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«Se respira capitalismo en estado puro»

Carmen Amo vive en California de 2016./E. C.
Carmen Amo vive en California de 2016. / E. C.

Carmen Amo Alonso realiza un doctorado en matemática aplicada en California

M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAGijón

Carmen Amo Alonso (1994) tiene un cerebro privilegiado y curiosidad innata. Lo uno y lo otro la han llevado rumbo a California, adonde llegó en 2016 con intención de hacer un doctorado en el Caltech (California Institute of Technology), «una de las top tres universidades del mundo». Criada entre La Felguera y Bañugues, estudió el Bachillerato Internacional en el Jovellanos de Gijón, luego Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Politécnica de Madrid e hizo estancias en el Imperial College de Londres, el propio Caltech y el MIT antes de desplazarse a California.

Muy cerquita de Hollywood y Los Ángeles, su universidad alberga solo dos mil estudiantes y es un lugar inspirador para alguien que, como ella, ama la ciencia. El caso es que en junio de 2017 terminó un máster en ingeniería espacial y, a continuación, decidió cambiarse de campo y hacer el doctorado en matemática aplicada. «Estoy investigando concretamente en una rama que está en la interfaz entre ingeniería y matemáticas, es la teoría del control», relata. Un mundo apasionante y que nos afecta a todos en nuestro día a día. Ella se ha enfocado en comprender mejor los sistemas biológicos utilizando la teoría del control. «Actualmente estoy en un proyecto que pretende explicar cómo la microbiota del intestino afecta a la actividad cognitiva de los ratones. Es algo que suena casi a ciencia ficción y que posiblemente también ocurra en humanos».

Carmen, que domina los números, sabe que la gran ventaja de trabajar en el ámbito de la investigación en EE UU está en la financiación. «Las cifras de dinero que se manejan aquí son astronómicas», anota, y explica que además de los fondos gubernamentales es fundamental el dinero de las empresas privadas. «En matemática aplicada, la mayoría del dinero viene de empresas de Silicon Valley: Google, Facebook, Amazon, etc, que quieren, por ejemplo, que se desarrollen sistemas más robustos a ataques cibernéticos. Aquí desarollamos la teoría, la parte más fundamental, y ellos con esa base ya son capaces de desarrollar las aplicaciones que necesiten».

También valora del sistema universitario americano los procesos de selección, durísimos, que hacen que solo acepten a un 10% de los solicitantes y que sus profesores son científicos del más alto nivel. «Consiguen reclutar a los mejores del mundo punta», señala esta joven asturiana que sabe que las matrículas son prohibitivas y las becas escasean.

El sueño americano existe, pero está dirigido fundamentalmente a las clases medias. Salir de más abajo es muy complicado. «Si vives en un barrio marginal y vas a un colegio mediocre, difícilmente vas a tener resultados excelentes para que te bequen, y seguramente no puedas acceder a estudios superiores. Es muy triste». Dicho esto, Carmen mira hacia el otro lado: el de los triunfadores, el de quienes tienen una buena idea y encuentran cómo hacerla realidad, porque además de gente con ganas de trabajar hay mucho millonario deseoso de donar dinero. «Yo conozco de cerca el caso de una famosísima aplicación para navegadores, a esa persona se le ocurrió la idea, empezó a contactar multimillonarios de Los Ángeles a ver quién se la financiaba, consiguió unos cuantos miles de dólares, contrató a dos ingenieros de software, y ahora tiene a mil personas en plantilla y está en Silicon Valley».

España es otra cosa: «Me da mucha pena, pero no solo en investigación y en ciencia, sino en la estructura económica». Apuesta por generar tejido industrial y por las industrias tecnológicas. Ahí está el futuro.

De momento su presente sigue junto al Pacífico, añorando la tortilla de su madre, la sopa de marisco de la abuela Menchu, las risas con su hermana y con sus primos. «A veces es una pena vivir tan lejos». Pero, pese a la «señaldá», volver a Asturias no está en sus planes. Europa sí. Le gustaría ser profesora de universidad, tener su propio grupo de investigación y le encantaría poder vivir algún día en Francia.Y eso que de California no hay queja: «Me encanta. Lo mejor es el clima», dice. Y añade que todos los planes son posibles: desde la playa a las exposiciones pasando por los desfiles de moda, los rodajes de películas y los partidos de la NBA: «Aquí todo cuesta dinero, se respira el capitalismo en estado puro».

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