La Vendimia busca el sello nacional

El viticultor Manuel Fernández y el exciclista Carlos Sastre, con el 'cachu' y sus distinciones. / B. G. H.
El viticultor Manuel Fernández y el exciclista Carlos Sastre, con el 'cachu' y sus distinciones. / B. G. H.

El viticultor cangués Manuel Fernández, de Villalar, recibió el Racimo de Plata y animó a las bodegas a continuar cosechando premios | El exciclista Carlos Sastre recogió la Cepa de Oro y recordó su infancia en los viñedos

BELÉN G. HIDALGOCANGAS DEL NARCEA.

El olor a vino inunda las calles canguesas, que ayer inauguraron de forma oficial la decimoctava edición de la Fiesta de la Vendimia, declarada de Interés Turístico Regional. El presidente de la DOP Vino de Cangas, José María Martínez, recordó cómo la cita se ha convertido en «un referente local y regional». Martínez trajo a la memoria de los presentes esa primera edición en la que los productores locales salieron con sus barricas a las calles para dar a probar los caldos y regresó a la actualidad para presumir de un sector profesionalizado. Con esta solera, no dudó el presidente de la Junta de Hostelería Local, Manuel García, en aprovechar la presencia de las autoridades regionales y nacionales para lanzar un órdago. «Es una fiesta muy guapa y debería convertirse en Fiesta de Interés Turístico Nacional», instó el hostelero cangués antes de comenzar con la entrega de la Cepa de Oro y el Racimo de Plata.

El exciclista Carlos Sastre, ganador del Tour de Francia en 2008 y Medalla de Oro al Mérito Deportivo en 2009, recogía emocionado y «nostálgico» la Cepa de Oro por su trayectoria como «corredor completo y sacrificado» y su «alto nivel humano». Sastre recordó su infancia en los viñedos de sus abuelos, que era «un momento de unión» y reconoció que desconocía el 'cachu' para beber vino, pues en su tierra «se pasan la bota hasta que se vacía». Bromeó incluso el ciclista con pedalear en las tierras heroicas de los viñedos cangueses y se comprometió a ser embajador de «un vino natural y bueno que llevaré por el resto del mundo».

Entre viñedos creció el viticultor cangués de Villalar, Manuel Fernández, distinguido con el Racimo de Plata. Con dos años ya acompañaba a su padre en las labores de las viñas. «Comenzó a gustarme el trabajo en la viña, y el vino más», confesó arrancando las risas del público. Animó a los viticultores cangueses, así como a los bodegueros, a seguir cosechando «este vino que por donde quiera que va, gana premios».

La viceconsejera de Turismo, Graciela Blanco, celebró que la recuperación del productor y la tradición vinícola sirviese para «sacudirse la ya presente crisis industrial apelando a la identidad, a lo que era propio y singular de esta tierra». «Fue un proceso de recuperación de un producto, pero también de una identidad que se encontraba adormecida y que ansiaba alzarse para contribuir al futuro de esta tierra».

Tras la inauguración, la Cofradía del Vino de Cangas se hermanó con la Cofradía del Desarme de Oviedo. El Cofrade Mayor, Raúl Teimil, invitó a brindar con vino cangués, pues «quien buen vino bebe, despacio envejece».