El Comercio

Asistentes a las jornadas de vivienda de ayer.
Asistentes a las jornadas de vivienda de ayer. / MARIETA

Promueven en la ciudad un proyecto de covivienda para mayores

  • Un grupo multidisciplinar aglutina a personas interesadas en edificar o adaptar un edificio en Avilés que cubra sus necesidades futuras

Son avilesinos que ya superan los 50 años de edad, con un perfil profesional, acostumbrados a tomar la iniciativa y a asumir riesgos y que, en su mayoría, han pasado por la experiencia de atender a uno o más familiares mayores en sus últimos años de vida. Están en contacto desde hace tiempo porque están interesados en desarrollar un proyecto de «cohousing» en la ciudad.

«La gente se va acercando a nosotros para preguntarnos sobre cómo puede ser el proyecto», cuenta Manuel García Rubio, abogado dedicado al urbanismo que lleva años estudiando este modelo de viviendas compartidas o colaborativas, capaces de mantener la independencia y la autonomía de sus habitantes pero, al mismo tiempo, de facilitar unos servicios comunes que, a medida que van pasando los años, serán cada vez más necesarios. Se ha rodeado de arquitectos, pero también geriatras, financieros y otros perfiles que, poco a poco, van definiendo ese modelo ideal que ya cuenta con un grupo de interesados en el concejo y otros dos en Oviedo.

«Hasta hace poco, las políticas de vivienda se han centrado en procurar el acceso a los jóvenes, pero han descuidado a los mayores», lamenta este jurista, que cree que ha llegado el momento de atender a la realidad de la pirámide poblacional y pensar en soluciones para las personas tras su jubilación.

El modelo ya funciona en países como por ejemplo Alemania, donde se han desarrollado bloques de nueva construcción o rehabilitados que van desde pequeños apartamentos de uno o dos dormitorios con amplias zonas comunes que favorezcan la socialización y la cercanía a los cuidados, a viviendas colaborativas en las que solo los dormitorios y los baños son completamente privados.

«Hay que pensar cuando aún se está en condiciones en cómo queremos vivir cuando seamos mayores», considera García Rubio, que llama la atención sobre el «hábitat hostil» al que se enfrentan las personas cuando adquieren algún grado de dependencia. «Nuestras casas no están concebidas ni para personas con problemas de movilidad ni para llevar a cabo una asistencia», alerta el arquitecto Luis Manuel de Vicente, uno de los colaboradores de García Rubio, que pide planificar los espacios para permitir el fácil paso de las sillas de ruedas o incluso ubicar una grúa en el dormitorio, y estudiar sobre todo las cocinas y los baños para que puedan ser utilizados con autonomía por minusválidos.

«Hay que erradicar los pasillos e instalar puertas correderas, hacer distribuciones de fácil y cómodo acceso, y despejar el paso a las ventanas», detalla. No es lo único que hay que tener en cuenta. También hay que pensar si será suficiente con un dormitorio para la persona o la pareja, o si será necesaria una segunda habitación para alojar a algún familiar o a un eventual cuidador.

Así se va definiendo la vivienda ideal que, en este tipo de proyectos de «cohousing» trata de aprovechar los recursos para abaratar su coste. Así, los habitantes de uno de estos centros residenciales contratan los distintos servicios de asistencia a una misma empresa, que ahorra los desplazamientos, y se evitan tener a una persona en casa todo el tiempo, con lo que ganan en intimidad.

«Lo ideal es que estas viviendas sean impulsadas desde una colaboración público-privada», dice García Rubio. Pero la realidad es que, de momento, en España están siendo cooperativas como la que, si las cosas salen bien, podría ponerse en marcha en Avilés.