La Policía Nacional intensifica la vigilancia de los focos de venta de droga al menudeo

Uno de los inspectores del Grupo de Estupefacientes, durante una intervención con un detenido. / E. C.
Uno de los inspectores del Grupo de Estupefacientes, durante una intervención con un detenido. / E. C.

El Grupo de Estupefacientes de Gijón ha detenido a 55 personas por tráfico de sustancias en los últimos dos años

OLAYA SUÁREZ

«Para llegar a los grandes narcotraficantes de la droga hay que empezar por abajo, por el último eslabón de la cadena, el de la venta de droga al menudeo». El Grupo de Estupefacientes de la Comisaría de la Policía Nacional de Gijón sabe que lo que más preocupa a la ciudadanía son los focos de distribución a pequeña escala de sustancias estupefacientes. Es a los camellos a los que ve el vecindario día a día, no a los capos de la droga que posibilitan el entramado a nivel mundial.

«Tener un punto de venta en un edificio provoca un malestar enorme entre los vecinos y es principalmente eso sobre lo que trabajamos, intentando quitar a la gente el problema que tiene justo al lado de su casa, siempre tratando de llegar lo más lejos posible dentro de nuestras posibilidades de actuación», explican los inspectores Mario y José Luis.

En los dos últimos años el equipo de ocho policías que se encarga de la lucha contra el tráfico de drogas en la ciudad ha detenido a 55 personas por delitos contra la salud pública, ha practicado 30 registros en viviendas y locales y ha decomisado 521 kilos de marihuana, a lo que se suman dos kilos de cocaína y 1,5 kilos de heroína.

No solo han eliminado focos de menudeo de heroína y cocaína, también han desmantelado importantes mafias que introducían droga en la ciudad, como la operación llevada a cabo en marzo de 2018 que se saldó con diez detenidos del clan gallego de 'Os Piturros', uno de los más activos de la ría de Arousa. El Grupo de Estupefacientes de Gijón llegó hasta los condominios de los 'señores de la droga' en Pontevedra y consiguió cortar una de las principales redes de entrega y distribución de cocaína en la ciudad.

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«La mayor parte de la cocaína que se consume en Gijón llega desde Galicia por carretera, oculta en coches de particulares», apuntan. El nuevo auge de los históricos narcos gallegos, muchos de ellos en libertad tras cumplir las condenas de prisión impuestas en la década a los 90, ha motivado un aumento de la vigilancia de las fuerzas de seguridad en la costa gallega y por tanto, que busquen nuevos emplazamientos para las descargas de los cargamentos procedentes de América Latina. Asturias se ha convertido en una alternativa, si bien en Gijón este efecto aún no se ha notado. «Eso no quiere decir qué mañana no pueda entrar un barco con un cargamento, porque es impredecible, si lo pudiésemos saber con antelación sería todo muchísimo más fácil», especifican.

Porque sus investigaciones se sabe cuándo empiezan pero no cuándo acaban. «Uno de los requisitos que tienen que cumplir los agentes de este grupo es tener una disponibilidad total de horario, sobre todo cuando avanza una investigación y tenemos que hacer horas y horas de seguimientos y de trabajos, da igual que sea un sábado a las 4 de la madrugada o un lunes a las 5 de la tarde, los traficantes no tienen unos horarios fijos y por lo tanto, nosotros tampoco», apunta el inspector Mario, que dirige el grupo desde hace dos años.

La droga, una prueba volátil

Una de las mayores complicaciones a las que se enfrentan es que trabajan con una prueba volátil: la droga.

«No vale con saber que se trafica, hay que detener a los miembros de la organización con la droga y eso es difícil porque hay que intervenir en el momento justo, ni antes, ni después...», señalan. «A la hora de pasar a disposición judicial a un detenido hay que aportar pruebas y esas pruebas por tráfico de droga es precisamente la sustancia, hay que demostrarlo, no vale con saberlo», dicen.

Por ese motivo, desde que inician unos trabajos hasta que concluyen una operación pueden pasar meses. «Muchas veces la gente que nos pone sobre la pista de un foco de venta de cocaína, hachís o heroína piensa que porque pase tiempo no se ha hecho nada, pero no es así, aunque no nos vean, estamos; de eso se trata, de que no se nos vea...», indican.

La colaboración ciudadana es indispensable y desde el desarrollo de las redes sociales y el buzón de avisos de la página oficial de la Policía Nacional se ha disparado. «La mayoría de alertas nos llegan por los ciudadanos que ven movimientos sospechosos en un piso de su edificio, en un bar de su calle... todas y cada una de esas alertas se comprueban, unas acaban en grandes operaciones, otras con un solo detenido y en otras se comprueba que no existe delito, pero sabemos que los ciudadanos son los ojos en la calle», explican desde el Grupo de Estupefacientes, que se integra en la Brigada de la Policía Judicial. Son ocho efectivos los que se encargan de las investigaciones, si bien a la hora de intervenir se apoyan en otras unidades de la Comisaría.

Poner coto a una operación es difícil. Delimitar el campo de actuación es complejo. «Siempre se podría seguir tirando y tirando del hilo hasta llegar a dimensiones que a nosotros, por mucho trabajo que hagamos y horas que dediquemos, se nos escapan. El negocio del tráfico de drogas es global, pero nuestro cometido es que en Gijón se trafique y, por tanto se consuma, lo menos posible», resume el grupo.