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«Aún no conocí a un californiano que esté a favor de la posesión de armas»

«Aún no conocí a un californiano que esté a favor de la posesión de armas»
Adrián Vendrell vive en EE UU desde noviembre de 2017.

Adrián Vendrell espera poder acceder a la academia de bomberos en EE UU

M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAGijón

Trabaja en el aeropuerto de San Diego, surfea las olas del Pacífico y espera la nueva convocatoria de acceso a la academia de bomberos en EE UU. Adrián Vendrell Zamora (Oviedo, 1991) decidió cruzar el charco en noviembre de 2017. La razón: las complicaciones de las oposiciones a bombero en Asturias a corto plazo. «Aquí, si quieres dedicarte a lo mismo, entras dentro de una academia, que te va formando específicamente para ejercer la profesión. O vales o no vales, tanto físicamente como a nivel psicológico», apunta.

Y allí está, en California, esperando y disfrutando de los placeres del caluroso estado. «Tengo libres dos días a la semana y aprovecho para surfear todo lo que puedo. Cuando no hay olas, hacemos un poco de turismo por la zona, desde el paseo de la fama de Los Ángeles hasta la comida mexicana en Tijuana», explica. Vive en un estado abierto, con personas amables y educadas. «Te encuentras gente de todo tipo, pero siempre con una sonrisa en la cara. Además, tienes la playa, la montaña y grandes parques nacionales a poca distancia».

En definitiva, vive en un mundo atractivo en el que el sueño americano ha derivado hacia territorios menos hermosos que los primigenios de las oportunidades para todos: «Es tener los coches más grandes y lujosos, la casa más grande y bonita y para ello tengo que trabajar mucho y sin cogerme un día de vacaciones», señala. A su juicio, el sueño ha mutado «en conformismo y consumismo». Dicho lo cual, no niega la evidencia: «Las oportunidades profesionales en EE UU son inmensas». Así que el plan es quedarse allí.

Porque además allí tiene carta blanca para una de sus pasiones. «Aquí hay olas la mayoría de los días y de forma casi constante, pero no solo eso, sino que son de buena calidad y de tubo; a día de hoy llevo ya cuatro tablas rotas de la fuerza que tienen las olas, cuando en la playa de Xagó no rompí ni una».

Puede que los tiempos que vive EE UU no sean los mejores desde la llegada de Donald Trump. A las múltiples polémicas, se une la del uso de armas. «Aún no conocí a un californiano que esté de acuerdo con la posesión de armas», apunta. Y explica después que la mayoría de los estadounidenses saben de sus riesgos y que es en estados como Texas donde están más vinculados a ese mundo tan extraño a los ojos españoles. «Yo creo que estarían dispuestos a renunciar a ellas, pero lo que todo americano sabe es que no se modifican las leyes por el negocio que hay detrás y el peso del 'lobby' a favor en el Senado».

En el imperio de la comida rápida, se añoran los guisos españoles y todo lo demás. «Siempre que puedo me traigo jamón serrano y queso y lo primero que hago nada más llegar a España es pedirme un café con leche y un pincho de tortilla de patata en el aeropuerto».

Pese a las carencias gastronómicas, se queda con lo bueno de una experiencia que le permite ver las cosas con cierta perspectiva: «Está siendo una experiencia muy positiva, te permite advertir pros y contras tanto de España como de Estados Unidos y aprender a comparar y ver las dos caras de la moneda. Al vivir lejos de lo que conoces y de lo que te es cómodo, sea cual sea el país, estás en modo aprendizaje continuamente y eso te ayuda a crecer como persona», concluye.

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