«No quiero hablar solo de lo bonito, elijo contar historias»

Shadi Ghadirian, ayer, frente a algunas de sus fotografías. / MARIETA
Shadi Ghadirian, ayer, frente a algunas de sus fotografías. / MARIETA

La artista expone 'Como todos los días' en el Centro Niemeyer, medio centenar de instantáneas que resumen su evolución y trayectoria

C. DEL RÍO AVILÉS.

La fotógrafa Shari Ghadirian (Teherán, 1974) expone 'Como todos los días' en el vestíbulo del auditorio del Centro Niemeyer, una retrospectiva en la que se aprecia la evolución de una artista que concibe su trabajo más allá de la función estética. En sus fotografías hay arte, ironía y militancia.

-¿No tiene problemas con la censura en su país? En muchas de sus fotografías sobresale más la crítica que el humor.

-No, nunca. De hecho, siempre exhibo primero en mi país. Tengo una galería en Teherán. Los artistas iranís tenemos una línea roja y sabemos cómo tratar con ella, cómo encontrar las rendijas para hablar de lo que queremos. Siempre transmito el mensaje que quiero.

«Cubrirme la cabeza no es mi mayor problema, aunque me molestan las reglas islámicas»

-¿Por qué esa acidez y crítica en su trabajo?

-Los artistas tenemos una responsabilidad: la de utilizar las herramientas a nuestro alcance para reaccionar y tomar partido.

-¿Como con el movimiento feminista? La mujer es la protagonista principal de su obra.

-Durante algunos años estuve en el movimiento feminista. Después, cuando tuve una hija, me pareció más importante luchar por los derechos de los seres humanos. Considero que la parte de género viene después.

-A pesar de que los derechos de la mujer en Irán son superiores a otros países del entorno, ¿cómo lleva, por ejemplo, la obligación de cubrirse?

-Cubrirme la cabeza no es mi mayor problema. (Señala su pañoleta alrededor del cuello y hace el gesto de subirla). Es cierto que me molestan las reglas islámicas, pero para mí es más importante alcanzar la igualdad en temas como el divorcio. Ahora, la patria potestad del niño, a ciertas edades, es siempre para el varón.

-Se aprecia una diferencia clara entre su primera serie, más tradicional y sutil por definirla de alguna manera, y el resto, más mordaz.

-Siempre digo que las diferentes series son como un espejo de mi pasado y de todo lo que he vivido. La primera es mi tesis, en la que enfrenté la tradición con la actualidad. La siguiente, por ejemplo, coincide con el momento en el que me casé e hice cosas que nunca había hecho, como las tareas domésticas.

-¿Por qué le interesa tanto el mensaje? ¿La fotografía moviliza?

-Creo que el artista puede conseguir que la gente se pregunte cosas. Luego ya depende de ella investigar e ir más allá. Solo que te preguntes algo ya es suficiente. No quiero hablar solo de las cosas bonitas o inmortalizar la naturaleza. Elijo contar historias.

-También habla de terrorismo.

-No, hablo sobre guerra, que es totalmente diferente. Yo viví la de Irán e Irak. Al principio estaba lejos de la capital, pero se fue acercando. Recuerdo que un día, en los últimos años, cayó una bomba en Teherán y yo estaba en el colegio. Cuando le pregunté a mi madre por qué me había enviado a la escuela, me explicó que la vida tiene que continuar y esta es la razón de estas fotos. La gente debe continuar viviendo. Nunca pienso en el terrorismo. Está muy lejos de nuestro país. Los iraníes no lo practicamos.

 

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