El Día del Padre: una polémica paternidad

No cayó bien entre las aun maltrechas familias españolas el que, recién abandonada la posguerra, una nueva fiesta más viniera a imponerse en el calendario

El Día del Padre: una polémica paternidad
Arantxa Margolles Beran
ARANTXA MARGOLLES BERAN

No cayó bien entre las aun maltrechas familias españolas el que, recién abandonada la posguerra, una nueva fiesta más viniera a imponerse en el calendario en el que las fiestas de guardar ya igualaban casi a las de gastar. ¡Pero era necesario, aseguraban! En 1953, el Día de la Madre, que caía aún en ocho de diciembre, situaba a la familia en clara desigualdad de oportunidades, a tenor de lo que aseguraban las campañas de Galerías Preciados, las que levantaron la liebre: y el padre, ¿qué? En otros países europeos, es cierto, los hijos obsequiaban a sus progenitores con regalos uno u otro día del año, y la experiencia, además, ya había sido probada con relativa fortuna en 1948.

Aquel año, según afirma el primer anuncio de la historia del Día del Padre en España (lo publicó el ABC, en portada, el trece de marzo del 53, y lo firmaba Galerías Preciados), una profesora llamada Manuela 'Nely' Vicente había organizado un homenaje a los papás en el colegio que dirigía, el Santo Ángel de Vallecas (Madrid), haciéndolo coincidir con la festividad del padre más famoso de todos los tiempos: San José. Y claro. El negocio estaba sobre la mesa, recién salido del horno y esperando que algún empresario sagaz decidiera hacer uso de él.

Sería un moscón quien se llevaría el gato al agua. Pepín Fernández, ilustre asturiano cuyo instinto raposo para los negocios había madurado al calor de los almacenes El Encanto, que en La Habana regentaba su primo Don Cesáreo, se había convertido en uno de los empresarios más prósperos del país tras diez años llevando las riendas de Galerías Preciados, eterna rival, pero también amante, de El Corte Inglés. Pepín y Ramón Areces, también moscón, eran parientes lejanos y se conocían tan bien como conocían las oportunidades de negocio en aquella España que comenzaba a despertar de su negro y largo letargo, que quería vivir, sentirse rica, resucitada de sus fantasmas.

Así que ambos, Galerías Preciados primero y escasas semanas más tarde también El Corte Inglés, presionaron, aquel marzo del 53, por añadir una nueva fiesta al almanaque. No habían sido los primeros (ya El Palacio de las Camas, sito en la madrileña plaza del Ángel, 6, defendía la existencia del Día del Padre en 1950, para que los progenitores «pintasen algo en tan emotivo origen genealógico»), aunque sí los que tuvieron más medios para conseguirlo, y lo consiguieron. De ahí la sorna que, aun en 1957, coleaba en las páginas de EL COMERCIO, concretamente en las dedicadas a la mujer: «Marzo», ironizaba el periódico el día 10, «Día del Padre, impuesto en el calendario por el hombre».

Y más: «Ellos, los hombres, también han creado su día. ¿Qué te imaginabas? Los hombres conocen sus derechos». Para seguir comprendiendo el parrafito es necesario saber que en aquellos tiempos no podía la mujer abrir una cuenta bancaria propia, o administrar un bien, o suscribir un contrato, sin la autorización del marido. «Sé», ironizaba EL COMERCIO, «que si no es con dinero suyo nada puedes comprar, pero hay que hacerlo… (…) Esmerándote ese día en el menú, poniéndole mejor cara, olvidando la última perrería que te hizo…».

No, no fue en los primeros años el del Padre un día excesivamente popular, quizás por haber sido demasiado obvio lo mercantilista de su creación o por coincidir muy cerca de otras fiestas de desembolso económico, Ramos y el Bollo. Y así lo denunciaba el gijonés «Voluntad» en 1954: «El comercio siempre en busca de un señuelo para atraer compradores, ha ideado la celebración del Día del Padre, que se conmemorará el 19 de marzo (…) Hay que, pese a que nosotros, los padres, seamos luego los beneficiarios del tirante o el calcetín, de la corbata trasnochada o de los zapatos tuertos, en definitiva, seremos nosotros quienes lo pagaremos todo, con lo que el beneficio no parece por parte alguna»

Acababa proponiendo la columna que se sustituyese el nombre de 'Día del Padre' por el de 'Día del Primo', pero no había nada que hacer: aquello había venido para quedarse. Para cuando murieron, valga la redundancia, sus padres (Pepín en 1982, Ramón en el 89), ya nadie cuestionaba la fiesta, ni el desembolso, ni el derecho del progenitor a la hora de ser agasajado como también lo era, ese día, festejado el putativo José. Un triunfo en toda regla.