El PSOE confía en que la concentración de Colón sirva para activar a la izquierda

Pedro Sanchez, Pablo Casares y Pablo Zuloaga. /Juan Manuel Serrano Arce (EP)
Pedro Sanchez, Pablo Casares y Pablo Zuloaga. / Juan Manuel Serrano Arce (EP)

La dirección del partido se felicita ante lo que considera un «fracaso» de convocatoria pero los barones avisan de que el peligro no está conjurado

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

«El termómetro interno hoy es mucho mejor que ayer», resumía en la tarde del domingo un miembro de la ejecutiva del PSOE. En el partido del Gobierno se vivió con cierto alivio el hecho de que la concentración convocada por el PP, Ciudadanos y Vox contra Pedro Sánchez -después de una semana en la que incluso muchos en sus propias filas le habían dado la espalda- no alcanzara cifras de asistencia extraordinarias. «Han hecho el canelo», festejó horas más tarde otro representante de la cúpula socialista. «Se demuestra que las ideas unen, la crispación no», apuntaron fuentes oficiales como colofón.

Entre los socialistas no hay dudas de que el hecho de que el mismo viernes el Gobierno optara por escenificar la ruptura con el independentismo y enterrar la polémica sobre el «relator» ha ayudado a frenar una espiral muy peligrosa para sus intereses y para los de todos aquellos que se presentan el 26 de mayo a las elecciones bajo sus mismas siglas. Y algunas voces creen incluso que la marcha, en su dimensión moderada, ha podido servir de revulsivo para activar a una izquierda que, en los comicios andaluces, los primeros celebrados desde que Sánchez llegó a la Moncloa, se mostró muy retraída.

«Los insultos y el trato recibido movilizan», esgrimen en Ferraz. «Creo que sí nos puede venir bien para que la gente no se quede en casa», coincide un diputado que el pasado jueves se mostraba muy crítico con el modo en el que el Ejecutivo estaba llevando la negociación con la Generalitat en un intento desesperado de que PDeCAT y Esquerra no tumben este miércoles, como todo apunta harán, los Presupuestos Generales del Estado. El optimismo, sin embargo, es relativo y, sobre todo, va por barrios. Porque los barones admiten que no las tienen todas consigo.

«La salida de Vox no subleva a nadie -advierte un presidente autonómico que, en tres meses, se juega el puesto y ya hace tiempo empezó a distanciarse de la política de Sánchez hacia Cataluña -. Los nuestros se movilizarían si lo que estuviera en el eje del debate fuera una cuestión de izquierda o derecha, pero mientras los independentistas estén en medio, el asunto es otro». La clave, a su juicio, está en que Sánchez enfatice dos ideas: que el diálogo es bueno y que los límites, dicen, están claros.

Línea roja

Esa es exactamente la estrategia en la que anda sumido el jefe del Ejecutivo desde que, por boca de la vicepresidenta, Carmen Calvo, el viernes dio por roto el diálogo con el secesionismo y se mostró dispuesto a perder el Gobierno con tal de salvaguardar la soberanía nacional «La autodeterminación no cabe en la Constitución y no la vamos a aceptar nunca», dijo en un acto en Baracaldo el sábado. Hoy, en Cantabria, cuando la gente aún llenaba en Madrid la plaza de Colón a pesar de que hacía media hora que se habían leído los manifiestos de los convocantes, volvió a reivindicarse. «Nos llaman traidores, se lo han dicho a todos y cada uno de los presidentes del PSOE durante estos 40 años de democracia, pero nunca hemos cambiado de posición: siempre con el diálogo y la Constitución, siempre con el diálogo y la legalidad», dijo.

El jefe del Ejecutivo reprochó a los tres partidos que se sitúan a su derecha que hagan una oposición «desdelal», pero fue especialmente crítico con la formación de Pablo Casado. «Como presidente del Gobierno yo respeto la manifestación pero también digo que la están haciendo en contra de una persona que cuando fue líder de la oposición y hubo dos referéndums ilegales, una declaración unilateral de independencia y un 155 (que se tuvo que aplicar para restituir la legalidad) permanecí siempre al lado del Gobierno del PP», recordó.

En su discurso responsabilizó además a los populares de alimentar el independentismo. «Lo que estoy haciendo, siempre respetando la Constitución, es resolver una crisis de Estado que contribuyó el PP a agravar», adujo. «El Gobierno trabaja por la unidad de España y trabajar por la unidad de España significa unir a los españoles y no enfrentarlos como están haciendo las derechas».

A los secesionistas, mientras, les invitó a mirar al Reino Unido y al resultado del referéndum del 'brexit' y les advirtió de que «la democracia no es un cara o cruz».

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