo plano o debemos 'lanzarnos' al ruedo e intervenir? En verdad, sólo con intensificar nuestro sentido común, y potenciar nuestro autocontrol, conseguiremos salir airosos de cualquier situación 'comprometida'.

Guía en seis pasos para 'comportarse' en el parque:

1.

¿Qué deben hacer los padres cuando llevan los niños al parque?

Cada familia es un mundo y las formas de actuar muy variadas. Por lo general, algunos padres permanecen en el parque hablando con otros progenitores o distraídos con ela lectura o el móvil, mientras que otros ejercen una supervisión demasiado directa, llevados más por una hiperprotección de los pequeños. Como en todas las áreas de la psicología infantil, las posturas intermedias siempre serán las más acertadas. Sería más conveniente realizar alguna actividad (hablar con otros adultos, leer un libro, escuchar música,….) y al mismo tiempo, observar en un segundo plano cómo actúa nuestro hijo, cómo se relaciona con los demás, o si está teniendo cualquier problema, que, en principio, seguramente se tratará de conflictos normales entre niños pequeños, la mayoría de los cuales se resolverán sin necesidad de nuestra intervención como adultos.

2.

¿Cómo debemos actuar si otro niño pega al nuestro?

Nuestra recomendación siempre iría en la misma dirección: deberíamos diferenciar aquellos lances más o menos normales entre niños, que están aprendiendo aún a compartir juguetes, a asumir normas de los juegos, o esperar turnos, de una situación de 'desequilibrio' de fuerza, esto es, cuando nuestro hijo puede correr peligro físico o no posea herramientas aún para afrontar esas situaciones. Evidentemente en estos últimos casos, debemos intervenir como adultos responsables, siendo conscientes de que somos modelos de conducta y ejemplo para los pequeños.

Nos acercaremos al lugar del conflicto de manera calmada y tratando de guiar el proceso, sin enfadarnos: dando estrategias de diálogo y retirada ante una situación de ese tipo. Llevar a nuestro hijo a un sitio más apartado y decirle, por ejemplo: «debes decirle a ese niño que no te gusta que te peguen y que no quieres jugar con él de esa forma». Y si la situación continúa, ofrecer siempre seguridad al niño y marcharse a otra zona del parque. No sólo aprenderá que no se debe pegar sino que, por encima de esto, nadie debe soportar ninguna clase de agresión, ni física ni verbal. Recordar que nuestra intervención deberá ir siempre hacia nuestro hijo exclusivamente, nunca hacia el otro menor.

3.

¿Y si es nuestro hijo quien pega o empuja a otro niño?

En este caso debemos tratar de seguir siempre los mismos pasos. En primer lugar, debemos llevar al niño a un sitio más apartado, lejos de ruidos y demasiada estimulación. Tratar de que se calme o 'enfríe' el enfado o la excitación emocional porque de nada serviría establecer un diálogo con él en plena rabieta o descontrol emocional, ya que su cerebro se encuentra absolutamente cerrado. Preguntarle qué ha pasado e intentar «empatizar» con los sentimientos del otro niño, cómo puede sentirse y sobre todo, cómo se sentiría él si le hubiera ocurrido lo mismo, para que trate de no repetir esas conductas. En último lugar, tratar de enmendar de alguna forma su comportamiento, por ejemplo, pedir disculpas o reparar algo que ha estropeado.

Es importante como padres guiar a nuestros hijos en la manera de resolver problemas, un aprendizaje que les servirá en muchos momentos de su vida diaria, tanto en el parque como en el colegio. Es un camino largo y constante, ya que debemos tener en cuenta que todas estas capacidades dependen en gran parte de su maduración cerebral, de su propio carácter y podemos estar exigiendo control emocional, cuando por edad es imposible que puedan tenerlo aún.

4.

¿Qué pasa si otro padre llama la atención a nuestro hijo?

De nuevo, prudencia y tranquilidad. Es evidente que a nadie le gusta escuchar una crítica acerca de su hijo, pero siempre debemos tener en cuenta el tono de esa crítica y las formas de abordarla. Cuando hablemos con otros padres intentaremos hacerlo de manera tranquila, empatizando con la situación que nos comenta y nunca hacer juicios de valor hacia el otro niño, intentando ser lo más objetivos posible. Los estilos educativos de los padres suelen ser muy dispares, y lo que a ti te puede resultar de «lógica o sentido en común» puede estar muy alejado del pensamiento del otro padre. No fomentar actitudes defensivas y tener en cuenta que estás actuando delante de tu hijo por lo que también está aprendiendo cómo salir reforzado de esa situación.

«Los niños aprenden más a través de nuestros actos que de nuestras palabras»

5.

¿Y si nadie quiere jugar con nuestro hijo?

No todos los niños poseen buenas habilidades sociales o de relación. Algunos son más tímidos e inhibidos, y tienden a quedarse en un segundo plano, necesitando un pequeño empujón para participar en los juegos. Como todas las habilidades, los padres deben saber qué se puede entrenar. No debemos esperar a que otro menor le diga a nuestro hijo si quiere jugar, porque muchas veces están absortos en la actividad y no se percatan de que otro niño está mirando.

Podemos disponer de diferentes trucos para que el pequeño se integre en los juegos de los demás: por ejemplo, incitar a nuestro hijo que les diga a los otros «yo también quiero jugar», haciéndolo de una forma decidida, sin preguntar. O que se presente, diciendo como se llama y que él quiere jugar también. Otra forma sería que los padres ofreciesen fórmulas de hacerlo: «puedes acercarte y preguntar a qué colegio van, o si les gusta el fútbol, si coleccionan los mismos cromos...». O que el niño lleve un balón o un juguete que sirva de introducción a un diálogo con los demás, o que proponga una actividad más novedosa que invite a la participación. Son pequeñas ayudas que a tu hijo le servirán para saber cómo entablar una conversación, cómo conocer a niños nuevos, y sea capaz de darse cuenta de que resulta fácil disfrutar en grupo.

6.

Mi hijo también disfruta jugando solo.

No todos los niños son iguales ni a todos les gustan los mismos juegos. Existe una variedad maravillosa. Algunos pequeños tienen intereses más particulares, o les gusta observar, otros son más creativos y juegan con su imaginación sin necesidad de juguete alguno, inventándose historias o aventuras. En otros momentos, también se relacionan con los demás y disfrutan igualmente de actividades compartidas. No debemos preocuparnos de estos comportamientos, siempre que dichos intereses o juegos en solitario, no les aíslen demasiado de otros niños o traten de dirigir los juegos de los otros, hablando siempre de los mismos temas. También existe niños que son muy inquietos y activos, que no son todavía capaces de mantener la atención demasiado tiempo por lo que enseguida se cansan y se marchan a otro tipo de actividades. El mensaje como padres en estos casos, siempre será el de aceptar la diversidad, que no a todos nos gustan los mismos juegos, que es muy positivo estar abierto a descubrir nuevas actividades o propuestas, lo que les permitirá una mejor adaptación social.

En definitiva, como padres recordar que durante la infancia de nuestros hijos, nos convertimos en sus referentes, sus modelos a seguir, por lo que debemos tratar de «pararnos y pensar» antes de actuar. Sé muy bien que los psicólogos damos consejos que parecen muy sencillos de aplicar y llevar a cabo, pero que en la práctica, a todos nos resulta más complicado. No podemos desistir, debemos seguir intentándolo. Los niños aprenden mucho más a través de nuestros actos que de nuestras palabras.

 

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