50 años de Uninsa, el embrión del acero

Construcción. Un cartel anuncia los futuros hornos altos. /
Construcción. Un cartel anuncia los futuros hornos altos.

Duro Felguera, SIA Moreda y Fábrica de Mieres, artífices de la sociedad siderúrgica

SUSANA BAQUEDANO GIJÓN.

También era sábado, también día 30 y también mes de julio. Los astros se han aliado hoy para conmemorar el 50 aniversario de la constitución de Uninsa. El 30 de julio de 1966, el despacho del notario Javier Migoya Valdes, en el edificio La torre de Bankunión, en Álvarez Garaya (Gijón), acogía la firma de los acuerdos entre las tres empresas siderúrgicas asturianas privadas del momento. Sus protagonistas tenían nombres, apellidos y título nobiliario: Luis de Urquijo y Landecho, marqués de Belarque, por Duro Felguera; José Tartiere de Las Alas Pumariño, conde de Santa Bárbara de Lugones, por de SIA Moreda-Gijón, y Manuel Loring Guilhou, conde de Mieres, por Fábrica de Mieres, rubricaban la puesta en marcha de la sociedad Unión de Siderúrgicas Asturianas, S. A., conocida como 'la gran Uninsa', el embrión del que hoy es el mayor grupo mundial del acero, ArcelorMittal.

El acuerdo incluía la reestructuración de las plantas siderúrgicas que las tres compañías fundadoras (Duro Felguera, Fábrica de Mieres y Sociedad Industrial Asturiana Santa Bárbara) tenían en Langreo, Mieres y Gijón y la integración en ella de sus patrimonios siderúrgicos.

Cinco años antes, las mismas empresas habían creado ya la que se conocía como 'la pequeña Uninsa', con la finalidad de montar en la parroquia gijonesa de Veriña un tren de laminación de perfiles comerciales, en el que se trataría el acero obtenido en cada una de las factorías de cabecera. Era un tren BK (Blaw-Knox) y su explotación se llevó de modo mancomunado por parte de las tres compañías, de ahí que se le conociese popularmente como 'el tren de las tres'.

La 'gran Uninsa' nacida en 1966 pasó a ser titular de las tres factorías y de un proyecto de siderurgia integral, que contaba con una extensión de 350 hectáreas (tres millones y medio de metros cuadrados) y tenía acceso de entrada y salida de los productos siderúrgicos por el puerto de El Musel, a sólo dos kilómetros de la factoría y el enlace con la línea ferroviaria de Renfe.

El proyecto aseguraría unos 9.000 puestos de trabajo y contemplaba un programa de formación profesional, salarios mínimos superiores a los establecidos en convenios, un sistema de promoción en la rama industrial y en la administrativa, un sistema de incentivos a la productividad y un plan asistencial complementario del de Seguridad Social.

Las obras se ejecutaron entre 1966 y 1971, año en el que se inauguró el primer horno alto de los dos con que fue dotada la planta, y al año siguiente, 1972, se completó el resto de equipamientos: baterías de coque, acería LD, dos plantas de sinterización y trenes de perfiles y chapa gruesa. La nueva planta había tenido un coste superior a los 50.000 millones de pesetas; producía dos millones de toneladas de acero y alcanzó su pleno rendimiento durante el III Plan de Desarrollo (1972-1975), interrumpido, entre otras razones, por el aumento del precio del petróleo y la lentitud del desarrollo de las actuaciones previstas, así como la creación de la IV planta siderúrgica en Sagunto a través de la empresa Altos Hornos del Mediterráneo. En el 71, Uninsa contaba con una plantilla de 1.341 trabajadores, que se convirtieron en 6.008 dos años después, al incorporarse los trabajadores de las plantas siderúrgicas de Mieres y Langreo.

Pero el esfuerzo inversor requerido por los gastos de construcción de la planta de Veriña fue muy importante y dio lugar a un fuerte endeudamiento de Uninsa. En 1970, se decidió ampliar su capital hasta 10.000 millones de pesetas con la principal ayuda del INI, que aportó un 68% del mismo y pasó a controlar la empresa como paso previo a su integración en la siderurgia pública. Desde entonces se llevaron a cabo planes de explotación conjunta y coordinada entre Ensidesa y Uninsa con el fin de reducir costes.

La recesión económica internacional de 1973 y el exceso de capacidad productiva llevaron a la siderurgia española al inicio de una larga crisis. El 22 de diciembre de ese año el Estado, a través del Instituto Nacional de Industria (INI), se hace cargo de Uninsa al ser absorbida por Ensidesa, pasando a tener cerca de un 90% del capital social. Pero la etapa de Ensidesa merece otro capítulo de la historia de lo que hoy es ArcelorMittal.

 

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