«Queremos que las máquinas hablen un buen español, que sigan las normas de la Academia»

Santiago Muñoz Machado, ayer, en el Reconquista. / ÁLEX PIÑA
Santiago Muñoz Machado, ayer, en el Reconquista. / ÁLEX PIÑA

Santiago Muñoz Machado, director de la RAE: «El inglés es el idioma de la ciencia y la inteligencia artificial; hemos perdido las primeras batallas tecnológicas y tenemos que aplicarnos»

M. F. ANTUÑA OVIEDO.

Lleva muy poquito al frente de la Real Academia Española (RAE), pero no podía faltar a la cita con el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Tiene plaza fija quien dirige la institución española en este fallo que hoy se hará público, de modo que a Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, 1949) no le quedaba otra que estrenarse como novato en las salas de reuniones del Hotel de la Reconquita. Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid desde 1994, este jurista amante de las letras ocupa el sillón 'r' minúscula y fue elegido el 20 de diciembre para dirigir la RAE en sustitución de Darío Villanueva. El 10 de enero se puso manos a la obra.

-Ya va camino de los seis meses al frente de la RAE, así que toca hacer balance. ¿Qué ha visto y qué quiere ver?

-Llevo exactamente cuatro meses y siete días y me he encontrado lo que ya conocía, desde hace seis o siete años pertenezco como académico a una instutución formidable, la más grande desde el punto de vista cultural de nuestro país, en la que se hace un trabajo extraordinario y un esfuerzo enorme para mantener el prestigio. Es un sitio emocionante para estar, como académico y como director.

-La RAE está a pie de calle y últimamente metida en múltiples polémicas. ¿El lenguaje se ha convertido en un debate interesante?

-Es un debate interesante. No sé si ahora se ha puesto más de moda hablar sobre palabras y sobre el lengua, quizá por todo esto del lenguaje inclusivo, y porque también hay programas de radio y se está más atento al uso del idioma. Yo no diría que la RAE sí es una institución que vive a pie de calle, pero sí próxima a las preocupaciones culturales de la ciudadanía, lo cual nos complace mucho porque creo que debe servir al pueblo, puesto que usa la manera de hablar del pueblo para canonizarla, normalizarla, convertirla en reglas generales que todo el mundo asuma. De manera que tenemos que estar muy próximos a los ciudadanos, recibir sus indicaciones y las transformaciones que se producen en la calle, que no las impone la Academia.

-El gran debate, usted lo decía, es el del lenguaje inclusivo. ¿Hacía dónde vamos? ¿Qué va a pasar?

-No es predecible. Depende de la evolución de la sociedad y de los gustos de los hispanohablantes. En otros países con el español como lengua propia están avanzando en usar formas que sean más inclusivas, que no masculinicen el lenguaje y que tiendan a equiparar los dos sexos. ¿Cuál será el final? Depende de cómo evolucione. Hay fórmulas que hoy nos parecen inaceptables, incluso hay fórmulas feas, y eso hay que cuidarlo porque el nuestro es un lenguaje muy bello; también las hay antieconómicas, como las de desdoblar y desdoblar continuamente. Esas creo que no se impondrán, porque la forma de decir es esencial para que nos podamos comunicar con eficacia. Pero todo depende de que el pueblo lo asuma. En materia de profesiones, por ejemplo, hay algunas que no tenían femenino y van apareciendo fórmulas que se aceptan. Es crítica la aceptación de 'todas, todos', pero nadie duda al empezar un discurso hacerlo con 'señoras y señores'. ¿Pero podemos decir si se incluirá? Si el pueblo lo hace, la Academia lo recogerá.

-El lema de la RAE es «limpia, fija y da esplendor». ¿En qué nivel de esplendor está el castellano?

-En una época muy reluciente, brilla mucho, está en expansión, somos 577 millones en el mundo los que hablamos el español, está en crecimiento, somos la segunda lengua del mundo por nativos después del chino mandarín y seguimos en crecimiento. Ahora estamos preocupados por las novedades tecnológicas y nos gustaría que las máquinas hablen un buen español, el de la Academia, y que podamos convencer a las grandes multinacionales para que se adapten a las normas.

-¿El castellano ha perdido la batalla tecnológica?

-No la ha perdido, pero la lengua de la inteligencia artificial y la ciencia es el inglés. Los primeros escarceos, las primeras batallas las hemos perdido, sí, pero hay que aplicarse con esto.

-Hace poco Salvador Gutiérrez decía en Oviedo que no puede asesinar a sus colegas ni cambiarse de sexo para que haya más mujeres en la RAE.

-Lo suscribo, me parece una respuesta muy buena.

-¿Qué hacemos? ¿Cuál es el camno a seguir?

-El que está siguiendo la Academia: siempre que es pertinente y haya una candidata adecuada para una plaza, se propone al pleno que sea elegida. Estamos convencidos de que ocho mujeres en un colectivo de 46 plazas es poco y hay que mejorarlo, pero tenemos una rémora histórica, hubo momentos en los que ni siquiera estaban bien vistas. Lo estamos haciéndolo poco a poco pero con convicción y con el deseo de que llegue un día en que esa paridad se produzca.

-¿Qué otros retos se marca la RAE?

-Todos sus proyectos son de extraordinaria relevancia. Destacaría el congreso de las academias de la lengua que vamos a celebrar en Sevilla el próximo mes de noviembre, que esperamos sea un gran acontecimiento. Se citan las instituciones rectoras del idioma en todo el mundo, se reúnen nuestros colegas, nuestros compañeros de viaje, que participan en los grandes textos de la RAE, para establecer nuestros programas para los próximos cuatro años y discutir sobre los grandes retos de la lengua.

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