Los Fernández Ochoa, una familia en la historia del esquí y de la Sierra de Guadarrama

Imagen de la estatua de Paquito Fernández Ochoa. / Óscar Chamorro

«La nieve era oro que nos caía del cielo», recuerdan los vecinos de Cercedilla, un pueblo ligado al deporte blanco y al montañismo

J. Luis Alvarez
J. LUIS ALVAREZCercedilla (Madrid)

Francisco Fernández Ochoa, Paquito, con su oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1972, en Sapporo (Japón), dio a conocer a escala nacional a una familia que hizo del esquí su forma de vivir y de la Sierra de Guadarrama su hogar. Sin embargo, cada vez que subía al podio a recoger una medalla siempre mencionaba Cercedilla, su pueblo adoptivo, una localidad que hoy guarda el recuerdo de una familia «que hizo mucho por nosotros».

Todo comenzó cuando el padre de la familia, Francisco Fernández, conserje en la Federación Española de Esquí, se casó con Dolores Ochoa, cocinera de la institución. El deporte blanco marcaría la vida de este matrimonio, que a mediados de los años 60, no dudó en cambiar su residencia del madrileño barrio de Carabanchel a la estación de invierno del puerto de Nacacerrada. Allí regentaron una panadería. Mientras que Francisco Fernández se ocupó de la Escuela Esquí, Dolores Ochoa trabajó en el restaurante propiedad de sus padres.

Del matrimonio Fernández Ochoa nacieron el campeón olímpico Paquito, fallecido a consecuencia de un cáncer en 2006, Ricardo, Juan, Blanca, Luis y Dolores. Desde pequeños los Fernández Ocha vivieron en un lugar privilegiado para el deporte del esquí. Y es allí, lugar en los 60 como referencia para el esquí alpino español, donde los hermanos se calzaron por primera vez las tablas.

Cercedilla (6.900 habitantes), ubicada al noroeste de la Comunidad de Madrid, con el puerto del Alto del León a un lado y al otro el puerto de Navacerrada, era desde principios del siglo XX punto de encuentro de aficionados a los deportes de montaña. De hecho, en el puerto de Navacerrada ya se practicaba el esquí en 1915, una afición muy rara en aquella época y, sobre todo, en un lugar tan al sur de Europa. También la localidad fue punto de encuentro de la mismísima Generación del 27. Sus integrantes dejaron su impronta en el conocido Mirador de los Poetas.

Imágenes de la estatua y el museo de Paquito Fernández Ochoa. / O. Chamorro

María, vecina del pueblo, recordaba este martes a las faldas del Parque Nacional de Guadarrama: «Mi padre decía que la nieve era oro que nos caía del cielo». «Hoy me da pena subir al puerto y ver aquello desolado, con edificios cerrados que van a ser derribados», apunta. «Ya no nieva como antes, cuando para salir de casa teníamos que utilizar una pala».

Ella, a sus 64 años, conoce de cerca la vicisitudes de este pueblo que de ganarse el sustento con la ganadería y la huerta ha pasado a ser un municipio 'dormitorio' de muchas personas que trabajan en Madrid. También han florecido negocios de turismo y restauración debido a la importancia de su bosque y las distintas rutas de senderismo que parten de sus Dehesas.

El oro para España

Corría 1963 y los Fernández Ochoa afincados en Cercedilla comenzaron a ver cómo sus hijos progresaban en el esquí. Los pequeños estudiaron en el pueblo y «conocían sus montes como la palma de su mano», afirma Ana. El primero en descollar con las tablas fue Paquito. Su destreza le llevó a conseguir pronto trofeos. El culmen fue el oro olímpico de Sapporo en la prueba de eslalon especial. El logro fue aireado a bombo y platillo por la prensa de aquellos años de finales del franquismo. La primera y única medalla de oro conseguida por España en unos Juegos Olímpicos de Invierno hasta este momento. Luego siguieron triunfos destacados como en el eslalon especial de la Copa del Mundo de 1974 en Zakopane (Polonia) y el bronce en los Mundiales de Sant Moritz (Suiza). Llegó a ser monitor del rey Juan Carlos. «Paco hizo mucho por Cercedilla. Ha querido al pueblo como nadie», remacha María.

Para entones, la familia Fernández Ochoa estaba ya vinculada entorno al deporte blanco. La siguiente en destacar fue Blanca, que consiguió la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Albertville de 1992. Pero Paquito y Blanca no fueron los únicos de la familia vinculados al esquí. Juan y Ricardo ya habían estado con Francisco en los Juegos Olímpicos de Innsbruck (Austria). Por su parte, Dolores también defendió los colores nacionales en los Juegos de 1988 en Calgary (Canadá).

Imagen de Cercedilla.
Imagen de Cercedilla. / O. Chamorro

Una familia «muy importante»

Con los años, la impronta de los Fernández Ochoa quedó ligada a Cercedilla. Bienvenido Lozoya, un jubilado que se afana en una partida de ajedrez en el Centro de Mayores del pueblo, recuerda que «la familia ha sido muy importante y muy querida en el pueblo, al que han ayudado bastante». «El nombre de Cercedilla siempre lo mencionaban cuando ganaban en alguna competición», añade emocionado ante la desaparición de Blanca.

El pueblo se volcó en el homenaje a Paquito el 27 de octubre de 2006, semanas antes de su muerte. Se inauguró una estatua suya en el centro de la localidad, en un acto en el que estuvieron presentes las infantas Elena y Cristina y los representantes institucionales del deporte español y de la Comunidad de Madrid. Frente al Ayuntamiento, a los pies de la estatua de bronce de Paquito Fernández Ochoa, ataviado con el equipo que llevaba en Sapporo, hay una placa en la que se lee: «Homenaje a la gente de Cercedilla, a sus 29 campeones de España y a su campeón olímpico», tras lo que siguen los nombres de sus protagonistas. A pocos metros de allí se encuentra el Museo del Esquí Francisco Fernández Ochoa. Hoy cerrado y ante el que pasan senderistas, alguno de los cuales pregunta dónde se toma el Camino de Santiago que cruza las Dehesas en dirección a Segovia.

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