«Somos guerreros, luchamos por el pan de nuestra familia»

Compañeros de las contratas, vecinos y familiares aplauden a Fabián Fernández, Adrián Neira, Borja Fernández y Omar Fernández al término del encierro en el Pozo Santiago. / PARDO
Compañeros de las contratas, vecinos y familiares aplauden a Fabián Fernández, Adrián Neira, Borja Fernández y Omar Fernández al término del encierro en el Pozo Santiago. / PARDO

Los mineros de las contratas critican la «brutal» presión de la empresa y se felicitan por haber logrado garantizar los empleos hasta 2021 | Los cuatro encerrados en el Pozo Santiago agradecen el apoyo recibido

LAURA CASTRO GIJÓN.

Decidieron abandonar su encierro en el Pozo Santiago por la presión «brutal» de la empresa, pero también porque su objetivo, o una parte al menos, estaba conseguido. Los cuatro mineros de las contratas implicados en las protestas -el quinto abandonó el pozo el viernes-querían hechos, una garantía de que ellos estaban tan protegidos como los trabajadores que integran la plantilla de Hunosa. Y los consiguieron. Los ingenieros les confirmaron que el presidente de la empresa pública y los sindicatos habían firmado el mantenimiento de todos los empleos de las subcontratas -más de 300-, como mínimo, hasta 2021. Y ellos lo comprobaron con sus propios ojos.

SOMA-Fitag-UGT y CC OO ya habían anunciado el viernes que existía un preacuerdo que garantizaría sus puestos de trabajo, pero los mineros no se conformaban con las intenciones y querían ver el trato sellado. «Las palabras se las lleva el viento. Ahora ya está legalmente firmado y pueden llevarlo a Europa para que se apruebe», explica Fabián Fernández, uno de los mineros del encierro. Cuenta que la presión que ejerció la empresa para sacarlos del Pozo Santiago fue «brutal» y critica su manera de proceder. «Nos amenazaron con sanciones de disparate, nos cortaron los teléfonos...», señala. De hecho, accedieron a salir porque la empresa se comprometió a no tomar represalias contra ellos.

Fabián cuenta que el resto de compañeros de las contratas que aguardaban en el exterior les habían llevado mantas para pasar la noche, pues la primera solo tenían cartones, pero los ingenieros de Hunosa no les dejaban meterlas. «El trato fue vejatorio. No puedo estar más orgulloso de mis compañeros que se encararon con ellos para bajarnos las mantas. Su apoyo fue incondicional», relata Omar Fernández.

Están indignados por lo vivido en poco más de 24 horas de encierro. Aseguran que la empresa convocó a sus respectivos familiares a una reunión para advertirles de las consecuencias que tendrían las protestas y así ejercer aún más presión sobre los trabajadores. También les cortaron por momentos la luz y solo tenían comunicación teléfonica con los ingenieros. «Somos guerreros, luchamos por el pan de nuestra familia. No hemos matado a nadie como para que nos trataran así», critica Fabián, quien lamenta que «siempre somos la moneda de cambio, como toda la vida y es muy triste».

Cargan, asimismo, contra los sindicatos, pues consideran que les dejaron «de lado» en las negociaciones. «Tienen que tratarnos a todos por igual, no puede haber privilegios. Aquí no existen los mineros de primera ni de segunda. ¿No se supone que la transición energética tiene que ser justa para todos?», remarca Adrián Neira, otro de los implicados en la protesta. Su malestar es compartido por el resto de mineros del encierro, quienes aseguran que los sindicatos no se ocuparon de ellos ni cuando permanecían en el pozo. «No tuvieron ni la vergüenza de preguntarnos si necesitábamos algo», incide Borja Fernández.

Sin embargo, los representantes sindicales de SOMA-Fitag-UGT y CC OO de Industria que lideraron la negociación con la empresa insisten en que en todo momento se trató de asegurar la actividad y los puestos de trabajo, incluidos los de la subcontratas. «Si tenemos garantizado el futuro de Hunosa, se está de manera inherente garantizando el futuro de las subcontratas», incidió el viernes José Luis Alperi, secretario general del SOMA.

Por su parte, Rubén García, secretario de CC OO en Hunosa, explica que la única diferencia entre el preacuerdo alcanzado el viernes y el papel que vieron los cuatro encerrados del pozo es la firma, pues en todo momento se apostó por el mantenimiento de todos los empleos de las subcontratas.

Arropados

Lo mejor, dicen los cuatro mineros del encierro, fue salir y ver a vecinos, amigos, familiares y compañeros de trabajo apoyándoles. «Eso nos da muchísima fueza a todos», reconoce Adrián. Alguno de ellos, como Borja, aún no se cree lo vivido estos últimos días. «No salgo de mi asombro. Fue una pasada salir y ver a tanta gente volcada con nosotros, apoyándonos... No tengo ni palabras para describirlo», indica.

A pesar de que consideran que el resultado ha sido una pequeña victoria, son conscientes de que aún le squeda mucho por pelear. «Quieren cerrar el pozo de Aller y si lo hacen, el concejo directamente se muere», advierte Borja, quien añade: «No vamos a permitirlo, seguiremos presionando con todo lo que podamos». Mañana, de hecho, volverán al Pozo Santiago a las 12 horas para seguir mostrando su rechazo al cierre.