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«El miedo a la tecnología es sano siempre y cuando exista diálogo de por medio»

«El miedo a la tecnología es sano siempre y cuando exista diálogo de por medio»
Marco Pedrazzo, en el Palacio de Congresos del Luis Adaro. / A. FLÓREZ

«Lo más preocupante no es que vengan grandes cambios, sino que sea imposible sentarse a discutir cómo solucionar sus aspectos negativos»

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

Si existe alguna forma de prever la configuración de las ciudades del futuro, esa pasa, sin ninguna duda, por sumergirse entre las herramientas diseñadas desde Carlo Ratti Associati. El jefe de investigación de la compañía, Marco Pedrazzo (Turín, 1984), aterrizó este lunes en Gijón para dar buena cuenta de ello a través de su ponencia en el foro Incyde School: Cumbre Equilibria.

-¿Es la tecnología la solución a todos nuestros problemas?

-Está claro que ayuda. La tecnología ha estado siempre presente en cada evolución del ser humano. Puede ser una solución, pero no la solución definitiva. Sin embargo, su significado también incluye cambios culturales y externalidades que no siempre son positivas. La tecnología puede ser buena o mala, pero nunca es neutral. Debemos tener espacios para estudiarla y tratar de minimizar sus efectos negativos.

-¿Estamos cerca de que sean los propios objetos los que nos trasmitan información?

-Ya lo están haciendo. Cuando navegamos por una ciudad se está produciendo ese fenómeno, gracias en parte a que tenemos cierto conocimiento sobre códigos como Google Maps. Quizás al punto al que quiere llegar ahora la tecnología urbana no es tanto a sentir las ciudades sino a conseguir que nos respondan, que sean capaces de cambiar su comportamiento según diferentes situaciones o ambientes. Lo hemos logrado ya en el plano arquitectónico.

-La movilidad condiciona el diseño de las ciudades, ¿hacia dónde?

-Ese es un aspecto muy interesante. Para mí, la evolución es conjunta. Con la entrada de la tecnología en el transporte cambiarán muchas cosas. En un futuro muy próximo las ciudades estarán llenas de vehículos autónomos. Eso nos lleva a que posiblemente el coche que me lleve al trabajo, en lugar de quedarse aparcado se vaya a buscarle a usted y así sucesivamente. La importancia de los aparcamientos, donde hoy en día los coches pasan un 95% del tiempo, pierde su sentido. Ahí ya hay un gran cambio. ¿Qué vamos a hacer con esos espacios? Debemos reflexionar sobre cómo devolver a la gente esos espacios que fueron colonizados por los coches. Posibilidades como recuperar espacios con naturaleza o lugares de uso público.

-Esta tecnología también conlleva la desaparición de sectores laborales (caso Uber). ¿Qué pasa con esos puestos de trabajo?

-Me encantaría tener la solución. En su día la llegada de la maquinaria trajo consigo prescindir de mucha mano de obra, migraciones, cosas muy negativas... Ahora estamos cerca de una revolución parecida. Por eso debemos asegurarnos de que todo el mundo está preparado para el cambio y que este no repercutirá en un descenso de la calidad de vida de la gente. Para las nuevas generaciones la respuesta pasa por la educación. Para las personas cuyo trabajo va a desaparecer, la solución será que el incremento de la producción repercuta en un estado del bienestar más potente y capaz de asumir sus necesidades. Sé que esto no es una respuesta del todo completa, pero es la que tenemos y sobre la que debemos trabajar.

-Por tanto, entiende las quejas.

-Claro. Lo que me resulta más preocupante son las barreras que puedes encontrar cuando intentas tener esta conversación de una forma analítica. Hay una ideología que intenta evitar que nos sentemos sobre una mesa con datos objetivos y tratando de encontrar verdaderas soluciones fuera de la pura política.

-¿Sigue percibiendo miedo a la tecnología?

-Sí. De hecho creo que es natural y saludable. La innovación es, por definición, lo desconocido, y tanto el escepticismo como el miedo tienen un componente saludable en este debate. Somos la evolución de unos primates que se atrevieron a experimentar con cosas nuevas, pero atendiendo al riesgo de que aquello podía matarlos. El miedo debe estar ahí y se puede complementar con continuar experimentando. Para que la colaboración sea saludable es necesario que siempre haya diálogo. Esa es la clave.

 

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