Los ganaderos alertan de un repunte en los ataques del lobo en los Picos

La novilla muerta en Amieva como consecuencia de la infección provocada por los mordiscos. / E. C.
La novilla muerta en Amieva como consecuencia de la infección provocada por los mordiscos. / E. C.

Las bajas vuelven a Amieva tras meses de «daños asumibles». En Peñamellera Baja cuantifican «mayores pérdidas» este año

L. RAMOS / G. POMARADAAMIEVA/PANES.

Los lobos no dan tregua en el Parque Nacional de los Picos de Europa y sus alrededores. Si hace unos días eran varios ganaderos y pastores de diferentes localidades canguesas quienes daban la voz de alarma al perder a varias cabezas de ganado menor a causa de los cánidos, ahora son los profesionales de Amieva quienes alertan de un repunte en los ataques, esta vez sobre ejemplares de ganado mayor. La última afectada era, este mismo lunes, María Isabel Barredo de Diego, ganadera de la localidad de Amieva, en el concejo del mismo nombre, quien, tras un brutal ataque en el que sospecha que participó más de un lobo, perdía dos novillas, mientras otras dos resultaban heridas de gravedad. «Era por la tarde cuando, de pronto, bajaron unas nueve o diez becerras muy exaltadas», relataba ayer el hijo de María Isabel, Adrián Caso Barreda. Los animales, explicó, se encontraban en la zona de Tornos, en el interior del Parque Nacional de los Picos de Europa. «Debieron atacarlas varios lobos, porque bajaron varias y no había forma de echarles mano, estaban muy nerviosas», apuntó.

Como consecuencia del ataque, una de las novillas sufrió importantes heridas en una oreja, que le quedó «prácticamente colgando», mientras que otra presenta dentelladas en el cuello y una tercera tiene una pata muy hinchada y dolorida, «seguramente de alguna caída contra la peña mientras huía, porque están todas llenas de magulladuras», indicó el joven. Pese a recibir tratamiento, la novilla herida en la oreja aparecía ayer por la mañana muerta en la cuadra, «a causa de la infección». A esta baja se suma la de un cuarto ejemplar que no aparecía desde el lunes y al que ayer al mediodía encontró María Isabel Barredo completamente devorado. «Solamente quedaba la cabeza y poco más», lamentó.

La situación en la zona, aseveraron los amievenses, es «desesperada». Es una lotería macabra. «Hoy somos nosotros, pero hace quince días fue otro vecino de San Román y mañana es cualquier otro», señaló Adrián. Y lamentó que «pasan los años y no vemos que pongan solución, perdemos dos o tres animales cada temporada y eso al cabo del tiempo es mucho». Los pagos, agregó, llegan tarde y mal. Y eso cuando aparecen los restos y se puede denunciar el ataque. «Pagan mal, pero aunque pagasen mejor, nosotros preferimos mil veces a nuestros animales que el dinero, porque es nuestra vida, nuestra vocación», aseveró.

El joven lamentó cómo debido a este tipo de sucesos el desánimo lleva tiempo haciendo presa de su madre. «Adora a los animales, pero cada vez que se ilusiona con alguna recría o con algún ejemplar para llevar a concurso, pasa algo de esto y se lleva un disgusto enorme», explicó. E indicó cómo desde hace tiempo se ven obligados a vender casi todos los xatos antes de subirlos al puerto por temor a quedarse sin ellos. «De hecho, este año dejamos uno porque era demasiado joven, para que se criase un poco más, y no duró ni quince días», aseveró, compungido.

«Desmoralizados»

Las pérdidas de esta familia se suman a una sangría que, en Amieva, parecía haber remitido en los últimos meses. «Hasta ahora los daños estaban siendo asumibles, pero estaba visto que iban a volver a empezar», apunta el concejal de Ganadería y profesional del sector, Alberto Suárez (Foro). Por ello, el edil reitera al nuevo Gobierno autonómico las demandas ya trasladadas desde años atrás, entre ellas controles «serios» del lobo. «No pedimos que por matar a un xatu se hagan, pero cuando hay carnicerías como esta tendrían que aprobar la resolución para salir a por ellos», considera.

Los ganaderos, sostiene, están «desmoralizados» y el sentir general es que «muchos de los que tienen cabras y ovejas van a quitarse cuando acabe el contrato de la PAC». «Quedan cuatro con rebaño y los abocan a eso, las pérdidas cada vez son mayores, hay gente con cincuenta bajas en estos años», explica sobre un sector que además se encuentra envejecido en el concejo, con una media de edad superior a los 50 años y apenas relevo generacional. «Entre 30 y 50 años quedarán ocho ganaderos», afirma.

El diagnóstico de la situación no difiere en otros concejos del entorno de Picos, como Peñamellera Baja. Manuel Collado, de 46 años y con una explotación de más de doscientas reses, vive la problemática de cerca: «Este año está matando más que nunca, las vacas paridas no pueden subir y hubo vecinos que tuvieron que bajar todo el ganado, después de tener siete u ocho terneros muertos», indica sobre el panorama en la zona el puerto de Uzllaves, la «más machacada». A los daños que achacan al cánido se suma en su caso los propios de la administración, al encontrarse sus pastos entre Asturias y Cantabria.

«Estamos en tierra de nadie, el lobo pasa de un lado a otro y campa a sus anchas. Batidas se hicieron pero no valieron para nada, tienen que ser conjuntas entre las dos comunidades», apunta. Recuerda además que el ganado menor «está desapareciendo de los puertos», un «daño que no es para el ganadero, sino para Asturias por el paisaje que se va a perder porque el monte lo limpiaron los pastores toda la vida». Esos ganaderos , dice, «siendo mileuristas tenemos problemas como si facturásemos un millón de euros».

Sin partes

En la misma Peñamellera Baja, pero en la zona del Parque Nacional, la familia Sánchez es otra de las damnificadas. El de Ángel Sánchez es «el último rebaño que queda» en la parte de Nedrina, pero de las 140 reses que llegaron a tener hoy les quedan en torno a 90. «Con 83 años mi padre nunca vio estas masacres, en un día te matan ocho o nueve. Mi hermano sube a dormir a la cabaña, pero por el día baja a hacer la hierba o a atender el resto del ganado y se las mata, sobre todo cuando baja la niebla», explica Cristina Sánchez.

Este verano las bajas, en dos ataques, han llegado a ocho corderos y el mismo número de ovejas, cuantifica. «El lobo siempre lo hubo y no pedimos que se extermine», precisa Sánchez, cuya familia ha terminado optando por no dar parte de los daños: «En el Parque Nacional la lucha contra el lobo es inútil, a veces los cadáveres no se encuentran y otros no se certifican porque ya los comieron los buitres». El resultado, aventura, es una inminente desaparición de los «ganaderos de toda la vida, a los que les gusta su trabajo y que entienden esto como su modo de vida, no como forma de buscar riqueza».