«No me asusta ser alcalde, pero sí el inmovilismo político»

«No me asusta ser alcalde, pero sí el inmovilismo político»
Álvaro Muñiz, director general de la Feria Internacional de Muestras de Asturias (Fidma). :: AURELIO FLÓREZ

CHELO TUYA

A las diez de la noche del 19 de agosto no solo concluirá una 62 edición de la Feria Internacional de Muestras de Asturias (Fidma) que nace hoy. También lo hará la etapa de Álvaro Muñiz (Gijón, 1953) como director. Cumple con lo que le dijo a Félix Baragaño en la mañana del 24 de noviembre de 2013. «Presidente, hoy cumplo 60 años. Al llegar a los 65, me jubilo». Aunque asegura que su marcha real no se producirá hasta concluir el año, toca hacer balance de 43 años en el recinto. Y averiguar si en 2019 hará el Camino de Santiago o la ruta a la Alcaldía.

-No lleva corbata naranja.

-(Risas) No.

-Le colocan en la candidatura de Ciudadanos a la Alcaldía de Gijón.

-(Risas) A mí nadie se me ha dirigido para plantearme nada así.

-Usted defiende que hay que regenerar la política.

-Completamente de acuerdo. Es muy necesario hacerlo.

-Quien lleva años de 'alcalde' de la ciudad de 700.000 habitantes que es la Fidma, ¿teme ser alcalde de una de 300.000?

-(Risas) No me asusta ese planteamiento, pero sí el inmovilismo político. Eso me hace dudar mucho.

-¿Se le verá en la Fidma 63 en el paseíllo inaugural como alcalde?

-Ni como alcalde ni como otra cosa. A mí nunca me gustó figurar.

-¿Así que está preparando el Camino de Santiago ya?

-Sí, claro.

-Mentirooooooosoooo.

-(Risas) Que lo digo en serio.

-¿Qué le dicen en casa?

-(Risas) Que no se lo creen.

-¿E insiste en que el 19 de agosto, a las diez de la noche, se pilla usted la mochila y se va?

-No, no, que hasta el 24 de noviembre no cumplo los 65. Y luego tengo que ver si es mejor esperar a enero para jubilarse. Pero esta es la última feria de agosto, sí.

-Y lo dice así, sin despeinarse.

-Hombre, vértigo da. No lo voy a negar. Pero la decisión está tomada. Cuando me vaya, necesitaré un mes para reflexionar y no adocenarme.

-¿No es posible un reenganche?

-Se ha planteado ya, alguna colaboración, como asesor.

-¿Su tocayo y sustituto, Álvaro Alonso Ordás, está de acuerdo?

-Ha sido idea de él. Sabe que no tendrá ningún problema conmigo.

-¿Qué le diría Luis Adaro?

-Lo que siempre me decía: 'Cuénteme, cuénteme'.

-¿Y sobre su marcha?

-Nada. Si él hizo lo mismo. Luis Adaro, don Luis, es una figura irrepetible. Se fue a la tremenda y hubo que convencer a Claudio Fernández Junquera de que asumiera la presidencia. A las 8 de la mañana, Pedro García Rendueles se tuvo que ir a la estación a esperar a Claudio, que llegaba en el coche-cama de Madrid. Pedro le soltó 'Que dice don Luis que tienes que ser presidente'.

-¿Y le convenció?

-(Risas) No sé si Pedro le convenció o el mandato de don Luis había que cumplirlo a rajatabla.

-Y Pedro García Rendueles, su antecesor, ¿qué le diría hoy?

-No lo sé. Pedro era un genio. Solo a él se le ocurrió que poner una escalera por delante y otra por detrás a un aula de Empresariales era convertirla en una empresa. Tenía ideas espectaculares. De genio. Eso sí, como todo genio, también tenía un pronto... Pero él me enseñó todo lo que sé. Fíjese, no aceptó ser alcalde.

-¿Por seguir en la Cámara? Parece que habla de una logia.

-No, pero sí hay un orgullo a pertenecer a esta casa. Yo no sería ni la mitad de una cuarta parte de conocido si no fuera por esta santa casa. La Cámara nunca puede estar identificada con una ideología política. Tiene que mantener su independencia y eso la ha salvado.

-Ha tenido momentos difíciles.

-Sí y en ellos ha sido su independencia política la que la ha salvado. Recuerdo aquella auditoría que ordenó Jesús Fernández Valdés, en el Gobierno de Pedro de Silva.

-¿Y qué pasó?

-La auditoría demostró que hacíamos las cosas bien y De Silva aprendió que la Cámara es una institución en la que confiar.

«Pagué para ir a Mercaplana»

-Antes de coger la mochila, diga: ¿cuál ha sido la niña de sus ojos?

-Este es un trabajo en equipo. Pero, si de algo estoy orgulloso, porque fue un empeño mío, es de haber conseguido la ocupación de la Feria casi todo el año. Había quien apostaba por duplicar tarifas y yo preferí duplicar actividad. Todavía me acuerdo del 'invento de Alvarito'.

-¿Qué inventó usted?

-Que la Feria podía acoger congresos. Y aquí se celebró el de medicina de familia. Era un 'invento de Alvarito', que yo bauticé como el cuento de la lechera: si nos va mal, ya nos lo habían dicho... Y si no... Y al final fue un éxito y detrás de él llegaron muchos más. Como Agropec.

-¿También le criticaron Agropec?

-Costó. Pero hoy es una cita incuestionable, con avances en la investigación. La feria es un gran escaparate y la prueba es que quien viene, repite. Y que tenemos espera.

-¿Y a los que dicen que siempre es lo mismo?

-(Risas) Mire... A alguno de esos, que en plena Feria se queja, dice que todo va mal y que esto no es lo que era, le he llamado y le dicho: 'Mira, te quiero tanto que no deseo que sigas perdiendo, así que el año que viene no vienes'.

-¿Y qué le contestó?

-'¡Hombre, no es para ponerse así! Yo quiero seguir viniendo' (Risas).

-Igual lo hacen porque tienen entradas gratis. El año que viene, ¿usted tendrá que pagar?

-(Risas) No creo, la tradición dice que tendré pase.

-Tanto defender que la entrada es barata y luego, usted no paga.

-(Risas) La entrada es necesaria para mantener la Feria y tengo que decir que yo he comprado entradas... De Mercaplana. Si algo me interesa, quiero colaborar. Y pago.

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