Un fallo y la falta de pericia de los pilotos causaron el accidente de Lion Air

Cabina de entrenamiento de Lion Air. /Reuters
Cabina de entrenamiento de Lion Air. / Reuters

Otro Boeing 737 de la aerolínea indonesia choca contra un poste y se ve obligado a abortar el despegue con daños en el extremo de un ala

ZIGOR ALDAMAShanghái

«El Lion Air se estrelló por un error humano a consecuencia de un fallo técnico, probablemente relacionado con el diseño del avión». Así resume Rubén Emilio Bombín, un piloto bilbaíno empleado por una aerolínea china, el boletín de seguridad que Boeing emitió este jueves tras haber analizado la caja negra que recogió los datos del vuelo JT610, que se estrelló en Indonesia el pasado día 29 con 189 personas a bordo apenas trece minutos después de despegar.

Según reconoce el fabricante estadounidense, el Boeing 737 MAX8, que había entrado en servicio solo dos meses y medio antes del accidente, sufrió un problema técnico con las sondas de ángulo de ataque. Esto provocó que la aeronave recibiese datos erróneos y que el piloto automático actuase en consecuencia. «Como resultado del fallo de estas sondas, el compensador del estabilizador de cola se movió en una dirección haciendo que el avión cabecease poniendo el morro hacia abajo», explica Bombín a este periódico.

La tripulación podría haber evitado la tragedia, como hicieron las otras dos que sufrieron el mismo fallo en vuelos anteriores, pero los pilotos no supieron lidiar con la emergencia. «En este caso era muy complicado, porque se activan alarmas contradictorias en la cabina y los instrumentos ofrecen indicaciones erróneas de velocidad, altitud, o presurización», reconoce Bombín. No obstante, el piloto señala que quienes estaban a los mandos deberían haber llevado a cabo un procedimiento establecido para acabar con el problema revirtiendo a modo manual el estabilizador.

Consciente de que tiene parte de culpa, Boeing alertó este jueves del problema y envió un boletín de seguridad para explicar cómo hay que actuar en caso de que alguno de sus doscientos 737 MAX sufra un incidente similar. Y el responsable de la investigación en el Comité de Seguridad en el Transporte de Indonesia, Nurcahyo Utomo, también reconoció que es importante revisar la formación de los pilotos. «Tenemos que entender por qué unos son capaces de resolver el problema y otros no», afirmó en rueda de prensa.

«Tremenda confusión»

Bombín también hace hincapié en este punto: «Lo que ha sucedido es un fallo de la máquina, que crea tremenda confusión en la tripulación y es muy difícil de identificar si antes no se ha vivido en un simulador. Por desgracia, no podemos entrenar todas las posibles emergencias que se pueden sufrir a bordo, ya que las horas de simulador son tremendamente caras y las compañías optimizan este tipo de recursos».

Además, el bilbaíno achaca la falta de pericia a la excesiva automatización de las nuevas generaciones de aviones. «Siguiendo los pasos de Airbus, Boeing ha ido llenando de electrónica cada nuevo diseño. Las nuevas generaciones de pilotos se forman en el reactor comercial directamente y no saben volar cuando las sacas de los manuales de vuelo. Los pilotos que hemos trabajado con instrumentos analógicos hace ya algún tiempo somos más intuitivos», valora. Por si fuese poco, Bombín critica duramente al equipo de mantenimiento que, conociendo el fallo, dio el visto bueno para operar el vuelo. «Ese avión no debió despegar nunca», sentencia.

Las conclusiones de Boeing llegaron justo cuando otro aparato de Lion Air chocó contra un poste antes de despegar. Diferentes fotografías revelaron que el extremo del ala quedó seriamente dañado y que el 737-900ER tuvo que abortar el despegue. Afortunadamente, nadie sufrió heridas y los pasajeros fueron evacuados y reubicados en un vuelo posterior. La aerolínea afirmó que la culpa es del controlador que dio las indicaciones para carretear por la pista y aseguró haber recibido una carta en la que el operador del aeropuerto pide disculpas por el error. En cualquier caso, todos estos accidentes minan la poca confianza que les queda a los pasajeros indonesios.

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