Bob Dylan, un maestro con clase

El legendario artista norteamericano desgranó un repertorio que incluye conocidos temas de toda su carrera en su concierto en Bilbao, última parada antes de actuar mañana en Gijón

Bob Dylan, junto a su banda, al inicio del concierto que ofreció anoche en Bilbao. /
Bob Dylan, junto a su banda, al inicio del concierto que ofreció anoche en Bilbao.
NATXO ARTUNDO

Dylan recaló ayer en Bilbao. El público, en torno a las 5.000 personas según la organización, estaba relajado y acudía poco a poco a la pista y las gradas del BEC. La gente peinaba canas en la mayoría de los casos, aunque aquí y allá aparecían rostros jóvenes que daban el contrapunto y equilibraban la media de aficionados con solera. Insistían por megafonía en que no se sacaran fotografías ni con el móvil, bajo amenaza de expulsión del recinto, pero ya había audaces que no se resignaban y anunciaban que iban a dar guerra con su smartphone.

Empezó con el piano allá en su pueblo, Hibbing, y el genio de Minnesota -que según confesó años después quería emular a Little Richard- parece haber dejado de lado su imagen de artista guitarra en mano. Al menos, esta es la apuesta de Dylan en su actual gira, que mañana le trae al Palacio de Deportes de Gijón (21 horas), donde a través de un repertorio lleno de temas conocidos de todas sus épocas, recorre estilos desde el blues o el folk al rock o el gospel, pasando por guiños al country o a las baladas clásicas. Eso sí, tiene claro que el público quiere escuchar las canciones que han hecho del artista quien es, así que el Nobel de Literatura desgrana un variado muestrario de imaginería dylaniana. No podrían faltar esos desfiles de cuadros surrealistas como en 'Highway 61 revisited' o de personajes -incluido él mismo- como en 'Gotta serve somebody'. Ni los himnos como 'Like a rolling stone' o 'Blowin' in the wind', la oscarizada 'Things have changed' -de la película 'Jóvenes prodigiosos'- o la recientemente editada en versión alternativa 'Simple twist of fate' (en la última referencia discográfica del maestro, que conmemora los 35 años del disco 'Blood on the tracks').

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Muy de Dylan

Un 'Things have changed' de onda rumbera abre el set, con el título retrasado mediante un silencio en el estribillo poco ortodoxo, pero muy de Dylan. 'Simple twist of fate', delicado, o un 'When I paint my masterpiece' deconstruido dejaron un gran sabor de boca, así como 'Dignity' rompió la previsión de un repertorio que incluyó 'Scarlet town' o una'Make you feel my love' desgranada con gusto.

Entra el pianista y cantante dosificado para arrancar las palmas en el estribillo 'Like a rolling stone', un recurso que repite y levanta pasiones en el pabellón. Y el tema parece 'contaminado' por el 'Pay in blood' en su esencia. Pronto, el blues de 'Early roman gods' se adueña del concierto, con un Dylan que, como a lo largo del 'set list' conjuga su piano con la guitarra steel para construir un bloque sonoro, apoyado por la sólida base del bajo de Tony Garnier y la batería. Sobre ellos, la Les Paul de Charlie Sexton pone el contrapunto guitarrero.

Luego llega una balada impresionante, 'Don't think twice it's all right', en la que los juegos vocales de Dylan demuestran sentimiento e intensidad mientras Garnier subraya las notas graves con el arco ante un piano solemne y una steel guitar siempre efectiva, con toques líricos, al igual que la armónica de Dylan. Pre-cio-so. En la parte final, una traca de éxitos -no faltó un 'Blowin' in the wind' que a algunos les costó pillar- dejó al personal encantado. Y el maestro pareció poner buena nota a su público.