El Comercio

María José, ayer, minutos antes de recuperar a su hijo.
María José, ayer, minutos antes de recuperar a su hijo. / EFE

«Me llamo Juan, voy a Asturias con mi madre y tengo un coche de policía»

  • María José Abeng pasa la primera noche con su hijo tras cuatro años de pleitos. Hoy quiere denunciar a los padres que lo acogieron por vulnerar su honor

«Hola, me llamo Juan F., y me voy a Asturias con mi madre, que me ha traído un coche de policía para jugar». Estas son las aclaraciones que ayer escuchó al teléfono Nieves Ibáñez, la abogada que ha defendido a la asturiana María José Abeng en lo que define como un «calvario» judicial que dura cuatro años. Son todos los que de vida tiene un menor al que, en tierras valencianas, dieron por llamar Joan, a pesar de lo que ponía su DNI.

Clienta y letrada planean interponer hoy una denuncia por vulneración al honor contra los padres que acogieron a Juan. «Todo lo que han dicho son falsedades, ellos han estado en busca y captura y ahora montan todo este circo mediático; y todavía dicen que lo hacen por el bien del crío», lamentaba Ibáñez. Entre las ofensas oídas ayer, tras tantos años de lucha judicial, duele la insinuación lanzada en televisiones, radios y prensa de que María José tiene problemas con la bebida. «Además de injurioso, es mentira; ella es una persona que se cuida muchísimo, mide lo que come, pasa horas en el gimnasio y se molestas si fumas a su lado. He estado con ella varios días en Valencia, confiando en que la devolución del niño se hiciera como mandaban los jueces, con un periodo de acoplamiento que los padres de adopción rechazaron, y nunca la vi tomarse una cerveza», asegura.

Lo cierto es que ese tipo de problemas no figuran en la sentencia emitida por la Audiencia Provincial el pasado 10 de marzo, decisión que ordena la devolución del niño a su madre biológica tras someter al examen del equipo psicosocial adscrito a los juzgados de Gijón, compuesto por dos psicólogos y otros tantos trabajadores sociales. Tres de los peritos dicen que la mujer «no presenta ninguna deficiencia para el ejercicio de una maternidad responsable», según el auto. «Incluso se señala por la otra psicóloga que, no excluyéndose la existencia de ciertos conflictos psicológicos, se reitera que los mismos no son incapacitantes», añade.

Los magistrados emitieron su decisión tras escuchar los argumentos de los padres de adopción, la Fiscalía y el propio Principado, partidarios todos de dejar a J. F. en Valencia. Sin embargo la sentencia recuerda que la jurisprudencia aboga por buscar «siempre el interés del menor y se procurará, cuando no sea contrario a su interés, la reinserción en la propia familia».

Sentado ese principio, el equipo psicosocial analizó el perjuicio que podía causar en el pequeño separarse de sus padres de acogimiento. Si la devolución «se desarrollarse como tiene que desarrollarse, ello no implicaría ningún riesgo para Juan», replicó uno de los especialistas, antes de recordar casos similares en los que, dados los pocos años de los niños, la transición se hizo sin problemas.

Reproches

La sentencia no escatima reproches a la gestión que hizo el Principado tanto de la tutela que tuvo de María José como del hijo que dio a luz. Recuerda que la mujer nacida en Guinea Ecuatorial -asturiana desde los dos años- denunció a los once años que su madre no la estaba dejando vivir «como una española», y pasó desde entonces a estar tutelada por la consejería. Bajo custodia en un centro materno infantil, quedó embarazada a los 14 años. Temiendo que la consejería le retirara el futuro bebé, se escapó a su país de origen, pero luego, persuadida por su familia, regresó a dar a luz a Oviedo. Nada más nacer, la consejería le retiró al crío y lo llevó a otro centro, permitiéndole la visita una vez a la semana. Los técnicos de la consejería consideraron que María José se interesaba por el bebé y pedía consejo, pero no mostraba consistencia suficiente para hacerse cargo de él.

«En esta dinámica, se suceden las actuaciones de la recurrente en aras de mantener la relación con el hijo (defensor judicial, recursos y solicitudes...) y las de la Administración que se dirigen a proseguir con la ruptura de la relación madre/hijo en beneficio de la figura de la adopción», señala la Audiencia. Los jueces estiman que María José «desarrolló, dentro de sus posibilidades (menor de 15 años, institucionalizada y embarazada) lo que consideró que podía hacer para no perder a su hijo, siendo efectivamente sorprendente que a pesar de haber solicitado ayuda y asumido culpas por conductas disruptivas, no se le hubieran procurado los medios para alcanzar esas actitudes y aptitudes que insistentemente dice la Administración que le falta, para posteriormente tras su éxito o fracaso, haber tomado una decisión».

«Su familia tiene medios»

El mandato de la Audiencia es el de volver al punto de partida, a la madre biológica a la que se le negó el derecho a serlo plenamente, eso sí, supervisada por un psicólogo que mensualmente informará a los jueces de la evolución de la relación. «No habrá problema, su familia tiene medios y ella está muy ilusionada con poder vivir la vida que se le negó», asevera su abogada.

Ibáñez atribuye los problemas que su clienta pasó en la infancia al fuerte carácter de una madre que salió de Guinea a buscarse la vida con tres chiquillos, y a la tutela posterior del Principado. «Ahora su situación está totalmente normalizada; María José estudia marketing, tiene pareja, una hermana que es modelo internacional, y unos padres con medios que viven a caballo entre Suiza, Alemania y Asturias», afirma.