37.908 apasionados de Sorolla

Los 'sorollas' flotan en caballetes de cristal sobre soportes de hormigón en el Niemeyer. / PATRICIA BREGÓN
Los 'sorollas' flotan en caballetes de cristal sobre soportes de hormigón en el Niemeyer. / PATRICIA BREGÓN

La muestra del Centro Niemeyer se convierte «en una de las más potentes del año» | La exposición rinde homenaje a Pedro Masaveu Peterson, que reunió la colección privada más importante de España del pintor

A. VILLACORTA GIJÓN.

Desde que se supo que colgaría en la cúpula del Niemeyer, 'Pedro Masaveu: pasión por Sorolla' estaba destinada a convertirse en un acontecimiento nacional en el mundo artístico y los mejores augurios se han cumplido, porque 37.908 personas han pasado ya por la exposición que puede disfrutarse en la enorme plaza de 55 metros de diámetro del centro avilesino hasta el próximo 6 de enero.

La muestra rinde homenaje, en el 25 aniversario de su fallecimiento, al empresario y filántropo Pedro Masaveu Peterson, a través de su amor por el arte y de su especial predilección por el maestro valenciano, una de las personalidades más ricas, prolíficas y fascinantes que ha dado la historia de la pintura española moderna, el mismo que plasmó como nadie la luz del Mediterráneo.

Pedro Masaveu dejó a su fallecimiento, en 1993, una importante colección, ya iniciada por su padre, Pedro Masaveu Masaveu. Pero fue el hijo quien logró, «con sensibilidad y entusiasmo», convertir sus fondos de Sorolla en el conjunto «indispensable» que es hoy «para el estudio y conocimiento de su trayectoria», como advierten en la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, encargada en la actualidad de la custodia y gestión del que está considerado como uno de los fondos de arte privado más importantes de España. Y es que, entre otros muchos logros, Pedro Masaveu Peterson es el principal coleccionista español de 'sorollas' y el segundo del mundo, solo por detrás de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of America.

En total, adquirió 59 obras realizadas entre 1882 y 1917, de las cuales 46 continúan en la Colección Masaveu y 13 pertenecen a la Colección Pedro Masaveu, hoy en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Así que cada uno de los lienzos que se muestran en 'Pedro Masaveu: pasión por Sorolla' hablan del coleccionista que las reunió y de la pasión que sentía por el pintor valenciano. Una declaración de amor en toda regla de Pedro Masaveu por el arte de un genio que también plasmó la luz de este norte y que nos legó varios cartones de paisajes, tipos y puertos asturianos prestados ahora por el Museo Sorolla para que puedan verse en la exposición paralela 'Notas de Asturias'.

Eso es, precisamente, lo que destaca el director del Bellas Artes, Alfonso Palacio, que reconoce que «estamos ante una de las muestras más potentes del año» y que «impresiona ver tal cantidad de cuadros de Sorolla y de tanta calidad reunidos por primera vez después de muchos años. Me sorprendió que se pueda ver tal número de obras pertenecientes a una misma familia. Es digna de destacar esa labor llevada a cabo por los Masaveu durante tantos años en lo que a coleccionismo se refiere».

Palacio explica, además, que uno de los puntos fuertes de la muestra es que «ofrece un buen panorama de lo que hizo uno de los pintores españoles más importantes adscritos a la corriente de la pintura naturalista, iluminista: obras magníficas». Porque los Masaveu adquirieron desde retratos con tintes velazqueños como 'La familia de don Rafael Errázuriz Urmeneta' (1905), pasando por sus escenas costumbristas y sus famosos niños en la playa hasta llegar hasta su última etapa con 'Danzarinas griegas' (1917), realizada en el jardín de su casa de Madrid, donde hoy se ubica el museo que lleva su nombre.

«El conjunto, al igual que la colección en su totalidad, es increíble», concuerda el crítico de arte Luis Feás, que lamenta, en cambio, «la oportunidad perdida para Asturias del albergar la sede de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, a punto de abrirse en Madrid».

«La exposición es fantástica y la colección, excepcional», abunda su colega Ángel Antonio Rodríguez, que ofrece otra de las claves del éxito: «Joaquín Sorolla gusta tanto a los especialistas como al público, algo que no es habitual». Y eso, a pesar de que «el espacio del Niemeyer es muy difícil y ofrece pocas soluciones expositivas, aunque, sin duda, esta es la mejor posible». Un sueño en el que los 'sorollas' no cuelgan de las paredes, sino que flotan en caballetes de cristal.

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