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La minería del futuro está en la Luna

El popular satélite, además de tener a priori minerales de tierras raras muy cotizados para la tecnología, alberga toneladas de agua esenciales para llegar luego a Marte

La minería del futuro está en la Luna
SR. GARCÍA
JOSÉ A. GONZÁLEZ

El pasado 20 de julio se cumplió medio siglo desde la ya famosa frase que pronunció Neil Alden Armstrong: «Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad». Desde entonces, la carrera espacial se ha acelerado con nuevos actores y muchas empresas privadas, aunque todas con un objetivo: Marte.

A finales de los años 60, la lucha se centraba entre Estados Unidos y la URSS (hoy Rusia). Ahora a la batalla se suman, entre otros, Europa, China, Space X, Deep Space Industries y Planetary Resources; esta última es una compañía estadounidense respaldada por Richard Branson (Virgin) y el cofundador de Google Larry Page.

Sin embargo, la fiebre por viajar más allá de la atmósfera terrestre tiene un objetivo al que la NASA ya puso cifra: 100.000 millones de dólares por habitante de la Tierra. Esta es la cifra estimada respecto al total de los recursos minerales fuera del planeta. «Traer material a la Tierra es tan caro que aún no vale la pena», señala a este diario Detlef Koschny, experto de la Agencia Espacial Europea (ESA).

En el Sistema Solar se puede encontrar mucha chatarra espacial aunque también oro, platino e incluso agua. «Los asteroides tienen una composición, en general, muy similar a la de la Tierra porque se formaron en zonas similares», explica José Luis Galache, cofundador y CTO de la firma Aten Engineering.

Muchos son restos de la formación de otros planetas pero, hasta la fecha, solo se han estudiado sus órbitas para evitar que choquen con la Tierra. EE UU y Europa ponen sus miradas en que estas «grandes rocas» no se crucen en la traslación del planeta.

Más allá va la compañía de Galache. «Creemos que para que la humanidad se pueda expandir por el Sistema Solar necesitamos usar los recursos que hay en el espacio y antes de hacerlo hay que saber lo que hay y cuánto».

Hablamos de «16.000 asteroides cercanos a la Tierra que se han descubierto. Son sólo los más próximos porque los más famosos se encuentran entre Marte y Júpiter, donde conocemos más de 700.000», destaca Galache.

Las investigaciones han clasificado los asteroides en tres tipos principales: C (carbonáceos), S (silicatos) y M (metálicos). « Inicialmente, la gente no quería extraer minerales normales sino de tierras raras, como el platino o el cobalto, necesario para las baterías de iones de litio. Hoy en día se habla también de un importante no mineral: el agua», afirma Koschny.

Los de tipo C, carbonáceos, se encuentran en la zona exterior del cinturón principal de asteroides y son los más comunes; se cree, además, que su composición es la más aproximada a la del Sol. Los de tipo S, por su parte, son más frecuentes en las regiones interiores del cinturón, cerca de Marte, mientras los M ocupan las zonas medias.

Los asteroides de tipo M, por ejemplo, están compuestos por hierro en un 80%, mientras el 20% restante se reparte entre níquel, platino, oro, iridio, paladio, magnesio, rodio, osmio y rutenio. El iridio, por ejemplo, es difícil de encontrar en la Tierra porque su alta densidad y su tendencia a unirse con el hierro hace que se «hunda» muy por debajo de la corteza terrestre. El platino, por su parte, es el metal más caro del mundo.

Gasolinera espacial

En pleno aniversario de la llegada a la Luna, la carrera se calienta pero con otro objetivo: Marte. «Todas las rocas contienen un pequeño porcentaje de agua. Es más fácil de extraer que los minerales o metales, y podría usarse como combustible para cohetes», apunta el experto de la Agencia Espacial Europea.

Esa es la idea de la firma estadounidense Shackleton Energy Company (SEC). «La Luna tiene la particularidad de que ha sido bombardeada durante millones de años por cometas y asteroides. Entonces se ha acumulado agua debido a estos impactos y tiene ciertos cráteres sobre todo en los polos», apunta Galache.

Tecnológicamente «estamos preparados», anuncia Detlef Koschny. En primer lugar se pueden traer las rocas y procesarlas, «algo técnicamente factible pero súper caro». La opción B es extraer los minerales 'in situ': «puede ser tan simple como calentar la roca y atrapar el agua a medida que se evapora».

La SEC tienen entre sus planes extraer el hielo de los polos lunares, instalando allí estaciones mineras operadas por humanos y robots. Los banqueros de Goldman Sachs publicaron en la primavera de 2018 un informe que ponía cifra a esa aventura espacial. «»Es probable que las sondas de prospección puedan construirse por decenas de millones de dólares cada una y Caltech ha sugerido que una nave espacial para minar asteroides podría costar 2.600 millones de dólares (unos 2.320 millones de euros)», se explica en el texto. «Obviamente se necesitarían inversiones multimillonarias para llevar el instrumental necesario a esos mundos», puntualiza Josep María Trigo, investigador principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE, CSIC-IEEC).

Los intentos por extraer recursos como oro, platino y tungsteno no pasan aún de simples pruebas. «Creo que vamos a tardar muchas décadas en llegar a una minería a gran escala», destaca el cofundador de Aten Engineering.

La clave del éxito puede pasar por la locura de hombres como Jeff Bezos o Elon Musk, fundadores de Amazon y Tesla, respectivamente. «Bezos invierte 1.000 millones de dólares al año en su compañía Blue Origin». Por su parte, Space X, propiedad de Musk, «tiene muchos contratos con la NASA, pero necesita capital».