«España es, con Bulgaria, el único país de la UE sin la especialidad de psiquiatría infantil»

L. M. GIJÓN.

«Después de quince años de trabajo, nos quedamos en el último kilómetro del maratón. Nos sentimos defraudados». El psiquiatra y presidente de la Real Academia de Medicina del Principado, Julio Bobes, resume así la sensación que predomina entre sus colegas al ver fracasar nuevamente sus aspiraciones de conseguir la aprobación de la especialidad de psiquiatría del niño y el adolescente. «Una especialidad médica que existe en todos los países de la Unión Europea salvo España y Bulgaria», anota.

En nuestro país aparecía recogida en el decreto de troncalidad de especialidades de 2016, pero seis meses después de su aprobación, prosperó el recurso presentado por el colectivo de microbiólogos y el Tribunal Supremo lo anuló por un defecto de forma. Fueron doce años de negociación tirados a la basura, lamenta Bobes, crítico también con el hecho de que el actual Ejecutivo no haya impulsado el nuevo decreto. «Hace unas semanas nos comunicaron su decisión de no enviarlo al Consejo de Estado con la justificación de que en junio estará lista una nueva ley marco de especialidades médicas. Una ley de la que, por cierto, ni nos han enseñado el borrador». Así las cosas, «nos encontramos en un momento complicado. No tenemos especialidad y no sabemos cuánto tiempo tardaremos en tenerla».

¿Por qué es tan importante la existencia de esta nueva disciplina? Principalmente, para mejorar su atención de los trastornos mentales en niños y adolescentes.

Extrapolándolo de la salud mental, es como si a un menor enfermo no lo tratara un pediatra sino un médico de familia. La creación de la especialidad permitiría además homogeneizar la atención y la formación de los profesionales en todas las comunidades autónomas, así como garantizar la identificación precoz y un mejor tratamiento de las patologías.