Investigan si las aves robadas en Isabel la Católica son para rituales de brujería

Un grupo de cisnes en el parque de Isabel la Católica. / DANIEL MORA
Un grupo de cisnes en el parque de Isabel la Católica. / DANIEL MORA

En los últimos años han sido sustraídos del parque más de 200 ejemplares entre cisnes, pavos reales, gallinas y pájaros exóticos

O. SUÁREZ GIJÓN.

En abril de 2008 la Policía Nacional sorprendió in fraganti a tres hombres matando a un pavo real en el parque de Isabel la Católica. Lo metieron en una bolsa y se disponían a ocultarlo en el maletero de un coche cuando fueron interceptados por los agentes. Su intención, según ellos mismos explicaron, era utilizar sus preciadas plumas y la sangre del animal para rituales de magia negra. La rapidez con la que actuaron hizo pensar que no era la primera vez que actuaban en el mismo lugar y con el mismo propósito.

Una década después, aquel episodio, lejos de ser aislado, se ha convertido en habitual. Los responsables del parque estiman en unas 200 las aves sustraídas en los últimos años. Sin embargo, las sustracciones no han ido acompañadas de detenciones de los responsables. Los robos se siguen sucediendo y prácticamente no hay mes que no desaparezcan del recinto público algún cisne o pavo real. Sin ir más lejos, la semana pasada el cuidador del parque se encontró una mañana con una de las jaulas violentada: se habían llevado una pareja de cisnes y su cría. Pero no solo faltan cisnes, también gallinas.

La vía de investigación que cobra más fuerza es que los responsables de los robos destinan las aves a brujería y a ritos de esoterismo. De hecho, en los últimos tiempos han sido varias las ocasiones que han aparecido restos de estos rituales en las playas de Estaño, Serín y Peñarrubia, con aves decapitadas.

El Ayuntamiento estudia la instalación de cámaras de vigilancia en el entorno del estanque en el que pernoctan los cisnes y en las zonas de los pavos reales. Se pretende así poner fin a esta esquilmación de la fauna de uno de los pulmones verdes de la ciudad. A los ladrones se suma el daño producido por la nutria, que acabaron con unas trescientas aves en sus incursiones.