Los últimos de la minería

El próximo año, solo el pozo San Nicolás extraerá carbón en Asturias. A pesar de ello, la comarca del Caudal vive con angustia el cierre de la mayor parte de las explotaciones y pide alternativas

Trabajadores en la jaula del pozo San Nicolás, en la localidad mierense de Ablaña./JUAN CARLOS ROMÁN
Trabajadores en la jaula del pozo San Nicolás, en la localidad mierense de Ablaña. / JUAN CARLOS ROMÁN
Paloma Lamadrid
PALOMA LAMADRIDGijón

Josefina Alba Fernández lleva casi tres décadas detrás de la barra del Hostal La Peña. Su ubicación, enfrente del Lavadero Batán, lo convierte en un lugar de paso para trabajadores de distintos ámbitos. «Vivimos la construcción de la autopista, que nos dio mucha vida cuando abrimos y ahora bajó mucho», lamenta. «Ahora subsistimos», resume con resignación. La hostelera asegura que «se nota la falta de actividad» al hacer caja porque el flujo de clientes ha descendido de manera notable desde que el negocio abrió sus puertas.

Así, en el Lavadero Batán quedan algo más de setenta trabajadores y suman poco más de 300 en el pozo San Nicolás, situado en la localidad mierense de Ablaña. En el resto del Caudal, solo queda abierto otro yacimiento, el Santiago, en el concejo de Aller, con una cifra algo menor. A la caída en picado de la actividad en la minería de carbón se suma «que hay menos obras en la zona» -lo que conlleva una merma en el número de camioneros- y el cierre de Mieres Tubos, muchos de cuyos trabajadores acudían a diario a comer al hostal. Las estadísticas avalan la percepción de Josefina Alba. En 1990, en la comarca del Caudal, 10.755 personas trabajan en el sector industrial, según la información recogida por la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei). En 2017, eran 3.165, lo que supone una caída del 70,5%. Este desplome se debe al cierre de las minas de carbón -un goteo continuo desde la década de los ochenta- y a las empresas del sector metal.

Javier Díaz y Rubén Trabanco
Javier Díaz y Rubén Trabanco

Javier Díaz | Mantenimiento en Batán

«Nos dicen que nos encargaremos de desmantelar los pozos, pero nada más»

Rubén Trabanco | Minero de interior

«En quince años pasé por una docena de minas españolas, hasta por una de mercurio»

La falta de actividad se ha traducido en una sangría poblacional, como evidencian los datos recopilados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Así, el mayor concejo del Caudal, Mieres, perdió un 23,2% de habitantes desde 1998, al pasar de 50.760 a 38.962. El resto de municipios de la comarca también registra una tendencia negativa. Aller es el que peor parado sale, al menguar un 31% en las últimas dos décadas hasta quedarse con 11.027 vecinos. Asimismo, Lena sufrió una merma del 19,8%, de modo que su población es de 11.278 personas, según la actualización más reciente del INE, del 1 de enero de 2018. Por último, Morcín tiene 2.066 habitantes (-11%) y Riosa, 1.991 (-24,4%).

El problema de las contratas

En una mesa del hostal La Peña se encuentran Javier Díaz y Rubén Trabanco. Es un lugar habitual para ellos, ya que el primero trabaja en labores de mantenimiento dentro del Lavadero Batán y el segundo, en minería de interior en el pozo San Nicolás. Ambos forman parte de los 450 empleados de contratas y subcontratas vinculados a Hunosa (Carbomec, Acciona, Satra e Imsa).

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Este colectivo es el más débil en todo este proceso, ya que no puede acogerse al plan social acordado por lo sindicatos y el Ministerio para la Transición Ecológica, reservado para las compañías propietarias de yacimientos de carbón. Así las cosas, los trabajadores de las contratas de la hullera no han dudado en salir en la calle para reclamar un remedio. En la negociación del nuevo plan de empresa, sindicatos y patronal acordaron mantener los puestos indirectos, pero el documento no establece el horizonte temporal.

«Ahora aplazan la incertidumbre a dentro de un par de años, tres como máximo», explica Díaz, de 31 años y vecinos de Cabañaquinta, que estrenará paternidad en 2019. Por ahora, reina la duda más absoluta. «En mi empresa nos dijeron que el 15 de enero se paralizan los contratos con Hunosa», apunta Trabanco, que desconoce si esta circunstancia cambiará a raíz del preacuerdo alcanzado la semana pasada. A sus 38 años, este gijonés -aunque vecino de Nava- lleva quince ligado a la minería. Nacido en La Camocha, no trabajó en la histórica mina alrededor de la cual se construyó el poblado. En cambio, ha pasado por una docena, «hasta por una de mercurio de Ciudad Real».

