Peter Brook, Premio Princesa de Asturias de las Artes: «Sin el arte, la vida no tiene interés»

A sus 94 años, el dramaturgo británico está considerado el mejor director teatral del siglo XX y el gran renovador de las artes escénicas

Peter Brook, flamante Premio Princesa de las Artes 2019, en el coliseo parisino Bouffes du Nord, templo de su creación. / LIONEL BONAVENTURE / AFP
Peter Brook, flamante Premio Princesa de las Artes 2019, en el coliseo parisino Bouffes du Nord, templo de su creación. / LIONEL BONAVENTURE / AFP
AZAHARA VILLACORTA OVIEDO.

A Peter Brook (Londres, 1925) la noticia de la concesión del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2019 le pilló sobre las tablas en Suiza, donde ensaya su último espectáculo, 'Why', un cara a cara entre dos intérpretes que se preguntan por qué han consagrado toda su energía al teatro y que alzará el telón el próximo mes de junio. Y la recibió «profundamente ilusionado, con la alegría de un niño. Casi era posible imaginárselo dando saltos sobre el escenario», desveló el actor barcelonés José María Pou, uno de los miembros del jurado encargados de comunicarle la buena nueva al director y dramaturgo británico afincado en París.

Ese mismo jurado eligió su candidatura -propuesta por el periodista y escritor Antonio Lucas- entre cuarenta llegadas de diecisiete países, estrenando la nómina de premiados de esta XXXIX edición de los Princesa, y lo hizo prácticamente por unanimidad. Porque, a estas alturas de la función, nadie duda ya de que Peter Brook es una piedra angular de la escena del último siglo, curtido además en el cine, la ópera y hasta en la tele, porque lo que le interesa -admite- es la «exploración de la vida». Un hombre que, en palabras del director y actor Etelvino Vázquez, «podía haber elegido el teatro comercial, pero eligió el teatro verdad. Por eso es un gigante que nos ha marcado a todos».

Así lo constata el acta leída por el director del Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza, al filo del mediodía, en el ovetense Hotel de la Reconquista, que habla de un «maestro de generaciones, considerado el mejor director teatral del siglo XX», además de reconocer a «uno de los grandes renovadores de las artes escénicas, con montajes de alto compromiso estético y social, como fueron en su día 'Marat-Sade' y 'Mahabharata'», basado en una gran epopeya india, de seis horas de duración, que supuso su consagración definitiva y que se pudo ver en España en 1985. Dos títulos revolucionarios que marcarían un punto de inflexión en la historia del teatro.

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Pero no solo eso, porque «Peter Brook abrió nuevos horizontes a la dramaturgia contemporánea al contribuir de manera decisiva al intercambio de conocimientos entre culturas tan distintas como las de Europa, África y Asia» y «continúa emocionando de forma intensa a través de puestas en escena de gran pureza y simplicidad, fiel a su concepto de 'espacio vacío'».

Su tratado del mismo título, publicado en 1968, de lectura obligatoria en las escuelas de arte dramático de todo el mundo, un texto fundacional del teatro moderno traducido a más de quince idiomas, lo ha convertido también en una leyenda mundial de la teoría de la escena por mucho que deteste que le traten como tal: «No me veo así. Solo trato de hacerlo siempre lo mejor que puedo. Nada más».

Así que sus primeras palabras, ayer, sonaban sinceras: «Es una alegría caída del cielo. Gracias, gracias, gracias. Gracias es una palabra bonita. Estoy profundamente emocionado por recibir el Premio Princesa de Asturias. Desde mi primera visita hace ya muchísimos años, España ha ocupado un lugar muy, muy especial en mi corazón. He viajado de norte a sur, de este a oeste, tanto por trabajo como por placer. Y en cada viaje he encontrado muchas cosas nuevas y maravillosas. Es un gran honor haber sido galardonado con este prestigioso premio. Estoy profundamente agradecido a todos ustedes», recalcó el londinense, que adelantó que, si la salud se lo permite, «por supuesto» que acudirá a la ceremonia de entrega de los galardones que se celebrará en octubre en el Campoamor.

Será uno de los premiados más venerables de cuantos se recuerden, dueño de una biografía que lo ha llevado a girar por los escenarios de toda Europa y de países como India, Sudáfrica o Irán, de cuyos espectáculos ha bebido siempre.

Hijo de judíos rusos emigrados a Inglaterra, Brook realizó sus primeros montajes con apenas veinte años y entre 1947 y 1950 asumió la dirección de la Royal Opera House de Covent Garden, abordando a los autores en boga, de Genet a Cocteau pasando por Sartre.

En 1962, fue nombrado director del Royal Shakespeare Theatre, que abandonó en 1970 ante la prohibición de trabajar con actores internacionales y después de haber presentado las obras de Shakespeare -de quien se confiesa devoto- con un enfoque rompedor.

Ya en 1971, estableció su residencia en París y fundó el Centro Internacional de Investigación Teatral, la compañía con la que ha recorrido el planeta desde entonces, con su epicentro en el Bouffes du Nord, un viejo coliseo del XIX abandonado donde optó por conservar su espíritu decadente como una metáfora del arte sin artificios, del teatro desnudo, basado en el trabajo actoral, de la vuelta a la pureza de los orígenes, y hoy considerado un templo de las artes escénicas donde sube a las tablas el resultado de sus audaces investigaciones teóricas.

Caballero de la Legión de Honor francesa y comandante de la Orden del Imperio Británico, Peter Brook es por derecho propio doctor honoris causa por varias universidades y miembro honorario de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Una nómina casi inabarcable de reconocimientos que incluye varios Tony, Emmy o Molière, el Laurence Olivier, el Premio Europa, el Nonino, el Kioto de Artes Creativas y Ciencias Morales, el Gran Premio de la Escena de la Villa de París, el Praemium Imperiale, el Dan David, el Ibsen Internacional, el Molière de Honor y, ahora, el Princesa de Asturias de las Artes.

«Seguiré trabajando mientras pueda ser útil», prometió ayer un hombre que es puro teatro. Porque «la vida sin arte no tiene interés. Esas mismas artes que en cualquiera de sus declinaciones pueden acercar y ayudar a la gente». A la vanguardia a sus 94.