«Abrir fosas significa cerrar heridas, pero la gente tiene miedo a su memoria»

Cristina Almeida, ayer, durante la presentación. /  MARIO ROJAS
Cristina Almeida, ayer, durante la presentación. / MARIO ROJAS

Cristina Almeida ofrece en Grado una conferencia acerca de la memoria de la Transición y su significado en el presente

J. C. A. OVIEDO.

La abogada y política Cristina Almeida ofreció ayer en la Capilla de los Dolores de Grado la conferencia 'La Memoria machacada. El color de la Transición', dentro del ciclo que organiza la Concejalía de Cultura junto con la Asociación Cultural Valentín de Andrés y la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica titulado 'Me queda la palabra'.

Almeida, que atendió a este diario antes de la charla, explicó que «la Transición significó mucho para muchos españoles pero en cuarenta años no se ha sabido hacer un homenaje a la memoria de lo que fue este país» para establecer un correlato al oficial justo cuando se conmemoran cuatro décadas de la promulgación de la Carta Magna.

«El cuarenta aniversario ha puesto encima de la mesa no solo el qué sino el cómo se hizo esa Transición. No fue una firma entre pares, Fraga y los otros que se sentaron en la mesa», añadió al relatar que «no se tiene en cuenta a la gente que estuvo en las cárceles y la calle». «Recordar todo eso es la forma de hacer un futuro más seguro porque si conocemos esas cosas que han pasado, nos hará ser más fuertes».

«En estos momentos han salido muchos de los valores que nos llevaron a la ciudadanía a dar un paso adelante en aquel momento. Después de cuarenta años hay que dar otros pasos, pero eso no quita que no tengamos conocimiento de la Transición como se produjo», añadió. En último término, un cambio de régimen que no fue todo lo plácido que dicta el sentir común con ETA en su apogeo y el terrorismo de extrema derecha tensando las cuerdas del proceso. A Almeida le tocó de cerca cuando fue la abogada de la acusación particular contra los responsables de la matanza de Atocha y cuyo uno de sus responsables, Carlos García Julía, fugado desde 1996, fue encontrado en Brasil la semana pasada.

«Fue un dolor que no he superado fácilmente», explicó la abogada. «Cuando te encuentras a una gente tan estupenda y maravillosa que son aniquilados, asesinados, es difícil de hacer». «Ellos nunca creyeron que los podían matar porque se hubieran defendido», agregó para colegir que la respuesta que dio el PCE y la izquierda a la masacre «fue determinante» con la extrema derecha forzando la máquina en «un enero negro», el de 1977, cuando los abogados «murieron por haber luchado por la democracia».

«Era un momento en el que no estaba nada decidido y los asesinos tuvieron complicidad del propio Estado que se lo permitió», recordó. Y sí, «el dolor de aquellos días ha coincidido con el aniversario. Ha servido para que la gente recuerde cómo fue. Parece que fue muy pacífica pero la Transición costó muchas muertes».

Esa memoria, «el acordarte de lo que ha pasado y conocer la historia para apreciar de dónde vienen las cosas para bien o para mal», defendió que no tiene nada que ver con una supuesta «venganza». «Siempre digo que abrir fosas es cerrar heridas porque la gente quiere saber dónde están sus seres queridos pero hay gente que tiene miedo a su memoria porque están implicados en esa historia», relató. Contra eso, recomendó abundar en una «educación en valores democráticos».

 

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