«Lo que más echo de menos de Noreña son los domingos de vermú»

El bailarín Luis Rodríguez. / E. C.
El bailarín Luis Rodríguez. / E. C.

«Hasta hace pocos años existía mucho prejuicio hacia los hombres, había que ser valiente para ir a bailar», cuenta el pregonero del Ecce Homo

MÓNICA RIVERONOREÑA.

El bailarín Luis Rodríguez (Sama de Langreo), conocido como 'Luigibachata' y con treinta años de carrera como profesor, ofrecerá el próximo viernes 13 el pregón de las fiestas del Ecce Homo de Noreña. Vive en Puerto de la Cruz, donde dirige una academia de baile tras haber decidido empezar de cero en Tenerife como reto personal. Aunque no es natural de la villa, se ha convertido en un excelente embajador. Por eso, es el primer noreñense 'adoptivo' que abrirá los festejos.

-¿Cómo afrontó el encargo de ser pregonero?

-Me quedé en shock. Pensé que querrían saber algo de baile para las fiestas o hacerme alguna consulta, pero cuando me lo dijeron me quedé sorprendido. Dije 'yo ahora mismo no te puedo contestar, porque con la distancia y las fechas no sabía si podría ir'. Colgué el teléfono y empecé a pensar que la verdad es que es un orgullo, sobre todo cuando vives fuera. Así que a la media hora llamé y dije 'sí'.

«Empecé a bailar con 15 años porque me insistió mi hermana y fui aprendiendo»«En el pregón hablaré de lo que hago y de mi vida en Noreña aunque lleve años fuera»

-¿Tiene ya preparado el discurso?

-Lo tengo encaminado pero no tengo el guion hecho. Todo el mundo me ha dicho que tengo que hacerme un pequeño guión por si me quedo en blanco. Yo creo que lo encarrilaré hacia lo que hago y obviamente hablaré de mi vida aquí, aunque lleve fuera muchísimos años yo no dejé nunca de volver. Mi familia está en Noreña y profesionalmente sigo viniendo. En 2019 traje a cincuenta y tantas personas de Tenerife a Noreña. Sigo haciendo una fiesta muy importante en Noreña a la que se apuntan doscientas, trescientas o incluso cuatrocientas personas, depende del año... Y eso se hace aunque esté fuera desde hace trece años. Además vengo dos o tres veces para que no se olviden de uno, doy algún taller intensivo y algunos de mis alumnos siguen queriendo venir conmigo. Existe ese cariño. Y a las fiestas intento venir para juntarnos toda la familia.

-¿Qué es lo que más echa de menos de la villa?

-La tranquilidad y tenerlo todo cerca. Coges el coche y tienes Gijón al lado, Oviedo... y el vermú. Los domingos de vermú los echo muchísimo de menos. En Tenerife hay mucho ambiente pero no hay cultura del vermú.

-Recuerde su época en la banda de música...

-Fue de casualidad. Estaba en la banda de música del colegio, la de la villa se había disuelto y un grupo de gente intentaba retomarla, así que fueron por allí a animar a los niños a participar. Yo estaba en clase de guitarra, tendría 10 años. Entonces fuimos a probar y la verdad es que en el grupo se hizo mucha familia y muy buenos amigos, alguno por desgracia ya no está. Chema Fombona habría sido un buen pregonero. Estar fuera me hizo sentir mucha impotencia porque no pude ir en el momento.

-¿Y cómo pasó de ahí a la danza?

-Eso no fue fácil. Empecé con 15 años. Me insistió mi hermana, porque yo no bailaba nada. Me gustó, fui probando y al final mi hermana se fue pero yo me quedé. Fui aprendiendo, viendo... Un día mi profesora Elisa Novo no podía dar clase y me pidió que lo hiciera yo. Y ahí empecé como profesor. Al principio compaginaba las clases con trabajo y cada vez que ahorraba un poquito me iba a cursos.

-¿Cuál diría que es su estilo a la hora de impartir clases?

-He hecho una coctelera. Puedo presumir de haber tenido muy buenos profesores por todos lados. Es algo que echo mucho en cara, hay mucho 'profesor youtuber'. He perdido la cuenta de cuántos he tenido y he cogido lo mejor de cada uno. Lo que me define y diferencia es el centrar mis clases en la desconexión y el disfrute. Aprender a bailar es la meta, pero mientras tanto puedes reír, bailar y disfrutar de tu momento. La parte social es muy importante.

-¿En qué estilos se ha especializado?

-Bailes latinos y dentro de estos la bachata. La descubrí en un momento en el que era un ritmo muy olvidado. A mí me había enamorado porque conocía una bachata muy clásica y descubrí una mucho más alegre y moderna. Por eso busqué profesores dominicanos e incluso viajé allí. Fui el primero a nivel nacional que en un congreso de salsa dio bachata, nunca la había. Y fue un éxito.

-¿Un consejo para aquellos que no se atreven a empezar a bailar?

-Toda excusa para no ir se resume en la vergüenza. El que no va es por el qué dirán. Hasta hace pocos años me llegaba gente sorprendida de que yo fuera 'normal', ¿qué imagen tienen de mí? ¿Esperaban que diera la clase con un tutú? Existía mucho prejuicio hacia los hombres, eran pocos los valientes que no iban con su mujer. Había que ser valiente. Y empezando por mí, poca gente sabía que yo iba a baile. Afortunadamente hoy en día van todo tipo de personas, incluso familias enteras.