Francis Ford Coppola y su cine renovador, Premio Princesa de las Artes

Miembros del jurado del Premio Princesa de Asturias visitaron el Bellas Artes. /
Miembros del jurado del Premio Princesa de Asturias visitaron el Bellas Artes.

El jurado destaca que sus obras han creado imágenes icónicas de la cultura universal contemporánea

M. F. ANTUÑA OVIEDO.

Riesgo. El cine de Coppola se resume en esa palabra, que oculta tras sus seis letras otros rasgos definitivos, definitorios y en ocasiones contradictorios: experimentación, renovación, independencia, éxito y fracaso. Cine sin miedo a nada ni a nadie y contra viento y marea es lo que le ha valido a Francis Ford Coppola (Detroit, 1939) el Premio Princesa de Asturias de las Artes.

Su premio fue el primero que ha llevado el título de la infanta Leonor, y se falló el mismo día que se cumplían cien años del nacimiento de Orson Welles. Y el detalle no pasaba inadvertido entre los amantes del cine, felices de encontrar un sinfín de paralelismos entre ambos genios del celuide más allá de la coincidencia temporal en este mayo de 2015 y su común amor por el vino.

El caso es que el bueno de Coppola une su nombre al de otros cineastas ilustres que han recibido el hasta esta edición Príncipe de Asturias. El último, Michael Haneke; con anterioridad, Luis García Berlanga, Pedro Almodóvar, Woody Allen, Fernando Fernán Gómez...

Con Coppola el jurado ha querido colocar su cine de autor con sello estadounidense en «un lugar prominente en la historia del cine» en su condición de «renovador temático y formal» y «narrador excepcional». Todo lo dicho le convierte en «imprescindible para entender la transformación y las contradicciones de la industria y el arte cinematográficos». Va más allá el jurado, que incluso considera que las reflexiones sobre poder y guerra que Coppola ha firmado en pantalla grande se han convertido en icónicas en la cultura universal contemporánea. No le falta razón. Los helicópteros machacando Vietnam al son de Wagner son solo un ejemplo de imágenes grabadas a fuego -napalm y sangre- en las cabezas de medio mundo.

Quizá tanto elogio le ha haya servido al italoamericano para ratificar lo que ya dijo años ha: «Lo que te lleva al despido de joven te vale un premio a toda tu carrera cuando eres mayor». Una declaración de principios pronunciada por quien se ha reinventado mil veces y se ha arruinado más de una por hacer realidad sus sueños de cine, ora aplaudidos, ora incomprendidos.

A ese es Coppola, al tipo convencido de que un arte tan joven como el cine no puede parar de inventar cosas nuevas, de arriesgar sin medida aunque eso signifique también fracasar sin medida, por mucho que la industria se empeñe en lo contrario, le llega con 76 años una gloria que en realidad nunca le faltó, porque en su filmografía se inscriben títulos que son leyenda. Hasta huelga citarlos.

Pero empecemos por el princpio. Por el Detroit en el que nació en 1939, por el Nueva York en el que se formó y por Los Ángeles, donde acabaría por acudir a recoger un total de siete Oscar. Su filmografía se inauguró de la mano de 'Patton' en 1970 pero fue dos años después cuando todas las miradas se pusieron sobre 'El Padrino'. Coppola adaptó la novela de Mario Puzo, puso a Marlon Brando a ejercer de Vito Corleone y en 52 días y con Al Pacino, Robert Duvall y Deane Keaton bordó la que el pasado año se eligió como «la mejor película de la historia» por la industria de Hollywood. Tres Oscar avalaron la apuesta, que en 1974 y 1990 tuvo dos secuelas.

Los setenta fueron para Coppola tiempos de gloria y sufrimiento. Cuando acababa la década y Estados Unidos se lamía las las heridas de Vietnam, acudió a otra novela, 'El corazón de las tinieblas' de Joseph Conrad, para trazar 'Apocalypse Now'. Tan épico como la propia historia fue un rodaje que se prolongó tres años, que casi le cuesta el pellejo a Martin Sheen y que sacó a relucir lo peor de un Marlon Brando eternamente borracho que dio vida al coronel Kurtz. El titánico esfuerzo -y económico, 30 millones de dólares- acabó por merecer la pena. Una Palma de Oro en Cannes, dos Oscar, tres Globos de Oro y dos Bafta son poco si se considera el impacto real del filme, que se coloca en el puesto 28 de la lista de las 100 mejores películas de la historia del American Film Institute.

Rozó la bancarrota Coppola con su viaje al infierno de Vietnam recreado en Filipinas, pero no fue la última vez. No se amilanó y siguió apostando fuerte. Lo hizo después a un caballo perdedor: 'Corazonada'. El presupuesto se multiplicó hasta los 27 millones de dólares pero en esta ocasión ni crítica ni público le dieron el beneplácito. Fue un desastre sin paliativos que le obligó a hacer caja con títulos taquilleros de encargo con los que dar carpetazo a los números rojos. 'The Cotton Club' o 'Peggy Sue se casó' o 'Drácula de Bram Stoker' son fruto de aquellos tiempos, que tampoco desmerecieron su obra y que no le hicieron olvidar su trabajo personal. Sin grandes presupuestos, pero sí con grandes actores como Tom Cruise, Matt Dillon o Diane Lane, dio a luz otras obras de culto como 'Rebeldes' o 'La ley de la calle'. 'La conversación', 'Llueve sobre mi corazón' o 'Tucker: un hombre y su sueño' son otros de los títulos que llegarían después.

Su currículo incluye una treinta de filmes como director, 27 como guionista y 74 como productor -en 1969 creó la productora American Zoetrope, de las que salieron, entre otras, las primeras obras de George Lucas y en la actualidad su tarea fundamental se centra en la producción- pero en absoluto se detiene en este punto. Coppola sigue creando, sigue arriesgando y sigue haciendo vinos en su viñedo de California. Pese a quien pese, y guste a quien guste. La última, 'Tetro', una cinta con reparto español que en 2009 no contentó a nadie. Aún le quedan sueños por cumplir. Uno de ellos, 'Megalópolis', un cuento de ciencia ficción de proporciones épicas ambientado en Nueva York que lleva años aparcado en un cajón por falta de efectivo. Quizá su Princesa de las Artes le dé alas para resucitarlo y seguir fiel a su máxima de siempre: «Si no arriesgas, cómo vas a hacer algo realmente hermoso que nunca se ha haya hecho antes. El lenguaje del cine es fruto de la experimentación, de gente que no sabe qué está haciendo». Palabra de Coppola.