«En el centro ecuestre de Sariego no hay nada al azar, todo está justificado»

Durán, durante los trabajos de construcción del centro. / E. C.
Durán, durante los trabajos de construcción del centro. / E. C.

Es autora del proyecto de la Yeguada Finca Maeza, un conjunto arquitectónico elogiado como ejemplo de integración en el paisaje Verónica Durán Sela Arquitecta

LYDIA IS SARIEGO.

Con dos décadas de trayectoria a sus espaldas, la arquitecta gijonesa Verónica Durán Sela ha sido la encargada de realizar el proyecto y dirigir la obra de la Yeguada Finca Maeza, el centro ecuestre dedicado a la cría y entrenamiento de caballos que acaba de abrir sus puertas en Sariego. El diseño, además, fue finalista en los Premios Asturias de Arquitectura y se ha publicado en revistas especializadas nacionales e internacionales.

-¿Qué ha supuesto para su carrera este encargo? ¿Estaba familiarizada con la hípica?

-Me lo tomé como un reto y una oportunidad y ha sido apasionante. Suponía una actuación a gran escala, 129.000 metros cuadrados de terreno y 7.200 de superficie construida y desconocía el sector. En cierto modo eso es una ventaja porque llegas nuevo, dispuesto a escuchar y absorber toda la información. Y me sorprendió mucho porque descubrí un mundo muy técnico, riguroso y especializado que no esperaba. Tuve la suerte de que los promotores, en especial Cruz Maestre, me transmitieran cada uno de los detalles.

-¿Cuál es la clave del proyecto?

-Sin duda que no hay nada dejado al azar, todo está pensado y justificado. A la vez estaba haciendo el proyecto de interiorismo del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y puedo decir que a nivel de exigencia y de rigor estaba a la par. La finca es un centro de referencia internacional; ya no son solo las instalaciones, se ha tenido en cuenta a los caballos y a todo el personal y el mantenimiento que requiere cada función.

-¿Qué ha sido lo más difícil?

-Implantar las instalaciones requería una gran extensión de superficies planas en un valle sinuoso y al mismo tiempo preservar los valores naturales del entorno. El reto estaba en que todos los espacios tenían que adaptarse a todas las funciones de la vida del caballo desde antes de su nacimiento y a partir del detalle hubo que darle una visión global, estudiando todos los niveles de las construcciones y su relación entre ellas, comprobando que la silueta de todo el complejo se integrase. Por ejemplo, la pista descubierta tiene unas medidas similares a un campo de fútbol y hay tres que tienen que estar interrelacionadas.

-Es, además un equipamiento sostenible.

-Eso fue un condicionante de partida. Las instalaciones debían ser modernas y funcionales con equipamientos punteros para el cuidado de los caballos, apostando por la calidad y la innovación como valor diferencial. El agua de lluvia se almacena y se utiliza para el riego y la energía es la geotermia. Todas las estancias, su geometría y acabados requieren unas condiciones específicas. Por ejemplo, las superficies de paseo, las áreas de estancia y las de salto tienen que tener unas condiciones para asegurar el impacto correcto de la pisada y a su vez deben ser diferentes para que el caballo se acostumbre a distintos tipos de suelos. Uno de los componentes que lleva la arena es el relleno de los plumíferos y edredones.

-El proyecto estuvo gestándose varios años, ¿alguna anécdota?

-La obra fue bastante ágil, pero la tramitación urbanística fue muy lenta. Los promotores podían haberlo hecho en cualquier parte y eligieron Sariego, es una pena que este tipo de proyectos no tengan a veces el empuje y el apoyo que deberían. Por suerte la precisión en el proyecto redujo los tiempos de ejecución. Y como anécdotas, tuvimos que cambiar la altura de los aleros por la envergadura de uno de los caballos y pedir un permiso para poder subir el cierre perimetral por encima del máximo que permite la normativa.

 

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