Iván Martín y Pablo Asensio
Iván Martín y Pablo Asensio

Iván Martín | Experto en control ambiental

«Todos mis compañeros de la Escuela de Minas se fueron porque no hay donde colgar el candil»

Pablo Asensio | Vigilante de explosivos

«Llegaron empresas con los fondo mineros y a los cinco años, cuando se agotaron, cerraron»

Para estos trabajadores es fundamental el desarrollo de la hoja de ruta que adoptará la hullera pública. Temen las consecuencias derivadas del cierre de los pozos Carrio y Santiago porque, aunque Hunosa les promete mantener sus empleo, consideran que terminará por acometer una reorganización de la plantilla. «Si cierran otros pozos, moverán a la gente a nuestros puestos», señala Trabanco. Por su parte, Díaz pone de relieve que cuando empezó a trabajar en el Lavadero Batán hace una década los empleados de contratas eran entre 50 y 70 y los de plantilla otros tantos. «Ahora hay medio centenar indirectos y entre quince y veinte de Hunosa, de los cuales la mayoría son vigilantes y capataces.

«Del planteamiento que hagan va a depender que la empresa pueda absorber a los trabajadores que quedan», apunta Díaz. A su juicio, es imprescindible que la hullera se ponga manos a la obra con la diversificación. «De momento, nos dicen los sindicatos que nos encargaremos de desmantelar los pozos que van a cerrar y que no serán menos de dos años, pero nada más», señala. Su única certeza es que su empresa le ha dicho que en mayo se acaba el contrato con Hunosa. Este joven allerano tiene claro que, si Hunosa deja de extraer el mineral, «la gente se va fuera». Así las cosas, los empleados de las contratas han formado una plataforma para luchar por sus puestos de trabajo, de la que forman parte Díaz y Trabanco. «Vamos a seguir peleando», recalcan sin un ápice de duda.

«Cero reindustrialización»

También la «incertidumbre» se respira en el día a día de los trabajadores de la compañía minera. «La catástrofe viene de atrás, es la muerte total de las cuencas porque ha habido cero reindustrialización», afirma Iván Martín, mierense de 40 años que trabaja como especialista en gestión ambiental en el pozo San Nicolás. En su doble condición de trabajador de Hunosa, donde lleva más de dos décadas, y oriundo del Caudal lamenta la falta de oportunidades que hay en la zona. «Estudié en la Escuela de Minas y todos mis compañeros se fueron de aquí porque no hay donde colgar el candil», detalla Martín. «Los fondos mineros los robaron a manos llenas los sindicatos, los ayuntamientos, las empresas...», asegura Pablo Asensio, de 36 años y vigilante de explosivos en el pozo San Nicolás. Nacido y residente en Turón, considera que «es el caso más sangrante porque es el pueblo minero por excelencia».

«Es un cementerio viviente. Llegaron empresas con las ayudas de los fondos mineros y a los cinco años, cuando se agotaron, cerraron», remarca. Apunta que, cuando era niño, el valle de Turón llegó a tener 25.000 habitantes, mientras que ahora ronda los 3.600. Un descenso poblacional que se percibe a simple vista en las aulas del colegio público de la localidad mierense. «Éramos 25 guajes en cada clase cuando iba yo y ahora son ocho o nueve», especifica Asensio. Respecto al plan de empresa de Hunosa espera que «por lo menos sea una muerte digna», que deje cubiertos a los trabajadores. «Necesitamos que se abra un abanico de posibilidades para toda la gente de las cuencas», subraya Martín, mientras que Asensio critica que los ciudadanos pagan las decisiones políticas. «Da igual el Gobierno que esté, a los mineros siguen dándonos las migajas; sacaron los votos que quisieron y ahora que el carbón los quita estamos así», apunta.

A pesar de los obstáculos, ellos se resisten a dejarse vencer. «Yo no quisiera marchar de aquí por nada del mundo porque lo más justo es poder quedarse», destaca Martín. Espera no tener que seguir el camino de sus compañeros en la Escuela de Minas y hacer las maletas.