El PP perderá su poder territorial si Ciudadanos se niega a exportar el modelo andaluz

Teodoro García Egea (PP) y Javier Ortega Smith (Vox), en una reunión a finales de diciembre de 2018 para negociar un pacto de gobierno en Andalucía./R.C.
Teodoro García Egea (PP) y Javier Ortega Smith (Vox), en una reunión a finales de diciembre de 2018 para negociar un pacto de gobierno en Andalucía. / R.C.

Los liberales se muestran renuentes a aceptar la compañía de Vox, pero estudiarán caso por caso

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

El PP se arriesga a un cataclismo en las elecciones de este domingo. Ciudadanos no muestra ningún entusiasmo por reeditar en otras comunidades ni en varias de las grandes ciudades el modelo aplicado en Andalucía por ambos partidos más Vox. La decisión se tomará con los datos en la mano, pero la idea en el cuartel general naranja es estudiar caso por caso.

Está claro, de acuerdo a todas las encuestas, que los populares van a sufrir un revolcón en las elecciones europeas con la posibilidad de verse rebasados por los liberales. Aunque eso no es lo que quita el sueño en los despachos de la calle Génova de Madrid. La angustia la provocan las autonómicas y municipales por la tendencia a la baja que palpan en sus mítines y la confirman los estudios internos. Pero lo que ha disparado los nervios es la resistencia que aprecian en Ciudadanos para trasladar al resto de territorios y consistorios el modelo andaluz, que incluye en la alianza al partido de Santiago Abascal. Sin un acuerdo tripartito, el PP puede perder todo el poder autonómico que se juega este domingo.

La dirección del PP sabe que así están las cosas, y aunque en público apelan a «la remontada», Pablo Casado no es optimista y este domingo, en un mitin en la localidad coruñesa de Ribeira, reconoció que «pintan bastos» para su partido. Una confesión con Alberto Núñez Feijóo por testigo y al que cada día se dirigen más miradas en el PP a pesar de su espantada tras la dimisión de Mariano Rajoy. Casado dice no temer por su continuidad al frente del partido aún en caso de una derrota electoral este domingo. «Tengo un mandato para cuatro años», afirma rotundo cuando alguien le sugiere que igual debe optar por una solución drástica si el PP encaja dos reveses electorales en un mes y se hunde hasta los niveles de la Alianza Popular de Manuel Fraga.

Ese debate, aunque sobrevuela, no es la preocupación inmediata de los dirigentes populares. Si el domingo no retienen el control sobre Madrid o Castilla y León, los dos paradigmas del poderío autonómico del PP en las últimas décadas, la derrota no admitirá paños calientes, afirman mandos territoriales. Lo peor, añaden, es que es posible. Tanto por su previsible retroceso en ambas comunidades como por la escasa voluntad de Ciudadanos a sostener a los populares si el precio a pagar es una nueva foto con Vox.

Relaciones tirantes

En el partido naranja afirman que el entendimiento a tres se justificaba por la excepcional razón de acabar con 37 años de Gobierno socialista en Andalucía. Pero, avisan, no es un argumento extrapolable. Ahora bien, en Ciudadanos debaten si el razonamiento que sirvió para Andalucía se puede aplicar en Castilla y León, donde se da una situación casi idéntica porque el PP gobierna sin interrupción desde 1987. Los sondeos apuntan a una leve ventaja de populares, liberales y Vox frente a socialistas y Unidas Podemos, pero si el partido de Albert Rivera se inclina por el PSOE, como reclaman algunos dirigentes castellanoleoneses, la Junta volvería a manos socialistas tres décadas después. Además, las relaciones entre populares y liberales son tirantes tras el fichaje de la expresidenta de las Cortes autonómicas, la popular Silvia Clemente, por el partido naranja.

La situación es distinta en la Comunidad de Madrid, donde el pacto entre PP y Ciudadanos ha funcionado en la última legislatura y parece sencilla una renovación si el bloque conservador vence en la cerrada pugna que mantiene con el PSOE y Más Madrid de Íñigo Errejón. De darse la victoria, la incógnita que quedaría por despejar es quién gobierna porque populares y liberales están casi igualados. En las generales del 28 de abril, Ciudadanos superó al PP y no sería extraño que el resultado se repita. Si es así, el partido naranja tendría que decidir si acepta el apoyo de Vox, imprescindible una vez más para gobernar.

Madrid no es la única autonomía en que los liberales superaron a los populares en las generales, también ocurrió en Baleares y Aragón, pero en ambos territorios los socialistas y Unidas Podemos parten como favoritos.

Es comprensible, por tanto, que el nerviosismo se haya instalado en las filas populares porque si Ciudadanos resuelve no exportar el pacto a la andaluza el mapa autonómico de este domingo puede ser una gran mancha roja con dos excepciones azules en Andalucía y Galicia, más la incógnita de Navarra. Hasta Murcia y La Rioja cambiarían de gobierno si no hay acuerdo a tres de la derecha. Hace cuatro años fue suficiente contar con el apoyo externo de Ciudadanos para que el PP retuviese el Gobierno en ambas comunidades, pero para sumar ahora la mayoría hay que contar con la extrema derecha.