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«Argentina es muy conspiranoica»

Iván, con su hijo Lucas y su mujer, Roxana. /
Iván, con su hijo Lucas y su mujer, Roxana.

El ovetense Iván Velasco tiene una fábrica de sábanas en Buenos Aires | «Aquí todo el mundo sabe de todo y te aconseja sobre lo que tienes que hacer o lleva un psicólogo dentro», afirma el empresario

A. VILLACORTA

Iván Velasco Fernández (1975) es ovetense de nacimiento, pero ha encontrado en Argentina un lugar en el mundo que le va como anillo al dedo a quien se declara «una persona desestructurada», lo mismo que -cuenta- el país que le acogió allá por 2005 y donde es propietario de una fábrica de sábanas. «Un sitio algo caótico que me calza perfectamente». La horma de su zapato.

Como en las mejores historias, todo empezó por amor, porque Iván se enamoró en 2001 de Roxana -argentina con familia en Lugones- y decidieron casarse poco después en el Parador de Cangas de Onís y trasladarse más tarde a la tierra de los gauchos y los asados, Maradona y Evita, el tango y Gardel.

Así que Velasco (que había cursado Magisterio por Educación Física en Oviedo y la licenciatura de Ciencias del Deporte en A Coruña, llegando a encargarse de la preparación del club de voley Emi Gijón) se olvidó de su currículum (que incluía también varios empleos vinculados al ámbito social, de Proyecto Hombre a Ande pasando por un centro de reeducación para menores delincuentes) y de todo lo que había hecho hasta ese momento para reinventarse y convertirse en empresario textil.

«Mi suegro estaba en el sector, me propuso la idea y, aunque al principio pensé que cómo me iba a meter en un mundo del que no tenía ni idea, al final me lancé», explica el ovetense, afincado en Lomas de Zamora, a veintidós kilómetros del centro de la capital. Y es que, según apunta, «los argentinos son muy de lanzarse a la aventura». Muy de: «Lo hago y a ver qué pasa». Y, de hecho -explica con un acento que ya es más porteño que asturiano-, no resulta infrecuente que «primero abras un negocio y después hagas todos los trámites para legalizarlo».

Los comienzos no fueron fáciles. Y la prueba es que Iván y Roxana -que aumentaron la familia con la llegada de su hijo Lucas- volvieron a España en 2010, pero la recesión económica volvió a empujarles a cruzar el charco rumbo a América solo un año después para integrarse definitivamente en «una sociedad muy sociable y que te acoge rápidamente. En la que los españoles nos sentimos como en casa y en la que la sensación de ser un emigrante desaparece enseguida». Una república «muy diferente al resto del mundo» donde «todo va muy rápido y eso provoca que tengas que evolucionar continuamente». Un país fascinante, al fin y al cabo, «que, a pesar de tener todos los paisajes y recursos, siempre está en crisis. Donde todo el mundo sabe de todo y te aconseja sobre lo que tienes que hacer o lleva un psicólogo dentro».

Lo de la terapia colectiva no es para menos, porque Argentina acaba de atravesar en lo económico el peor año de la última década, con ingentes esfuerzos en vano para contener la inflación y la depreciación del peso, lo que ha hundido la actividad productiva. «La cosa llegó al punto de entrar a comer a un restaurante con el dólar a veinte pesos y que, al salir, estuviese a 35». Así que, según asegura Iván Velasco, «todo el mundo está esperando a marzo» como agua de mayo.

Y es que «estamos al inicio de un año electoral y, una vez que concluya el verano, se confía en un repunte de la producción y en que la guita de los subsidios llegue a la calle».

Es lo que tiene vivir en un país «caro, con inseguridad en su capital, grandes desigualdades sociales y que siempre está al límite». Que ocurren cosas como que, «en medio de la peor situación económica, hay miles de personas que se compran un pasaje para ver el Boca-River en Madrid, a entre 3.000 y 4.000 euros al cambio, cuando el sueldo de un maestro de Primaria son 250». Una «sociedad muy conspiranoica en la que, si no hay plata, es por culpa de alguna conspiración de Estados Unidos o Europa y no porque algunos de sus políticos roben».

Comparado con eso -concluye Iván Velasco tirando de símil textil, que ahora es lo suyo-, «Asturias es como una lavadora, donde el bombo da vueltas sin demasiados sobresaltos».

 

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