4.600 asturianos con testamento vital

  • La Asociación Derecho a Morir Dignamente atendió en 2013 una veintena de casos en la región de personas que querían aliviar el sufrimiento en el tramo final de sus vidas

4.600 asturianos ya han declarado por escrito cómo quieren morir en caso de que el tramo final de sus vidas llegue con sufrimiento excesivo o de la mano de una enfermedad incurable o terminal. Desde que en junio de 2008 la Consejería de Sanidad creara el Registro de Instrucciones Previas, conocido como últimas voluntades, han sido 4.580 las personas que han suscrito un documento donde detallan qué tratamientos o técnicas no quieren que se les aplique para que se les prolongue artificialmente sus vidas. En la declaración, que se incorpora a la historia clínica del paciente, también se puede plantear el deseo de «recibir analgesia para aliviar el dolor físico o psíquico» y la posibilidad de que el hospital «facilite a seres queridos y familiares el acompañamiento en el trance final».

De estos asuntos, y también de la eutanasia (una práctica penalizada en España) se habló ayer en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) durante la III Jornada Derecho y Salud. Según explicó Sergio Gallego, responsable del Registro de Instrucciones Previas en Asturias, la mayor parte de quienes han tramitado un escrito de últimas voluntades «son gente joven, aunque también hay casos de personas que por el tipo de enfermedad que padecen saben que podrían enfrentarse a una situación de este tipo al final de sus vidas».

Abierto a enfermería

Asturias es tras Cataluña, País Vasco y Navarra, la comunidad que más testamentos vitales tramita. La media está en 500 al año. Hasta ahora, el registro sólo era accesible a los médicos, pero en octubre pasado la Consejería de Sanidad decidió autorizar el acceso también al personal de enfermería, muy presente en los programas de cuidados paliativos.

El documento de últimas voluntades ha sido incluido en las historias clínicas digitales, tanto de los hospitales (a través del Selene) como de los centros de salud. De momento, solo queda pendiente su introducción en el sistema informático del HUCA, el 'millennium', para que se extienda a toda Asturias. Pero las últimas voluntades no siempre se aplican. Según apuntó Fernando Soler, vocal de la Junta Directiva de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, «en muchas ocasiones las indicaciones que el paciente dejó por escrito no se consultan o no saben siquiera que existen». Para evitar situaciones como ésta, en el País Vasco, por ejemplo, el testamento vital ha sido incorporado al chip de la tarjeta sanitaria, mientras que en Andalucía, la consulta del registro por parte de los médicos es obligatoria. Soler, médico gastroenterólogo, es un férreo defensor de la eutanasia, una práctica que sólo está permitida en Holanda, Bélgica, Luxemburgo y el estado canadiense de Quebec. En Asturias, dicha asociación atendió en 2013 una veintena de casos de personas que buscaban aliviar el sufrimiento en sus últimos días de vida. «Hay situaciones insostenibles y paliar esa agonía es un derecho», indicó este facultativo, para quien la frase «'mientras hay vida hay esperanza' es falsa y ha hecho mucho daño a la sociedad».