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AZAHARA VILLACORTA
GRADO.
Domingo, 12 de enero 2020, 04:18
Marcos Luengo (Grado, 1964) no soporta esos garitos clónicos que, de un tiempo a esta parte, proliferan como champiñones en pueblos y ciudades de la piel de toro: bares con un aire pretendidamente 'vintage' en el que se reproducen como por esporas las lámparas industriales, las pizarras escritas con tiza, los chesters, los colores pastel, el azulejo hidráulico y la madera añeja. Porque el diseñador moscón -uno de los grandes de la moda española, que el próximo 1 de febrero a mediodía presentará su nueva colección en la Mercedes Fashion Week- tiene una máxima en la vida: «Me gusta lo auténtico e intento buscarlo en cualquier sitio a donde voy». Así que, si eso se combina con que se confiesa muy de tomarse un vino con sus amigos al final del día, no resulta difícil encontrarlo en Casa Aurina, cerca del lugar donde se crió y del puente de Peñaflor y donde lleva a sus invitados foráneos cuando quiere epatar «con un pote de berzas y un arroz con leche espectaculares. Lo mejor de nuestra gastronomía preparado en cocina de carbón. Una auténtica delicia».
«Me gustan los bares con identidad, con personalidad, en los que el dueño te conoce de siempre. Esos profesionales en los que, el día que llegas cansado o estresado de hablar con tanta gente, te dejan bajar la mirada y estar a lo tuyo. O al revés. En un verdadero chigre hay mucha psicología», puntualiza delante de un vaso y acompañado por dos sombrereros que colaboran en las propuestas que subirá a la pasarela de Ifema.
Él, que también es licenciado en los vericuetos de la mente, decidió dejar la academia de inglés que regentaba mientras que su mujer, Verónica Blanco, a la que conoce desde que los dos iban a Primaria y con la que tiene dos hijas veinteañeras (Teresa y Carmen), hacía lo mismo con su gabinete de psicología para liarse la manta a la cabeza y dedicarse a materializar los sueños que han vestido a modelos, actrices, aristócratas y hasta a la mismísima Reina doña Letizia.
«En realidad, no soy yo quien lo hace. Es el equipo que tengo tras mi nombre, empezando por Verónica, que nunca quiere salir en los medios pero que es justo que salga. Una veintena de personas entre los talleres Oviedo y de Madrid, que vamos a trasladar un local muy próximo a donde estamos ahora, en la calle Jorge Juan, pero con más espacio para tener la tienda y hacer las pruebas de los diseños que elaboramos a medida», avanza sus planes de expansión.
Allí, este hombre nada racional, «todo pasión» y que funciona «por impulsos», analiza la psique de sus clientas, las escucha y, luego, negocian. «Lo primero que les pregunto es qué quieren potenciar y qué quieren ocultar. A veces coincidimos y otras veces no, porque hay algunas que no se conocen nada. Y hay quien me critica diciendo que hago siempre lo que quiero, pero es falso: intento adaptar la propuesta de una señora a mi forma de hacer, porque lo que vienen buscando es mi estilo».
Un trabajo de muchos años en los que ha podido concluir que «algunas mujeres tienen muchas inseguridades con el peso y con el físico, cuando lo más atractivo es lo que proyectan. No hay nada más seductor que la alegría y la seguridad en ti misma». Palabra de 'couturier' que lo mismo trata «con la mujer de Sánchez que con la de Aznar, sin importar las ideologías», y que huye de las tendencias como alma que lleva el diablo: «La moda envejece fatal. Yo apuesto por líneas atemporales que perduren en el tiempo, pero contemporáneas. Eso es lo auténtico, lo más difícil de conseguir».
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